Bicicletas para cumplir con los Acuerdos de París

Una de las herramientas más importantes en la acción contra el cambio climático es la movilidad sostenible. Reducir las emisiones en el transporte es fundamental, puesto que esta actividad es responsable del 38 por ciento de las emisiones gases se efecto invernadero de los sectores difusos, según datos del Ministerio de Medio ambiente en España. Y, según el Banco Mundial, en el total de la quema de combustibles, las emisiones de CO2, originadas por el trasporte en España representan el 35,3 por ciento.

Por ello, uno de los grandes esfuerzos que se pueden hacer en las ciudades, donde se concentra un alto porcentaje de la población mundial, para alcanzar los objetivos de los Acuerdos de París, es poner los medios para conseguir que los ciudadanos se muevan más en transporte colectivo y privado no contaminante, y menos en transporte privado movido por combustibles fósiles. Y ¿qué medio de transporte individual es el menos contaminante por excelencia? Exacto: la bicicleta. Aquí queríamos llegar.

Esa es la razón por la que en las ciudades están proliferando los sistemas de alquiler de bicicletas, los carriles bici y, por supuesto, los ciclistas. Ciudadanos que, ya sea con su propia bici como con una pública, han incorporado esta alternativa a sus desplazamientos. Promover y facilitar su uso por más gente para más desplazamientos es el objetivo, en España, en Europa y en todo el mundo.

Ahora bien, aunque sea más fácil, también las bicicletas necesitan su atención y su mantenimiento. Y cuando hay un pinchazo no todo el mundo sabe arreglarlo por sí mismo. Ya hace unos meses hablamos en esta misma sección de unas ruedas con neumáticos antipinchazos que habían desarrollado unos jóvenes estadounidenses; pues bien, también las grandes marcas se han puesto con ello. Parece claro que, ante la previsible proliferación a nivel mundial del uso de las bicicletas conviene tomar posiciones e ir preparando el terreno. Y el mercado. Por eso Bridgestone, está trabajando en el desarrollo de unas ruedas para bicicletas que no habrá que hinchar y que no sufrirán pinchazos.

Lo llaman concepto AirFree y el Grupo Bridgestone, en colaboración con Bridgestone Cycle Co. Ltd. investigan la viabilidad de este producto de cara a lanzarlo al mercado en 2019.

La novedad es que, en realidad, no es un neumático, sino «una rueda con sus radios metálicos, como todas, pero que en vez de conectar con una llanta, conectan con una estructura que incorpora otros radios de resinas que van unidos a la banda de rodadura de la rueda. Y son estos radios de resinas los que dan elasticidad a la rueda y confort la conducción», explica Juan Carlos Fernández, jefe del Servicio Técnico de Ventas de Bridgestone España, y añade «la banda de rodadura es compacta, no lleva cámara de aire; por eso ni hay que hincharla, ni estar pendiente de la presión ni puede tener pinchazos y las necesidades de mantenimiento son mínimas».

El componente principal de estas ruedas son «unas resinas termoplásticas, reutilizables y reciclables, de manera que requerirán menos recursos para construirlas y tendrán menos impacto ambiental en esa fase de su ciclo de vida, en definitiva».

Con estas ruedas se trabaja en «reducir la resistencia a la rodadura, es decir que el ciclista tenga que hacer menos esfuerzo para que giren. Eso es algo que con las convencionales se consigue a base de controlar la presión para que la flexión del neumático sea la adecuada y cueste menos esfuerzo que gire la rueda».

De todas formas, en Bridgestone no parten de cero al desarrollar ahora este producto, porque ya «en 2013 se introdujo una tecnología similar aplicada en ruedas de coches pequeños, como los que se utilizan para campos de golf».

En cualquier caso y con un tipo de ruedas u otro, la bicicleta va a convivir durante mucho tiempo, seguramente siempre, con otros vehículos a motor, más pesados y más grandes y la parte más vulnerable, en cuanto a la seguridad vial se refiere, va a ser la bicicleta. Y el ciclista, por supuesto. No hace falta recordar ahora cuántos de ellos han fallecido en las carreteras españolas en las últimas semanas por atropellos. También menudean otros accidentes, no mortales, pero que igualmente pueden llegar a tener consecuencias muy graves para los conductores sobre dos ruedas. Por eso, tanto los ciclistas como los conductores de vehículos a motor deben extremar las precauciones. En la forma de conducir, pero también incorporando medidas de seguridad complementarias.

Al mercado llega regularmente equipos y aplicaciones para aportar un extra de seguridad para los ciclistas. A los cascos convencionales se unen los plegables y los que incorporan una visera con la que no hay que llevar gafas de sol y, además, evita el viento en la cara. Incluso hay una suerte de casco-bufanda airbag para ciclistas.

Una de las claves de la seguridad en bicicleta es ser visto. Todo lo que los ciclistas pongan de su parte para ser más y mejor vistos por los otros conductores va a aumentar su seguridad. En este apartado, además de las luces traseras y delanteras, están los chalecos y las bandas reflectantes para ponerse en los brazos o en los tobillos. Ahora también hay unos adhesivos para pegar en las llantas de las ruedas, que se iluminan en la oscuridad, y que hacen más visibles los lados de las bicis.

El mismo objetivo de hacer más visible la bicicleta tiene el dispositivo Bikesphere, presentado en sociedad en la iniciativa #TrendyDrivers de Michelin, para mejorar la seguridad vial.

Lo creó el equipo de Innovación, que dirige Charly Rodríguez Omalley, de la agencia Wysiwyg, y es «un dispositivo que marca dos líneas costales de luz alrededor de la bicicleta y delimita un área de seguridad, un espacio vital de metro y medio entorno a la bici. De día funciona como una luz de posición más. Pero dispone de unos sensores de presencia que, de noche, cuando un coche se acerca, activan más láseres parpadeantes que marcan más intensamente esa área de seguridad y hace más visible la bicicleta. Si ese coche se acerca demasiado y entra en ese espacio vital la luz se vuelve a intensificar, tres veces más, y se pone en modo intermitente, para advertir del peligro y permite la reacción», explica Rodríguez Omalley.

El Bikesphere que consta de dos cajetines que se instalan, uno, en la parte delantera de la bicicleta y, el otro, bajo el sillín, nació en la agencia Wysiwyg porque «un grupo de nosotros somos usuarios habituales de la bicicleta, que queríamos hacer algo para aportar seguridad. Y entre las ideas que surgieron esta es la que vimos más interesante y novedosa, se la ofrecimos a Michelin que, digamos, la apadrinó y la incorporó a su iniciativa #TrendiDrivers de seguridad vial».

Un aspecto muy interesante del Bikesphere, que aun está en fase de prototipo, es que no estará a la venta, «sino que muy pronto estará disponible en internet una guía con los componentes, un mapa de montaje e, incluso, una lista de los puntos de venta en línea de las piezas. La descarga de los documentos y el software serán libres y gratuitos, y el coste de las piezas lo calculamos en unos 500 euros, de manera que cualquiera podrá descargarse los planos y construírselo.  se lo puede construir».

Lo cierto es que el “invento” ha creado muchísima expectación y el vídeo lleva miles y miles de visualizaciones «desde puntos de todo el mundo: China, Indonesia, Canadá, Gran Bretaña, etc.».

 

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