El Increíble Viaje de Neuman Tikín: Un fantástico lugar llamado SUNGIS

“Mañana mismo, mis ayudantes Ana, Tere y Pili, las pájaras de vidrio reciclado a las que ustedes ya han tenido el gusto de conocer y tratar, les conducirán volando, en un periquete, hasta ese lugar idílico llamado Sungis. Les puedo prometer y prometo que allí podrán cumplir sus sueños, emprender una nueva y merecida vida, reciclar sus saberes e ilusiones, y conseguir instantes de gran felicidad”.

El Increíble viaje de Neuman Tikín SUNGIS

Ilustración de María Ramos

Eso había dicho María Isabel Punto Limpio. Y dicho y hecho. ¡Así era ella de apañada y eficaz!

A las ocho en punto, las pájaras de vidrio reciclado recogieron a los tres; les dijeron que se agarraran bien a sus alas, que emprendían camino hacia el mágico bosque de Sungis. Neuman Tikín, la Señorita Espantapájaras y Lady Lata no podían olvidar las últimas palabras pronunciadas por La Punto Limpio:

“No sean impacientes, que la naturaleza, la más sabia de todas, se toma su tiempo para todo. Ese lugar llamado Sungis les va a encantar. Estoy convencida”.

Ni tampoco podían olvidar aquellos bosques tristes que habían encontrado en su largo peregrinaje hacia una nueva vida, como aquel lugar arrasado por el fuego, donde sólo quedaban cenizas, esqueletos de pinos, un fuerte olor a madera calcinada y, sobre todo, un silencio estremecedor, sin ninguno de esos tranquilizadores sonidos del campo.

En este tramo final hacia el cumplimiento de sus sueños, cada uno volvió a repasar los primeros pasos de este increíble viaje. Y, mientras volaban, se les apelotonaron los recuerdos en sus cabecitas.

Neuman Tikín se acordó de aquellos niños mequetréficos que se encontró en el primer capítulo, y que le dijeron: “Pero, Neuman Tikín, ¿para qué quieres tú volver al bosque si eres muy raro? Allí no vas a hacer amigos. Vamos, que ya me estoy imaginando la cara de las conejas, las nutrias y las señoras jabalíes, que son muy suyas y en cuanto ven a alguien que no les suena del bosque se ponen de un mal humor que para qué te quiero contar… Yo, que tú, me quedaba aquí, tranquilito, relajado”.

La Señorita Espantapájaras revivió cómo le contó su vida pasada al apuesto neumático reumático: “¡Un horror, un horror de trabajo! Todo el día y toda la noche levantando los brazos y haciendo ruidos raros con el viento para que ningún pájaro se comiera las coles y los tomates de esa huerta. Y sin días ni horas de descanso, sin ningún tipo de regulación laboral. Los inviernos estaban un poco más tranquilos, porque no había nada en la huerta que comerse. Pero, vamos, el resto del año, que si cuida las lechugas, que si cuida los guisantes, que si cuida los pimientos… ¡Vaya cansancio de trabajo!”.

El Increíble viaje de Neuman Tikín SUNGIS

Ilustración de María Ramos

Y Lady Lata rememoró su encuentro con sus dos amigos de reciclaje: “Además, sé hacer un número de percusión buenísimo. Pongo a sonar todas mis latas, y se viene el auditorio abajo. Ja, ja, ja… Pero abajo, abajo. Vamos, que ni con Malú ni con Mónica Naranjo se viene tan abajo. Ya me pasó una vez en Turuntuntún de Abajo, un pueblo precioso de la costa. Les hice el numerito de percusión, y se quedaron encantados. Sobre todo los gatos. También es verdad que huelo que apesto a atún… Y si no, también sé hacer de contorsionista. Retuerzo el metal y hago virguerías… Vamos, vamos, vamos. De quedarse con la boca abierta un buen rato. Hay gente que dice que le da grima. Pues nada, nada, si en ese bosque donde vamos, el número del contorsionismo no les convence del todo, también tengo uno más moderno de eso que se llama performance. Tengo un numerito que causa sensación”.

Ay, cuántas aventuras juntos en estos siete capítulos de Increíble Viaje. Y ahora en el octavo, ya a punto de aterrizar por fin en su destino, en Sungis.

– “Marad, allá astá”, dijo Ana.

– “En en perequete llegueremes”, añadió Tere.

– “Ibrichinsi lis cintirinis, qui vimis i itirrizir”, terminó Pili.

– “Ha sido un viaje fantástico y muy rápido”, dijo Neuman Tikín, muy neumático pragmático él.

– “Ay, ay, ay, ya hemos llegado, y yo con estos pelajes”, añadió la Señorita Espantapájaras, cada vez más preocupada por sus coletas de hierbas y ramas.

– “No puedo aguantarme más, no puedo aguantarme más, ¡qué nervios! ¿Habrá ya gente esperando mi actuación?, ¿tendré ya club de fans en el bosque?Madre mía, ¿qué me pongo para esta noche, que será mi primer recital?”, terminó Lady Lata.

A continuación, ya en tierra, las tres pájaras de vidrio les entregaron un pequeño sobre con una nota con las instrucciones para saber qué hacer, cómo comportarse y adónde dirigirse en Sungis. Esto es lo que leyeron:

“Queridos amigos, en cuanto toméis tierra en Sungis, acudid a la central de recepción, que distinguiréis por un enorme cartel con dos flechas verdes semicirculares formando un círculo, el símbolo universal del Reciclaje. Allí dad vuestros nombres. Ellos tienen la ficha de vuestra petición. En menos que canta un gallo os asignarán vuestra nueva vida. Estad tranquilos. Sé que estáis en buenas manos. Confiad en lo que os digan. Disfrutadlo y ¡a vivir!, que todos tenemos más de una vida. Firmado: María Isabel Punto Limpio. Un beso”.

Lo primero que contemplaron sus ojos no les pudo causar mejor sensación. Sungis realmente era un lugar mágico. Esto es lo que vieron:

“Por la ladera de una montaña se extendía un bosque mixto de hayas y robles, pinos y acebos, más algunos grupos de avellanos. Justo al comenzar el arbolado, como un ribete, un riachuelo aportaba la humedad suficiente para que creciera un bosque de ribera, con alisos, fresnos y sauces. A partir de un punto de altura, se acababan los árboles, y la montaña quedaba rematada por peñas y brezos, cubiertos constantemente por una esponjosa niebla. El rumor del viento entre los árboles producía un sonido parecido al del mar. Y a poca distancia quedaban dos pueblitos de apenas una veintena de casas blancas y de piedra, entremezcladas. Mas allá, una gigantesca pradera salpicada por vacas y ovejas paciendo tranquilamente. Y en el horizonte, en otra montaña más lejana, azul por la distancia, una fila de molinos de viento girando sin parar”.

Una imagen idílica, sin duda. Pero si te fijabas mejor, descubrías en Sungis muchos sorprendentes detalles, extraños para un bosque, y que daban mucho juego para comentar y cotillear. Y es lo que hicieron Neuman Tikín, la Señorita Espantapájras y Lady Lata en cuanto tomaron posiciones y abrieron bien los ojos. Sungis no era un bosque convencional, no, no, para nada; daba mucho de sí, mucho material para hablar. Realmente acababan de llegar a un lugar mágico.

(continuará)

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