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El plástico: el nuevo inquilino del mar

De un tiempo a esta parte, el plástico se ha convertido en un compañero de viaje imprescindible, a veces incómodo, desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir. Lo utilizamos para transportar los alimentos o para que duren más; para vestirnos en forma de forro polar o de camiseta; para calzarnos. A estos usos hay otros menos conocidos en el que el plástico también nos acompaña. Es el caso de los microplásticos presentes en las cremas, en la pasta dentífrica o en los exfoliantes.

Sean micro o macroplásticos, si no reciben el tratamiento correcto pueden terminar en el mar llegando a introducirse en la cadena trófica. Para evitarlo, se ha puesto en marcha el proyecto RepescaPlas que busca la valorización material de los plásticos procedentes del mar, es decir, las basuras marinas, que una vez en tierra se clasifican y caracterizan. Esta iniciativa está financiada a través de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Transición Ecológica.

La campaña se puso en marcha el pasado mes de marzo mediante la participación de los pecadores que permitieron la extracción de 837 kilos de basuras marinas. En la jornada participaron buques de arrastre y de artes menores de la Cofradía de Gandía y en los arrastreros de los puertos Marín y Vigo. A ello le siguió durante los meses de abril y mayo, la clasificación de todos los residuos siguiendo la metodología establecida en la plataforma MARNOBA. Toda esta información se volcará en la plataforma de seguimiento del Ministerio de Transición Ecológica.

“En estos primeros meses se han podido contabilizar y clasificar unos 4.070 objetos, 3.870 objetos retirados por buques de arrastre y 200 objetos obtenidos por medio del uso de las denominadas artes de pesca menores, como el trasmallo, recogiéndose por medio de este arte basuras marinas flotantes”, explican fuentes de la organización. Entre todos, más de tres cuartas partes (78 %) correspondió a residuos plásticos (botellas, cabos, cuerdas, bolsas, embalajes…), mientras que un 9 % fueron metálicos. El 7 % se clasificó como ‘otros’, es decir neumáticos, telas, botas, ropa, zapatos… El restante fuero objetos de madera, vidrio o papeles, entre otros.

Y también en Sicilia

La presencia de plásticos llega (casi) hasta el último rincón del planeta. Así se pone de manifiesto en la expedición que ha puesto en marcha Ocena, que ha explorado el fondo a un kilómetro de profundidad al norte de Sicilia, en las denominadas islas Eolias.

“Aunque el fondo marino alcanza gran profundidad muy cerca de las islas Eolias, gran parte de estas aguas están sin explorar y esconden una gran biodiversidad. Hemos encontrado decenas de hábitats y especies protegidas internacionalmente en el Mediterráneo, desde impresionantes lechos de coralígeno a tortugas bobas, y muchas especies de corales y moluscos”, explica Ricardo Aguilar, director de Investigación y Expediciones de Oceana Europa. “Sin embargo, también hemos visto el enorme impacto de la actividad humana, incluso en los lugares más lejanos y profundos. Es esencial que dejemos de dañar la vida marina si queremos preservar una parte del mar Tirreno tan singular”.

Se pudieron grabar imágenes hasta los 981 metros de profundidad y, aparte de observar una gran biodiversidad, también se vieron corales con sedales enchanchados, residuos domésticos como vajillas de un solo uso,  neumáticos pilas y vidrio. Oceana pretende que la zona de proteja por la presencia “de increíbles bosques de coral bambú y hábitats caracterizados por especies carnívoras, como ciertas ascidias y esponjas”, explican, así como especies animales que muestran el grandísimo valor ecológico de la zona.