Eurocopa, fútbol y césped artificial

Estadio de Francia

Vista del Estadio de Francia en Saint Denis (París)

Son las nueve de la noche en París. Sobre el terreno de juego la selección anfitriona, Francia, se va a medir a Rumania en el partido inaugural. Todo está preparado para que dé comienzo la Eurocopa 2016, uno de los acontecimientos deportivos más esperados del año. El colegiado húngaro, Viktor Kassai, pita el inicio del encuentro y el balón empieza a rodar sobre el tapete verde en perfecto estado de conservación del Estadio de Francia. Se trata de un césped híbrido, una novedosa mezcla de hierba natural con millones de fibras de plástico que ha dado mucho de qué hablar durante los días previos al encuentro. La misma que han instalado otras sedes de la Eurocopa 2016 (Parque de los Príncipes y Estadio de Lyon) y algunos de los equipos de fútbol más poderosos del planeta (Real Madrid, Bayern de Munich o Manchester United). La misma que ha obligado a la FIFA a permitir que, a partir de ahora, se jueguen partidos internacionales en césped híbrido.

Es otro paso adelante más en el proceso de transformación que viven los estadios de fútbol en la actualidad. Los expertos consideran que en un futuro no demasiado lejano el césped sintético no sólo predominará en el fútbol base (algo que ya es una realidad), sino también en todas las competiciones internacionales del deporte rey. De hecho, el último mundial femenino celebrado el año pasado en Canadá se jugó íntegramente en césped artificial, así como los mundiales de las categorías Sub-20 y Sub-17 tanto masculinas como femeninas, partidos clasificatorios de la Eurocopa 2016 o de la fase previa de la Copa del Mundo 2018. También la Unión de Federaciones de Fútbol Europeas (UEFA) se ha dejado seducir por el atractivo del verde artificial y algunos encuentros de la Liga de Campeones y de la Europa League se han disputado en campos sintéticos, entre ellos, la final de la Liga de Campeones del año 2008 que tuvo lugar en el Estadio Olímpico de Luzhniki de Moscú (Rusia).

Césped del Estadio de Francia en Saint Denis

Atrás quedaron las viejas polémicas sobre la conveniencia de usar césped artificial en el fútbol de élite o las reticencias de algunas estrellas del balompié para jugar en campos de hierba artificial, alegando un mayor riesgo de lesiones. La última generación de césped artificial, conocida como tercera generación (3G), ha superado todas las expectativas iniciales, gracias a la mejora de las fibras sintéticas y a la incorporación de rellenos de arena y caucho reciclado que consiguen una mayor absorción de los impactos.

El interés de la FIFA por estos avances llega a tal punto que el máximo organismo del fútbol mundial ha creado un sello de calidad, FIFA QUALITY PRO, para someter a los terrenos de juego de césped artificial a unas pruebas de estrés muy concretas, con el fin de que reproduzcan con fidelidad las prestaciones y los requisitos de seguridad exigidos en el fútbol profesional. El bote de la pelota, su forma de rodar, el impacto que sufren las piernas de los futbolistas durante la carrera, el riesgo de lesiones, las consecuencias de una caída, cómo se desliza un jugador sobre el césped cuando comete una falta… Cada detalle se analiza de forma pormenorizada antes de conceder el certificado de idoneidad de la FIFA a aquellos estadios que quieran albergar partidos internacionales.

FIFA Quality ProLa apuesta del césped artificial para el desarrollo del fútbol y otras muchas disciplinas deportivas es imparable: su resistencia a las inclemencias climatológicas y su capacidad para soportar un uso intensivo lo convierte en la mejor alternativa al césped natural.

Precisamente la posibilidad de jugar en césped artificial durante los siete días de la semana de forma continua es una de sus principales ventajas frente al césped natural, que sólo puede utilizarse como máximo entre 300 y 250 horas al año. Esto obliga a tener campos de fútbol de reserva durante los periodos de recuperación de la hierba y contar, a la postre, con unas instalaciones deportivas mucho más complejas.

Además del problema de espacio, el césped artificial requiere menos mantenimiento. El coste que tiene conservar este tipo de campos en perfecto estado de juego es casi la mitad de lo que cuesta en uno natural. Los ahorros en riego son muy significativos y cuando llueve torrencialmente resulta mucho más fácil evacuar el agua, evitando los encharcamientos tan característicos de los terrenos de juego tradicionales durante el otoño o el invierno.

Por si fuera poco, los campos de césped artificial son más ecológicos. Al menor consumo de agua y de espacio, hay que añadir la utilización de materiales reciclados en su fabricación, lo que permite dar una segunda vida a decenas de miles de neumáticos fuera de uso. Asimismo, hablamos de productos cien por cien reciclables: tanto las fibras del césped artificial como el material de relleno se pueden reutilizar en pistas de hípica, aplicaciones civiles o incluso, a través de un tratamiento especial, volver a formar parte de nuevos campos de fútbol de césped artificial en el futuro.

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