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Las historias de Jaime y Daniel (V)

Parque infantil con suelo de neumáticos reciclados

Hoy Elena ha salido antes del trabajo. Su día a día como profesora de chino le absorbe más de lo que ella desearía. “La verdad es que no paro de trabajar. Entre preparar clases, corregir exámenes y juegos para los alumnos me paso el día en la Escuela Oficial de Idiomas. Esto debe cambiar”, se dice para ella. A pesar de llegar a final de curso y con el pico de trabajo típico de estas fechas, decide ir a dar una vuelta con una compañera de trabajo que tiene un hijo de tres años. “Podemos ir a tomar un helado y al parque así nos ponemos al día. Esto de vernos cada medio año no puede ser”, le dijo María la semana pasada.

A las seis de la tarde Elena sale puntual de dar la clase y se ve con su amiga en el portal de su casa. “María, estás más guapa que nunca. Qué ganas tenía de verte. El tiempo pasa volando” – le dice Elena mientras se dirigen al parque. “No me hables Elena, que estoy agotada. Esto de combinar trabajo y niños te hace una superwoman”,  asegura mientras no puede contener una sonrisa.

Las dos se sientan en el banco del parque mientras que Pablo, el hijo de María, se va hacia los juegos.

–       María, ¿soléis bajar mucho al parque?

–       Lo cierto es que cada día. Es uno de mis momentos de relax con Pablo y de relación con el mundo exterior. Aunque no me creas, valoro mucho momentos así – le contesta sin quitar el ojo a su hijo

–       Lo entiendo perfectamente. Yo si tuviera hijos estaría todo el día preocupada. ¿Ves? Ahora mismo estaría pensando en que se puede caer – musita Elena, angustiada

–       ¡Qué va mujer!, este parque es muy seguro. Si te fijas el suelo es como de goma. No hay forma de que se hagan daño

Elena levanta la mirada y se da cuenta que la arena de los parques, tan habitual cuando era pequeña, ha pasado a la historia. “Debo salir más”, se repite otra vez para ella. Se levanta y toca con la mano el suelo donde Pablo juega alegremente

–       Y esto, ¿qué es?-le pregunta Elena a María

–       Yo tampoco lo sabía pero lo busqué por Internet. Pues resulta que es neumático usado triturado. Se ve que los neumáticos, cuando los vas a cambiar al taller, después le hacen un no sé qué y se pueden usar en el suelo de los parques 

–       Pues qué bien, me parece una idea fantástica. Así se aprovecha para dar salida a un residuo y convertirlo en algo tan útil como esto. Buen trabajo – contesta

Mientras tanto Elena se queda mirando a Pablo que corretea detrás de otros niños. Hasta que se cae al suelo. Elena hace el ademán de levantarse pero el niño lo hace antes que ella. Sin rasguños. Sin nada. “Ya lo decía María, sin miedo. Tengo que aprender de los niños”, se dice para ella mientras se termina el helado.

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