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La moda hecha con neumáticos se abre paso en la pasarela

¿Qué se puede hacer con una cámara de rueda de bicicleta una vez que se cambia y se pone una nueva? Antes que tirarla a la basura, bastantes cosas. Entre ellas bolsos, mochilas, monederos, riñoneras… y quién sabe qué más si cae en manos de Producciones Pikulinas.

Detrás de esta marca están Silvia Marquissio y Sebastián Román, que diseñan y fabrican artesanalmente una variedad de complementos que, en un concepto más tradicional, serían de piel. Pero por su cabeza nunca pasó  la posibilidad de que fueran de otro material diferente de las gomas de llantas de ruedas de bicicletas, o de neumáticos de coche o de camión.

Empezaron con sus creaciones de goma hace diez años, de forma muy natural, porque partían de una experiencia personal de interés y curiosidad por la recuperación y reutilización de materiales para crear cosas útiles y bonitas. De hecho, Marquissio ya hacía accesorios de bolsillo, como billeteros o tarjeteros, con papel recuperado. Pero quería ampliar el abanico de productos, incorporar novedades con más valor económico. «En Argentina, (de donde ambos son originarios) quizá uno nace con algunos conceptos innatos. Las cámaras de aire de las bicicleta se utilizan mucho para reparar cosas de la vida cotidiana. ¿Se te rompe un grifo? Pues se amarra con una cámara. De manera que no me tuve que romper mucho la cabeza para pensar un material con el que empezar a hacer cosas nuevas», rememora Marquissio que antes ya hacía accesorios de bolsillo de papel, recuperado».

Así pues, con este bagaje se plantaron en un punto de recogida de neumáticos, al «vamos dos o tres veces al año y cargamos la furgo. Nos metemos en contenedores llenos de goma y vamos eligiendo como el que saca papelitos. Se compra al peso y es muy económico, porque para ellos apenas tiene valor».

Ya en el taller, en Badalona, donde residen, los diseños los hacen los dos, «nos gusta, sobre todo, preservar la forma de la rueda. A mí, personalmente, me gustan mucho las formas asimétricas. De hecho, los bolsos con formas irregulares son los que más éxito tienen. Hay algunos diseños que permanecen desde la primera época, porque gustan. Y otros a lo mejor nacen más casualmente, por una equivocación al cortar, pero luego le ves  a ese trozo unas posibilidades distintas».

Con sus clientes tienen experiencias diferentes «hay gente que les gusta la idea, que quizá no usarían un bolso de goma, pero lo ven especial y elegante. Depende del detalle que tengan, hay muchas gomas que son como especiales, que llevan aun el parche de arreglar un pinchazo, o la marca, o los números de serie. Gente que busca que se note que era una goma, vamos….».

Manipular la goma «es trabajoso, sobre todo por el tiempo, porque lo hacemos todo a mano, no usamos ninguna maquinaria especial. Salvo un troquel, que en algunos casos empleamos para hacer los agujeros por donde pasarán las agujas, todo se hace a mano, a base de empujar, tirar, hacer presión, con alguna tendinitis que tenemos de vez en cuando».

Por eso valoran sus bolsos, mochilas, carteras, etc., por el tiempo de costura. Hay algunas son dobles y hacen encarecer el producto. Aparentemente en el diseño puede no haber mucha diferencia entre un bolso u otro parecido, pero igual sí lleva una hora o más coserlo si lleva costura doble y dos parecidos pueden costar 54 o 48 euros».

Teniendo en cuenta que se trata de artículos artesanales, «creo que ponemos un valor relativamente barato a la hora de trabajo, 10 euros. ¿Qué menos se puede pedir? Y hay que tener en cuenta, también, que lo permite el hecho de que nuestros costes de producción no son altos. Imagínate, un joyero tiene que comprar plata. Pero nuestra materia prima es más barata», y los precios van de 35 euros una cartera a 100 una mochila.

Sobre si compensa económicamente o no, para Marquissio la cuestión está más bien en que «podemos decir que vivimos de lo que hacemos y de lo que nos gusta, pero también que llegamos justo a fin de mes. Porque han bajado mucho las ventas, nosotros comenzamos con esta línea de trabajo justo al comienzo de la crisis. La peor época, ciertamente. Cuando yo llegué a Barcelona, en 2006, los productos artesanales se vendían mucho. Y eso cambió».

El punto de venta, aparte de la página web de Producciones Pikulinas, son los mercadillos artesanales de Barcelona, «el de los sábados en la Plaza Real, o el de Portal del Ángel. También vamos probando cosas nuevas, como las ferias. En noviembre pasado estuvimos en Biocultura, en Madrid».

La participación en mercadillos y ferias requirió su profesionalización, mediante un carné profesional, pero se encontraron con que «al principio no me lo querían hacer, porque no había esta categoría de reciclaje. Hay una lista de oficios clásicos, como orfebrería, marroquinería, etc. Pero tú te presentas con algo así y no hay dónde meterlo. Te quieren dar el carné pero no hay de qué. Así que impulsamos una reforma para que se introdujera un concepto multidisciplinario, que ahora existe y es donde estamos».

Habrá que ver si los cambios en el diseño de los neumáticos, en los que ya las cámaras de aire han desaparecido, les afectan mucho en el futuro «todavía no, pero ya no se encuentra tanta goma, porque las ruedas de los coches nuevos ya no tienen cámara. Los camiones todavía sí. Pero calculo que los camiones nuevos tampoco la traerán».

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