¡Mira! Ahí hay caucho

Desde el desierto hasta el trópico, pasando por praderas y jardines, y hasta en los márgenes de las carreteras, el caucho natural está presente en nuestro entorno. Tendemos a asociar el caucho con los neumáticos porque es su aplicación principal, pero en la naturaleza, el caucho no es negro y consistente sino blanco y líquido, y aunque también corre, no lo hace por las carreteras sino por la savia de cientos de especies de plantas distintas. El árbol Hevea brasiliensis es el más productivo y el que concentra casi la totalidad de la producción de caucho natural del mundo, pero lo cierto es que otras plantas también se usaron en el pasado para obtenerlo y en la actualidad son objeto de estudios para diversificar la producción. Algunas de ellas encierran curiosidades que merece la pena conocer.

Plantación de caucho

Por ejemplo, el  primer árbol del que se extrajo caucho con fines comerciales en el mundo recibió su nombre de un español: Castilla elástica, así se denominó a la planta nativa del sur de México y Centroamérica que fue descrita para la ciencia en el siglo XVIII por una expedición del Real Jardín Botánico de Madrid. Claro que por aquel entonces México todavía era el virreinato de Nueva España bajo el imperio de Carlos III, y sus selvas guardaban secretos que excitaban la imaginación de los europeos. Uno de los integrantes de esa histórica expedición fue Juan Diego del Castillo, filósofo, botánico y farmacéutico. Este aragonés nacido en Jaca ostentó varios puestos de boticario real y era ampliamente respetado por los botánicos de su tiempo. Perdió la vida precisamente a causa de una de sus exploraciones al contraer el escorbuto en el agreste territorio de los indios Tarahumara. El Castilla elástica fue intensamente buscado por su caucho durante el siglo XIX, hasta que el descubrimiento de que el caucho de la Hevea brasiliensis era mejor, le devolvió al resguardo de la indiferencia comercial.

Ficus ElásticaOtra de las plantas de las que puede extraerse caucho, aunque también de menor cualidad, es el Ficus elástica, originario de Asia. El Ficus es cultivado sin embargo por su valor ornamental y resulta muy común encontrarlo en salones, oficinas y salas de espera. ¿Quién no ha tenido un Ficus elástica en su casa? Es un clásico de la jardinería de interior, aunque también adorna parques de ciudades con clima benigno. Cádiz, Alicante o Murcia exhiben Ficus elástica centenarios de porte impresionante. Pero la historia más curiosa de esta planta se oculta en su peculiar forma de reproducción: necesita a una minúscula avispita muy concreta para polinizar sus flores. Para entender este ciclo hay que tener en cuenta que el higo, en realidad, no es un fruto en sentido estricto,  sino un conjunto de flores envueltas en una piel carnosa. Pues bien, la hembra de este insecto es la única que puede entrar por el orificio de acceso a las flores, y de hecho éste es tan estrecho que la avispita pierde las alas y morirá en su interior después de haber puesto los huevos. En el proceso habrá polinizado las flores con el polen que traía de otro higo en el que nació. Después de la polinización, se formarán las semillas, y el higo cambiará de color y olor para hacerse más atractivo a pájaros, murciélagos, monos, etc…que los consumirán y dispersarán las semillas.

Diente de León

No todas las plantas con caucho son árboles. Y para discreta en su tamaño, el Diente de León, esa flor de intenso amarillo que aparece espontáneamente en el césped de los parques en primavera, e incluso entre las grietas de la acera. El Diente de León acompañó nuestra infancia cuando soplábamos al viento la melena redonda, blanca y plumosa de sus semillas. Seguramente no sabíamos que a lo largo de la historia ha sido usada para hacer sopas, ensaladas, sucedáneos del café durante la guerra (en sus variedades comestibles), y como remedio tradicional para limpiar el hígado, aliviar el reuma y los espasmos, y hasta para eliminar líquidos, lo que le ha valido el sobrenombre francés de meacamas. Y ahora, una variedad rusa que crece en Kazajistán, es el gran hallazgo de los investigadores para obtener caucho de calidad y no depender de los cultivos asiáticos de Hevea. Con todas las bondades que exhibe el Diente de León, uno se pregunta cómo es posible que se la siga considerando una mala hierba, sólo por el hecho de crecer fácilmente casi en cualquier esquina. La naturaleza nos ofrece una vez más sus inmensas posibilidades con las plantas más modestas.

One Comments

  • Marta Cuesta 22 mayo, 2016 Reply

    Hola chicos, he actualizado mi entrada sobre el diente de León y os he enlazado para que los más curiosos puedan además ver que es una interesante fuente de caucho.

    Un saludo!

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