Neumáticos como intrépidos actores en ‘The way things go’

Protagonizan escenas de gran tensión. Están realmente soberbios y nunca pierden el ritmo ni el equilibrio en el desempeño de sus papeles. Comparten pantalla con sillas, escaleras, tableros, bolsas, botellas, botes, colchones, poleas, mechas, tracas, globos, garrafas, velas, cuerdas, bidones y cepillos, con espuma, agua y fuego, pero algunas de las secuencias más trepidantes y entretenidas están protagonizadas por los neumáticos.

‘The way things go’ (algo así como ‘El modo en que suceden las cosas’) es la obra más conocida y reconocida de los suizos Fischli y Weiss, que presentaron en 1987 esta película de arte cinético. Dura 30 minutos y hemos de verla como toda una performance de objetos muy próximos a nosotros. Se grabó durante tres días en un almacén y ha conseguido desde el principio el reconocimiento de crítica y público. El New York Times la calificó de obra maestra, ganó premios en diversos festivales, incluido el prestigioso de Berlín, y forma parte de las colecciones permanentes de arte del Pompidou en París y del MoMa de Nueva York, que la suele exhibir como parte de su montaje.

La película es una historia sobre las relaciones causa-efecto, lo mecánico y lo artístico, la probabilidad de que ocurra lo que estamos esperando que ocurra, la previsión, el azar, lo probable de lo improbable y las consecuencias. Una muy bien hilada secuencia que nos deja hipnotizados sobre acciones y reacciones en cadena, el efecto dominó llevado hasta el virtuosismo, un homenaje a las máquinas Rube Goldberg (aparatos absurdamente sofisticados diseñados de una manera muy compleja para realizar tareas sencillas, y que divierten como ingenios de inventores locos por sus acciones en cadena) con algo del sentido de la casualidad y la oportunidad de las obras de Charlie Chaplin y Buster Keaton.

Pero antes de seguir destripándola, y para que no haya más spoiler por mi parte, aquí os dejamos los enlaces para que la disfrutéis. Su título original en alemán es Der Lauf Der Dinge. Y remarcar que contiene más tensión y suspense que muchos de los que se anuncian como taquillazos del verano; eso sí, también consigue poner algo nerviosos, como la secuencia del vasito de plástico deslizándose por el tablero naranja. Secuencias que te hacen pensar e incluso decir en voz alta: “Que ocurra ya lo inevitable”. Como en la vida misma.

Si tienes prisa y ahora no puedes entretenerte mucho con este artículo, ésta es la versión abreviada; dura 3 minutos, pero te recomiendo que saques un rato para verla completa:

Primera parte de la película completa, de 19.36 minutos:

Segunda parte, de 10 minutos:

Por cierto, la casa Honda se inspiró en esta película para realizar en 2003 su aclamado anuncio Cog. Tanto se inspiró que Fischli y Weiss incluso se plantearon demandarles. Os dejamos aquí el corto publicitario, más limpito, luminoso y acicalado que la película original, pero que indudablemente bebe de The way things go.

Y otro por cierto: la pareja de artistas presentó muchos años después el documental Making things go (1985/2006) (algo así como Haciendo que las cosas pasen), en el que revelaban la trastienda de la cinta, contando curiosidades sobre los experimentos, fracasos y ensayos de tan complicado y milimétrico montaje, aunque la película no es una secuencia única, sino que cuenta con una docena de cortes de edición.

Para terminar, hemos de reconocer que, aunque la protagonista indudable es la ley de la gravedad, nuestros neumáticos están medidos, sin excesos, pero tampoco quedándose cortos. Impecables en su papel clave en el desarrollo del argumento.

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