Neumáticos en el arte chino como símbolo del cambio y la globalización

La muestra sobre el arte chino de los últimos 25 años llega desde el Guggenheim de Nueva York y permanecerá en la capital vasca hasta el 23 de septiembre. Os la recomendamos. Comparte además los generosos y retorcidos espacios de Frank Gehry con otras dos maravillosas exposiciones: Chagall, y sus trabajos de los años decisivos en que salió de Rusia y recorrió Europa (1911-1919). Y Joana Vasconcelos, con un divertido despliegue en el que la artista portuguesa se ha servido de materiales cotidianos asociados a la mujer, como cazuelas, espejos, planchas y tampones, para armar gigantescas esculturas e instalaciones pop, críticas con una sociedad de frivolidades, superficialidades e hiperconsumismo.

Instalación Alumbramiento apresurado (1999), Chen Zhen, en el Guggenheim Nueva York.

También en torno a ese eje, el consumismo atroz no reflexivo y que todo traga y arrasa, se vertebra buena parte de las propuestas –muy críticas la mayoría con la sociedad actual- de los 65 artistas chinos presentes en el Guggenheim, y que nos sirven para ir más allá del hiperconocido y reconocible Ai Weiwei. En total, 120 piezas, entre performances, pinturas, dibujos, fotografías, collages, videoarte… Explican en el museo: “Esta exposición presenta las creaciones de un audaz movimiento de arte contemporáneo nacido en el periodo de mayor transformación de la historia reciente. Enmarcada entre el fin de la Guerra Fría, en 1989, y las Olimpiadas de Pekín 2008, El teatro del mundo examina la experimentación artística en un momento caracterizado por el comienzo de la globalización y el auge de China como nueva potencia mundial”. “Con sus decisivas provocaciones, (los artistas expuestos) aspiran a forjar una realidad libre de ideología, a reforzar el papel del individuo al margen de lo colectivo y a definir la experiencia contemporánea en China según una perspectiva universal”.

Sí, esta es la exposición que también se ha hecho famosa por la instalación con lagartos, tortugas, serpientes, escarabajos y grillos vivos, y que ha encendido la polémica entre los defensores de los derechos de los animales. Una pena, por cierto, que una exposición con tanto calado sólo haya merecido espacio en muchos medios de comunicación para hacerse eco de las protestas animalistas por esta en verdad inquietante instalación de Huang Yong Ping, que precisamente da título a toda la muestra, cuando en ese centenar largo de obras encontramos mucho contenido social y reivindicativo por los derechos humanos, del planeta, de la cultura, los pueblos y la Historia.

Instalación “Theatre of the world”, de Huang Yong Ping (1993) Vista de la instalación en el Museo Guggenheim Bilbao ©FMGB, Guggenheim Museum Bilbao, 2018

Pero, en fin, lo que ha llevado a esta serie de Artistas que miran en verde hasta Bilbao es el trabajo de Chen Zhen, artista franco-chino, natural de Shanghái, de una familia de prestigiosos médicos, cuyo hermano mayor, Chen Zhu, llegó a ser ministro de Salud en China. A Chen Zhen le diagnosticaron una anemia autoinmune cuando contaba solo 25 años, le dieron entonces cinco años de vida; murió de cáncer con 45, el 13 de diciembre de 2000. En 1986 abandono Shanghái y se instaló en París; donde al principio se mantenía vendiendo dibujos en la calle. Desde 1993 hasta su fallecimiento, fue profesor en diferentes escuelas parisinas de Arte. Se especializó en grandes instalaciones, y a pesar de su corta y frágil vida, realizó 30 exposiciones individuales en Europa, Asia y América. Su obra más importante, La danse de la fontaine emergente, instalada en París, es un estilizado dragón con agua circulando a gran presión; quedó inaugurada en 2008, ocho años después de su muerte; fue su viuda, Xu Min, quien se encargó de hacer realidad el proyecto. Chen Zhen se definía a sí mismo como “artista, pensador y chamán”.

En el Guggenheim de Bilbao encontramos este verano dos de sus obras más representativas.

En Buda boca abajo / la llegada de la buena fortuna (1997), Chen Zhen ha montado una especie de templo octogonal con plantas de bambú, que imita la estructura de las pagodas budistas. Pero, en vez de proponer un espacio trascendente, Chen ha colgado una serie de objetos asociados con las sociedades industriales, desde televisores, ventiladores y otros pequeños electrodomésticos a neumáticos; en un nivel inferior, decenas de figuritas de deidades budistas cuelgan de unas cuerdas cabeza abajo. Una crítica directa a cómo la importación sin criterio de las deidades occidentales desbarata la cultura y tradiciones chinas. Explica el autor sobre la obra: Cómo puede el pueblo asiático “construir nuestra sociedad moderna, nuestra cultura contemporánea y nuestro sistema político particular” en una realidad atrapada entre “el espíritu de desmaterialización” budista y la “obsesión” capitalista moderna por la prosperidad y la cultura consumista. El trabajo plantea la relación entre naturaleza, tradición budista y la masiva proliferación de productos de consumo.

Chen Zhen Fu Dao/Fu Dao, Buda boca abajo/La llegada a la buena fortuna, 1997 Cortesía GALLERIA CONTINUA, San Gimignano/Pekín/Les Moulins/La Habana Vista de la instalación en el Museo Guggenheim Bilbao ©FMGB, Guggenheim Museum Bilbao, 2018

En Alumbramiento apresurado (1999), Chen Zhen se ha servido de bicicletas, coches de juguete de aluminio y plástico, y cámaras de caucho de ruedas de bicicleta para componer un enorme dragón –el símbolo de China– de 20 metros, cuyo cuerpo, realizado con las ruedas de bicicletas, se retuerce. Su vientre está preñado de cochecitos de plástico negros que simbolizan la muerte de un tipo de transporte en China (la bicicleta) y la amenazadora pero imparable llegada de otro (el automóvil). El dragón de bicicletas de Chen pare y vomita coches, y muestra así a China a las puertas de la globalización. En el Guggenheim de Nueva York, este dragón resultaba especialmente impactante al ocupar el espectacular hueco de la escalera circular.

Chen Zhen Alumbramiento apresurado (Precipitous Parturition), 1999 Pinault Collection Vista de la instalación en el Museo Guggenheim Bilbao ©FMGB, Guggenheim Museum Bilbao, 2018

Ya en otras obras Chen Zhen se había servido de neumáticos para sus instalaciones, como en algunas de las mostradas en la exposición Fragmentos de Eternidad, en París, en 2014.

Explica el programa del museo: “Ninguna nación de la historia moderna ha sufrido una transformación social y económica tan generalizada como China en las dos décadas que analiza la muestra. El año 1989 supuso al mismo tiempo un final y un principio para el arte y para China. La dura represión del movimiento estudiantil que tuvo lugar en la plaza de Tiananmén el 4 de junio señaló el fin de una década de experimentación política, intelectual y artística relativamente abierta. También marcó el inicio de una serie de reformas que, si bien llevaron a cabo bajo condiciones autoritarias, significaron el comienzo de una nueva era caracterizada por el desarrollo acelerado, la interconexión internacional y las nuevas posibilidades individuales. Los artistas fueron catalizadores de los enormes cambios que se iban sucediendo, pero también se mostraron escépticos ante ellos”.

Y no solo escépticos, sino a menudo abiertamente muy críticos.

Así que ahí tenemos en ese templo de titanio que es el Guggenheim de Bilbao el caucho de Chen Zhen, que le sirve como metáfora, como material icónico, para la conciencia crítica; que le permite expresar tanto lo que se va –las bicicletas, con todo lo que eso supone de una forma de entender la vida y la historia– como lo que viene–los automóviles–, a menudo en China en plan avalancha, excesivamente arrasador, sin compartir espacio con modos de vida y movilidad más tradicionales, y sobre todo, con graves ausencias y deficiencias medioambientales.

Hasta el famoso y polémico Ai Weiwei tituló Tyre (neumático, en inglés) una exposición suya de 2016 en Estocolmo como símbolo de esas transformaciones, y compuso una serie artística integrada por piezas de mármol con forma de neumáticos.

Bien puesto está el título de esta exposición, El teatro del mundo, con tantas falsedades. Entre bicicletas y coches, también podemos decir que a menudo nos “han vendido la moto” y la hemos comprado sin mucha conciencia crítica, sin filtros, sin pensárnoslo dos veces.

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