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El neumático de invierno, ese gran desconocido

Aunque ya han pasado los tiempos en el que se identificaba al neumático de invierno con aquél que llevaba clavos, como los que veíamos en los reportajes de los rallyes nórdicos, el usuario español todavía está lejos de entender el porqué del funcionamiento óptimo de estos neumáticos en condiciones de frío (recomendable por debajo de + 7º) o lluvia.

La gran diferencia entre el neumático de verano el de invierno es la banda de rodadura. Tanto el dibujo, como la composición y su comportamiento en las condiciones descritas anteriormente son muy distintos. El dibujo destaca por la profusión de pequeñas laminillas situadas en sentido transversal al sentido de marcha del neumático.  Si nos atrevemos a pasar la palma de la mano por la superficie, notaremos como la superficie del neumático “rasca” en comparación con la lisura del neumático de verano que no tiene láminas. Esa característica, junto a que la composición de la banda, que  es algo más blanda que la de sus hermanos, hace que, con un correcto inflado, la adaptación y el agarre de la cubierta a la superficie mojada o nevada sea muy superior, destruyendo la fina capa de líquido/solido que se interpone entre el neumático y el asfalto, y que en un neumático normal de verano hace que la fuerza de tracción no se pueda transmitir normalmente a la superficie.

Si a eso añadimos que composición de la blanda banda de rodadura no se endurece a esas temperaturas, tendremos una mayor facilidad de adaptación del neumático a la superficie fría o mojada, por lo que la transmisión de la fuerza del motor será más eficiente y mucho más controlable.

Ese es el secreto, la razón por lo que parece mágico que unos neumáticos puedan circular en superficies mojada o nevada y con otros no haya manera, y tengamos un gran riesgo de deslizamiento.

El mayor inconveniente es fácil de entender, al tener una banda de rodadura más blanda, el desgaste a temperaturas altas (superior a 20º) es mayor, por lo en esas condiciones la vida del neumático de invierno se reduce respecto al de verano.

Esa es la razón por la que en los países de Centroeuropa se cambian los neumáticos un mínimo de dos veces al año, guardando un juego durante seis meses hasta el próximo ciclo.

Respecto a los neumáticos utilizados en los países escandinavos e Islandia, para circular en carreteras heladas, los que incorporan clavos, hablaremos otro día. Sólo indicar que su uso está prohibido en muchos países de Europa, dado los destrozos que ocasionan en los firmes.

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