Neumáticos, un material en la construcción humanitaria

Édéa es una localidad de Camerún, situada a medio camino entre la capital, Yaundé, en el interior, y Doualá, en la costa. Y en una comunidad cercana la organización Eco-Casa construyó un orfanato para otra ONG, el Centre d’Àccueille Samaritain, CASA. Una situación muy frecuente: una organización tiene una necesidad, otra los conocimientos y los recursos humanos y comienzan a trabajar juntas.

El orfanato nació simplemente porque el matrimonio que lo creó un buen día encontró a dos niños huérfanos abandonados ante su puerta, alguien los dejó allí para que ver si se hacían cargo de ellos. Luego decidieron ayudar a más críos. Esto ocurrió en 2002, y poco a poco fueron llegando más niños, huérfanos, de la calle… así hasta 22. Y la necesidad de disponer de un alojamiento digno para todos se hizo perentoria. Porque también llegaron personas mayores «Allí no hay seguridad social. Los viejitos sólo tienen a sus hijos para que los cuiden, pero si no hay hijos, son muy vulnerables». Es Rohan Sutherland, el coordinador de ECO-Casa, con quien hablamos vía Skype de este proyecto que nos sorprendió primero por unas fotos vistas en la revista EcoHabitar y después por todo lo que Sutherland nos contó en esa conversación.

Las fotos mostraban una construcción a medio hacer, solo estaba la estructura, hecha con madera en la techumbre y las vigas verticales, y ¡neumáticos! para la base de las paredes exteriores. ¿Había o no había que hablar con ellos?

Sutherland, formado en Relaciones Internacionales y dedicado al área de desarrollo y medio ambiente, es un experto en seguimiento y evaluación de proyectos del PNUD (Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, en su siglas en inglés), específicamente en materia de adaptación al cambio climático. Su trabajo le llevó a Camerún y allí se implicó como voluntario en diferentes situaciones. «Me impactó la solidaridad de ese matrimonio y me gustó mucho ver la relación entre los niños y los ancianos allí acogidos. Por eso me impliqué e impliqué a al organización a la que pertenezco, ECO-Casa, para colaborar y ayudarles. No tenían dinero, pero sí la necesidad de un lugar para vivir». Por eso la idea fue construir un centro «sostenible y autosostenible, y que, además, pudiera ser un modelo para otras comunidades de ese país».

Los miembros de ECO-Casa, entre los que hay una gran diversidad de profesionales, incluidos arquitectos, ingenieros y bioconstructores, aportaron su conocimiento y donaron su tiempo para construir el centro, organizaron un crowfounding para recaudar el dinero para sacar adelante el objetivo y en enero de 2016 comenzaron las obras.

El proyecto incluía siete edificaciones: una casa para los niños, otra para los ancianos, otra para los responsables del orfanato y una más para los voluntarios o para turistas, además de un centro médico y otro de formación, y un edificio para actividades comunes más la cocina y el baño. El diseño se inspiraba en la construcción tradicional de la zona, «pero, también, evitando los problemas que puede dar, como la podredumbre de las vigas de madera por apoyarlas directamente en el suelo, muy húmedo; y resolviendo otros, como la escasez de agua durante la estación seca».

En cuanto a los materiales, «serían todos o naturales, como la tierra, fibras y cañas de bambú; o producidos localmente; o reutilizados, como botellas de plástico,  cartones y neumáticos».

En el caso concreto de los neumáticos, se daban varias circunstancias «son muy abundantes y allí los queman, de manera que pudimos conseguirlos gratis». Desde el punto de vista de la construcción tienen la virtud de que «la humedad no puede subir y le da fuerza a toda la formación. Se ponen dos filas bajo el nivel del suelo, como cimientos, y tres arriba; se rellenan con tierra y sobre cada capa se pone plástico y cartón. Cada construcción lleva casi 1000, todos ellos de los de coche». Por fuera, los neumáticos se recubren con tierra para poner plantas repelentes de mosquitos, para reducir el riesgo de enfermedades como la malaria.

Así pues, esta «“reutilización creativa” de un producto que no gestionan adecuadamente, también aporta una alternativa a los problemas de contaminación de Camerún».

Un hecho que no tiene por qué limitarse a este proyecto, porque en él «había  trabajadores locales a los que hemos enseñado todas estas técnicas y métodos, de manera que ahora están capacitados para trabajar ellos mismos y replicarlos. De hecho, hay varios que ahora están construyendo una casa para otra persona».

El uso de neumáticos en la construcción de estos edificios no ha sido un experimento aislado. Al contrario, es más bien la aplicación de un conocimiento ya desarrollado anteriormente por ECO-Casa, que está especializada en la construcción autosostenible para ayuda humanitaria y en casos de desastres. Así, han empleado neumáticos en construcciones en Valparaíso, Chile, tras un incendio que en 2014 se llevó por delante las viviendas de miles de personas; y en la zona boliviana de la región de Atacama, tras el desbordamiento de un río. «Es un material que se tira, que en esos países supone un problema ambiental porque no se gestiona. Sin embargo, para construcción es muy útil, porque ayuda a compactar la tierra, regula la temperatura, retiene el terreno en laderas de cerros y es muy adecuado en construcción antisísmica. Y te permite utilizar un material abundante y sin coste económico para las comunidades».

Shutherland, que actualmente vive en Estados Unidos y trabaja en una empresa de biocostrucción que aplica los mismos criterios utilizados en los proyectos solidario, también ha impartido talleres para compartir este conocimiento, de manera que pueda luego ser aplicado por la población local una vez que ellos se marchan.

Además de los neumáticos el otro residuo más empleado han sido las botellas de agua. Con ellas han fabricado «“ecoladrillos”, compactándolos a base de meter plásticos dentro. Son un buen aislante. Y otro uso que les hemos dado, ha sido cortarlos por la mitad y ponerlos en la pared para que entrara la luz del día, así necesitan menos ventanas, que allí son muy caras, y no tienen que consumir energía eléctrica durante el día. También en el tejado, en este caso llenas de agua, se ponen botellas para que pase la luz del día».

Todo el proyecto está pensado para aportar soluciones y autonomía a la vida de esta comunidad que es el orfanato, en un país donde los servicios públicos son escasos y caros. Hay respuesta para casi todos los problemas. Los tejados, además de cubrir los edificios, recogen el agua de la lluvia que se almacena en un tanque «y cuando llega la estación seca tienen agua suficiente para todos los usos, porque incluso se puede potabilizar». También pueden producir «su propia energía con placas solares fotovoltaicas y un aerogenerador, además de un biodigestor que genera biogás para la cocina con los residuos orgánicos».

Y, por finalizar –aunque hay más-, hasta pueden producir su propia comida en un terreno donde cultivan una huerta y arboles frutales, crían gallinas y tendrán una piscina natural para cría de peces.

«Incluso tienen una escuela para los niños». Sutherland habla con pasión de este proyecto. No es para menos. Según lo cuenta, el objetivo de construir no solo unos edificios, sino todo el centro, sostenible y autosostenible se ha cumplido.

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