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La desternillante novela sobre el surrealista rodaje de un ‘spot’ de neumáticos

En esta serie sobre artistas que se acercan a los neumáticos, hemos hablado de escultores como el español Ángel Cañas, el norteamericano Blake McFarland y el surcoreano Yong Ho Ji; ilustradoras como la española María Ramos; artistas urbanos que montan enormes instalaciones como el portugués Bordalo II; cineastas como el francés Quentin Dupieux, que hace protagonista a una rueda asesina… Pero hasta ahora no nos habíamos detenido en un escritor. Aquí está. Hoy lo tenemos. Se trata del británico Matt Beaumont, que en su novela ‘The Book, the Film, the T-shirt’, de 2002, relataba con el típico, ácido e impávido humor inglés el surrealista rodaje de un anuncio televisivo de neumáticos.

Dos estrellonas, un director dinámico, un guion chispeante, un insinuante vestido de látex de color chillón… ¡Esto parece Hollywood!… Aunque en realidad es solo un anuncio televisivo de neumáticos. Va a ser algo sensacional… Si no fuera por todos los contratiempos que van surgiendo en esta disparatada trama. Pero detengámonos primero en el autor.

¿Quién es Matt Beaumont?

El escritor inglés Matt Beaumont es autor de cinco novelas. La primera de ellas, E, se convirtió en un auténtico éxito de ventas en los países del mundo anglosajón. Esta atrevida novela humorística se publicó en España con el título E-mails, no fuera a pasar que con solo una “e” no pilláramos de qué iba el asunto. A través de sus páginas se narra la frenética carrera de la agencia Miller Shanks, ubicada en Londres, para preparar la suculenta cuenta de un poderoso anunciante, una multinacional. Lo mejor de todo es que la novela está escrita y narrada en un formato novedoso: los histéricos e-mails que intercambian durante el proceso los trabajadores de la agencia. No deja de ser una adaptación 2.0 del clásico género epistolar en la construcción de tramas, pero fue globalmente reconocido como el primer superventas literario hecho exclusivamente de e-mails.

Antes de ser novelista, Matt Beaumont había trabajado como creativo en una agencia de publicidad. Así que quizá eso explique su aversión posterior a que su imagen salga mucho en medios; y también el hecho de que supiera bien lo que se traía entre manos y teclados, tanto al escribir E como en su siguiente novela, la que hoy nos ocupa, The Book, the Film, the T-shirt, en la que refleja el lado más oscuro, pero también más divertido, de su primera profesión, con ese tono de irónico sentido del humor anglosajón. Un libro de 300 páginas publicado en 2002 que narra la desquiciante y surrealista filmación de un spot de neumáticos.

E-mails, su primera novela

La novela cuenta el rodaje durante una semana de un anuncio televisivo para una firma de neumáticos para automóviles. El productor, muy famoso en el mundillo de los spots, tiene una idea genial, pero ha de lidiar con una serie de estrambóticos contratiempos, desde la animadversión que se gastan los actores contratados –unas auténticas estrellonas llenas de manías y egos que se creen que están en el mismísimo Hollywood–, a los desplantes del director –que va de artista– y la equivocación del cliente, Blackstock Tyres, que resulta que –Oh My God– ha encargado unas camisetas equivocadas.

Según recogió la crítica del diario británico The Guardian, E reflejaba muy bien el ambiente cínico y competitivo de una empresa sumida en el estrés del éxito, el dinero y las prisas; una novela en la que los creativos de publicidad podían verse bien reflejados “en detalles como el apuñalamiento por la espalda, el despotismo mezquino y la presencia de ese extraño nerd que envía mensajes generales de correo electrónico donde ofrece compartir sus sándwiches de queso y pepinillos”. Una perfecta traslación al siglo XXI del clásico Amistades Peligrosas.

The Book, the Film, the T-shirt

Dos años después, Beaumont quiso repetir bombazo en terreno conocido, y sacó The Book, the Film, the T-shirt, transitando por las mismas aguas de literatura poco profunda. Este es el punto de partida: Greg Fuller, de la agencia de publicidad Fuller Scheidt, ha presentado un comercial brillante para neumáticos, y ha elegido a dos prometedoras estrellas de Hollywood, famosas por su química sexual tanto dentro como fuera de la pantalla.

Desafortunadamente, la pareja se separa en vísperas del rodaje y alguien ha filtrado datos íntimos a la prensa sensacionalista, haciendo ver que el actor se mete salami en el calzoncillo para dar bien en las fotos. Ya se sabe que del amor al odio hay un paso, y las estrellas ahora rivales llegan incluso a amenazarse de muerte, y vuelven loco al equipo de producción con demandas ridículas. Mientras tanto, el director va a lo suyo y piensa que está haciendo una obra de culto, una película artística, y la esposa embarazada de Greg descubre que su marido le pone los cuernos con la actriz, ya que parece que le excita verla recubierta de goma. Ay, ¡el caucho como fetiche!, algún día habrá que abordar el tema…

Humor inglés

Para completar el follón, el cliente duda entre unos buenos primeros planos de neumáticos o unas buenas tomas de pechos cubiertos de goma, que es lo que el ingenioso anuncio propone.

Humor inglés, ya se sabe. De hecho, hay un diálogo en el que el creativo se muestra preocupado por tener que hacer una filmación sobre neumáticos, “la parte más aburrida de un coche, como todo el mundo sabe”, se pone creativo y propone para solucionarlo centrar la atención no en los neumáticos, sino en el material del que están hechos: el caucho, la goma.

“Hay todo un mundo del sexo y las prácticas sexuales en torno al asunto”, señala con un guiño. Y lanza su genial idea para el spot: una cita a ciegas entre una despampanante mujer y un empleado de Blackstock, un científico de esos que viven como en una nube. Mientras están arreglando la cita, ella malinterpreta el interés de él por la goma, y se presenta al encuentro vestida con un fetichista y sexy vestido de látex. Eso sí, el creativo reconoce en el capítulo 4 que habría que darle alguna vuelta a cómo la trama regresa de lo que parecen los prolegómenos de una película porno a un discurso serio sobre los neumáticos para coches.

Un estilo de narración personal

Volvemos a la interesante reseña publicada en su día en The Guardian: “Aunque abandona en esta novela el truco del lenguaje a través de una sucesión de correos electrónicos, Beaumont se mantiene fiel al mismo estilo de narración. Permite que sus personajes se dirijan directamente al lector, evitando así la tediosa voz del narrador y omitiendo descripciones potencialmente aburridas del personaje y el lugar”.

“No hay, además, un orden jerárquico entre el elenco a la hora de exponer narrativamente los hechos. Norman, el cocinero de la cantina, tiene el mismo derecho a ser escuchado por los lectores que el mismísimo jefe de la agencia Fuller Scheidt”. Así que aprovecha libre y generosamente la oportunidad que le brinda el autor, y no le importa mezclar churras con merinas, ni al Nobel Stephen Hawking y su teoría de los agujeros negros con las estrellas de cine que dejan de ser estrellas para convertirse en otra cosa…

Sin mensaje de moralina

Concluye la crítica literaria: “Es muy posible que Beaumont no sea un poeta, pero no cabe duda de que es un genio técnico en su oficio. Trece de sus personajes tienen la capacidad de hablar directamente a cámara, y la dificultad de dividir la trama de tantas maneras sin confundir al lector debe de ser considerable”. Los ingredientes principales: mucho sentido del humor y una mínima trama de suspense. “Es como el Diario de Bridget Jones, pero sin mensaje de moralina. Una novela liviana, pero sin duda original y entretenida, preparada para despegar y coger vuelo”.

En España no debemos de haber tenido tan claro el tirón de este buen ejemplo de humor inglés, porque ningún editor se ha decidido a traducirla. Así que por ahora nos tendremos que conformar con los tyres en vez de los neumáticos.