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Olga de Dios, la ilustradora que transmite a la infancia el valor del consumo responsable

Olga de Dios es una de las artistas volcadas en el álbum ilustrado para público infantil con más éxito en España y más proyección internacional. Sus libros han llegado desde Brasil a Corea del Sur. También es una de las ilustradoras con más compromiso en sus historias con los mensajes ecológicos, de igualdad de género, de solidaridad, de apoyo a la diversidad. Hoy la entrevistamos en esta serie de artistas que miran en verde por la reciente publicación de su nuevo trabajo, ‘Los Tres Hermanos de Oro’ (Nube de Tinta), un libro para un público más adulto, lleno de mensajes sobre el consumo responsable, el cambio climático, los riesgos de desertificación …

Conocía y admiraba a Olga de Dios desde hace años. Pero unos dibujos explícitos de neumáticos abandonados en el campo como símbolo de contaminación y degradación del entorno, y del valor de su reciclaje, en su anterior libro ‘Rana de Tres Ojos’ (Apila ediciones), me ha impulsado a traerla a este blog de Signus. Porque, aparte de su gancho entre los más peques, Olga de Dios realiza a través de sus libros una muy importante labor de concienciación en valores como el cuidado del planeta, el consumo responsable, el respeto al diferente, la crítica a los roles de género. Ahí están ‘Monstruo rosa’, ‘Buscar’, ‘Pájaro Amarillo’, ‘Leotolda’…

Ahora da un paso más, buscando públicos de más edad, y acaba de sacar ‘Los tres hermanos de oro’, un cuento a partir de la fábula de la gallina de los huevos de oro, esa a la que un granjero destripó por avaricia, buscando sin paciencia riquezas. Para mí, una clara metáfora de cómo por codicia estamos explotando los recursos naturales sin percatarnos de que eso puede suponer matar esa magnífica gallina de huevos de oro que es el planeta, que cada día nos aporta vida. No la abramos en canal.

Hemos hablado con Olga sobre su compromiso verde a partir de su fantástico y concienzudo nuevo libro.

Cuéntanos cómo te surgió la idea de ‘Los tres hermanos de oro’.

Más que una idea fue un conjunto de estímulos. Hace un par de años me interesé por las técnicas de grabado que se utilizaban para ilustrar los libros en el pasado y decidí ampliar mis estudios como estampadora y grabadora. Al mismo tiempo sentí curiosidad por las fábulas tradicionales y ese momento de la historia en que la tradición oral europea se formalizó en libros adaptando las fábulas tradicionales a la modernidad de cada tiempo. Así empecé a trabajar en este libro.

 Aparte de ‘La gallina de los huevos de oro’, ¿qué otros cuentos clásicos recuerdas que te llamaran la atención?

Hay otras fábulas que me marcaron desde niña, como La cigarra y la hormiga, que transmitía el compromiso con el trabajo y la constancia, aunque con los años me inquietó la idea de que la cigarra, a pesar de ser cantante, no era considerada productiva. En el proceso de documentación para este libro hice una lectura de las versiones de La Fontaine y de Samaniego, descubrí muchas fábulas que no conocía y me impresionó la crueldad de algunas historias; eso me motivó a hacer historias realistas sin miedo a reflejar lo trágico y cruel de muchas de las cosas que suceden actualmente.

Es muy circular y muy de reciclar eso de terminar y comenzar el cuento una y otra vez, una y otra vez… ¿Crees que ponemos demasiado pronto fin a las historias en esta sociedad ultra rápida?

Siento que en general hacemos lecturas muy superficiales. Vivimos en una sociedad de consumo rápido, de atracción por la novedad, de interés por la última actualización. Eso nos lleva muchas veces a no dedicar tiempo a la reflexión y no llegar a profundizar en los discursos o los contenidos de las obras. Creo que el arte desde todas sus disciplinas es una herramienta fantástica para generar espacios de reflexión y que la sociedad actual lo trata como si fuera un producto de consumo más.

Vayamos a las historias de tu último libro. Les introduces a los más pequeños en temas de absoluta actualidad. Con Elio, el primer ‘hermano de oro’, hablas del cambio climático, la desertificación y los refugiados ambientales. ¿Crees que se comunica lo suficiente este problema mayúsculo desde los medios de comunicación y desde las creaciones artísticas? ¿Por qué crees que sigue sin calar del todo?

Considero que vivimos en una sociedad donde tenemos que afrontar problemas globales muy graves y extremos como los que citas. Los medios de comunicación a menudo nos ofrecen imágenes violentas que muestran de manera explícita el sufrimiento y han conseguido naturalizar esa violencia. Sin embargo, tienen menos relevancia las noticias más analíticas que explican las causas de los problemas, profundizan en las posibles medidas paliativas o proponen formas de adaptarnos a vivir en este planeta sin continuar dañándolo. Existen esas noticias y los medios donde se publican, pero es cierto que en los medios con mayor capacidad de influencia no son las mayoritarias.

Creo que las disciplinas artísticas son una buena herramienta de transformación social y de transmisión de ideas. En este libro, me he esforzado en ilustrar imágenes basadas en la realidad. En el caso de la desertificación y la crisis de la población refugiada he utilizado referencias fotográficas reales para crear ilustraciones veraces, pero que al mismo tiempo se alejan de ese realismo explícito con la intención de que nos motiven a pensar y reflexionar desde otro lugar. Para mí, los libros ilustrados son un medio fantástico para acercar estas problemáticas a la infancia y no debemos dejar de tratarlas en nuestros contenidos.

Con Martín tocas el tema de la mercantilización del arte y la pérdida de lo auténtico de la creatividad, entregada al capitalismo. ¿Ves así el mundo del arte?

Pienso que lo que ocurre en el mundo del arte está presente en muchos otros ámbitos. Con este segundo cuento quería reflexionar sobre la fragilidad del éxito en la sociedad actual, la rapidez con la que se puede alcanzar repercusión y fama, y cómo eso puede desvanecerse con la misma inmediatez. Este tipo de consumo instantáneo está muy ligado a la superficialidad en las lecturas de las obras. Martín, el protagonista del cuento sufre depresión al descubrir que su público no ve el contenido de su obra y que tan solo lo admira por su valor en el mercado.

Y con Roque, el tercer ‘pollo’ nacido de la gallina de los huevos de oro, hablas del despilfarro, el usar y tirar, el híperconsumo; ¿cómo crees que se podría promover más el consumo responsable, el –como yo lo llamo- consumo de las tres ces: Consumo Con Conciencia?

Roque, el protagonista del tercer cuento, alcanza un gran patrimonio material a costa de perder su ética. Se trata de una reflexión sobre la constante insatisfacción en la que se basa nuestro sistema de consumo y lo poco que hablamos sobre la ética de las grandes fortunas. Debemos concienciarnos del daño que supone para nuestro planeta y para nuestra salud ese consumo desenfrenado. Debemos transmitir que fomentar un consumo responsable no es perder privilegios o hacer sacrificios, se trata de ganar en salud para nuestra generación y para las que vengan en el futuro. Considero que deberíamos premiar más los comportamientos responsables frente a poner en valor la capacidad de consumo.

 Pides al final del libro que lectores y lectoras completen el cuento pensando cómo cambiar el rumbo de las cosas, del mundo. Pues bien, danos tú alguna idea.

Creo que debemos fomentar el sentido de responsabilidad social y colectiva, ese es el mensaje que transmito con el final del libro. El convencimiento de que entre todas las personas, trabajando colectivamente, tenemos que buscar soluciones viables a las problemáticas de nuestra sociedad.

 Algo concreto, aunque sea pequeño, que hayas introducido en tu vida cotidiana para no matar a ‘la gallina de los huevos de oro’.

En lo que respecta a mi profesión como autora, intento hacer lo todo lo posible por que mis obras lleguen a la mayor cantidad de gente, a través del mercado editorial y fuera de él, defendiendo licencias libres en todas mis colaboraciones. Aunque reconozco que no siempre lo consigo, continúo trabajando para que se planteen otros modelos de transmisión de la cultura, incluso en las grandes multinacionales que comercializan con las obras.

En mi vida cotidiana, viviendo en una ciudad como Madrid, te confieso que me enfrento a muchas contracciones y dificultades para vivir de una manera respetuosa con el medioambiente; al igual que en mi trabajo, intento en mi día a día afrontar estos dilemas con la mayor responsabilidad posible. Intento compartir, reutilizar y dejar la menor huella posible, y algo todavía más transformador: intento hacerlo con una sonrisa.

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