La Plataforma Española de Acción Climática, una herramienta de compromiso y acción para de las grandes empresas

La corresponsabilidad de toda la sociedad en realizar acciones que contribuyan a alcanzar los objetivos en la lucha contra el cambio climático es uno de los planteamientos de la Plataforma Española de Acción Climática. Una iniciativa puesta en marcha por un grupo diverso de entidades, -Oficina Española de Cambio Climático del MAPAMA, Grupo Español de Crecimiento Verde, Red Española del Pacto Mundial, Ecodes y Climate-Kic, ante la necesidad de «responder de una manera adecuada al necesario abordaje de la mitigación y adaptación al cambio climático, y poner en valor el papel de las empresas y los ciudadanos en la lucha contra el cambio climático, de acuerdo con los objetivos que marcan los Acuerdos de París», en palabras Víctor Viñuales, director de Ecodes, durante el acto de presentación de la plataforma. Para Viñuales «estamos en un punto sin retorno de la acción climática global que nada puede parar».

El objetivo de la Plataforma Española de Acción Climática es promover las estrategias y las prácticas innovadoras en materia de acción climática de las empresas y de las distintas administraciones, y también darles visibilidad para compartir esas experiencias, para que puedan serles útiles a otros.

Para conocer qué es, cómo funciona y qué objetivos se espera que cumpla esta iniciativa hay que echar la vista un poco atrás y recordar otro proyecto, la Comunidad por el Clima, iniciado en 2016 por las mismas entidades que la plataforma más Cruz Roja Española, SEO/BirdLife, WWF España, la Fundación Biodiversidad y la Federación Española de Municipios y Provincias.

Con él se trataba de involucrar no solo a grandes entidades, administraciones o empresas, sino también a ciudadanos de a pie, asociaciones, pequeñas empresas, etc., y en el que quien se unía se marcaba unos objetivos propios de reducción de su huella ecológica, especialmente de emisiones, mediante grandes o pequeñas acciones voluntarias planteadas a la medida de las posibilidades de cada cual. De tal manera que tan útiles y bienvenidas eran las emprendidas por una multinacional como las que se propusiera una pequeñísima empresa, el ayuntamiento de un pequeño municipio, un colectivo social o una familia. Porque, utilizando las mismas palabras de Víctor Viñuales en la presentación de la nueva plataforma, «si cada cual barre su trozo de acera, la calle está limpia».

La Comunidad #PorElClima creció hasta alcanzar sus integrantes 1 millón de compromisos por el clima. Y fue en ese marco donde sus impulsores vieron que podía haber una continuidad, esta vez dirigida específicamente a las empresas y administraciones, «una espacie de liga de grandes empresas, con más responsabilidad, y con mecanismos más exigentes». Y así es:  las empresas y administraciones que se sumen han de adquirir no solo el compromiso voluntario de reducir emisiones, sino también hacerlo con «planes verificados y de resultados verificables, y aportando documentos que acrediten los resultados», detalla Cristina Monge, directora de conversaciones de Ecodes.

Se trata de una herramienta concreta para llevar a la práctica la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global, definida en la COP22 celebrada en 2016 en la ciudad marroquí, con la que se instaba a crear plataformas multisector de colaboración para acelerar la acción climática, cumplir con los Acuerdos de París. «Animamos a las empresas grandes a participar en la plataforma también porque movilizan a sus enormes zonas de influencia, trabajadores, proveedores y clientes, para acelerar la transición hacia la economía baja en carbono que necesitamos con urgencia: conectando a los actores del cambio en España», como declaraba Victor Viñuales en la presentación de la plataforma.

La necesidad de exponer los planes de acción y los resultados verificados, es la principal diferencia de partida entre uno y otro proyecto. Pero son iguales en un sentido: «las empresas que se adhieran no tienen obligación de hacer estos planes. Su actividad entra en el ámbito de los sectores difusos, no en el de los  regulados, – aclara Monge-, por tanto, se trata de compromisos también voluntarios». También es cierto que, «al requerir más requisitos en cuanto a planes para cumplir los objetivos que se propongan y la verificación de sus logros, requieren un tipo de esfuerzo que, lógicamente, serán más bien las grandes las que participen. Aunque una pyme con cierto tamaño, estructura y capacidad de respuesta también podrá estar ahí, claro».

Este planteamiento más exigente tiene un motivo: «las empresas que se adhieren reportan directamente desde la plataforma a las Naciones Unidas, a la COP, sus planes y compromisos de reducción de emisiones a 2020 y a 2030, -con 2016 como base del cálculo porque el punto de partida es Marrakech-. Porque los países reportan a la ONU lo que se hace en el país, con las políticas públicas y en los sectores regulados. En el caso de España, incorporará estos datos a los generales de emisiones difusas, pero sin contabilizarlo dos veces», explica Cristina Monge.

Por eso, también, para integrarse en la Plataforma Española de Acción Climática, hay que cumplir otros requisitos previos, como son «pertenecer a la Comunidad #PorElClima, estar inscrito en el Registro de Huella de Carbono,  Compensación y Proyectos de Absorción de CO2 del MAPAMA, solicitar la adhesión a la plataforma NAZCA de las Naciones Unidas, y establecer los objetivos cuantificados de emisiones y reportar las acciones para alcanzarlos. Es decir, es un nivel de exigencia bastante más alto que lo que suele ser habitual», concluye Monge.

Un escaparate para los demás

En la filosofía de este proyecto, igual que la Comunidad por el Clima, está también la idea compartir el conocimiento y las practicas innovadoras tanto en mitigación como en adaptación al cambio climático, para que sean útiles a otras empresas. Por eso, «hay un área de buenas prácticas donde las empresas publican lo que hacen para alcanzar los objetivos que se proponen. Y ahí hay temas de eficiencia energética, financiación , movilidad, compensación de emisiones, renovables, etc., – enumera Monge-. Esa es la parte que sirve de escaparate e inspiración para otras empresas que quieran unirse, o que no haciéndolo quieran llevar a cabo acciones climáticas».

No es menor esta función de la iniciativa, al contrario «tiene mucho interés porque hay muchas empresas que hacen cosas y no tienen dónde y cómo mostrarlo, porque no tienen la capacidad de comunicación que tienen las grandes. Y también porque a veces se quedan como muy en el reducto de los convencidos, y no se plantean comunicarlo», según expresa Cristina Monge.

De entre las entidades impulsoras, ya mencionadas antes, hay dos que tienen un papel estratégico antes y durante su andadura.

Uno es «Climate-Kic, «que es clave para integrar la innovación tecnológica, que a veces se queda un poco descolgada, sin un área de participación definida. Ellos darán formación y soporte tecnológico a quien lo pida», indica Cristina Monge.

Y la otra es Ecodes, que, como secretario ejecutivo de la Comunidad #PorElClima, gestionará el día a día de la plataforma y del proyecto en general. Previamente, «hemos montado la plataforma, que tiene bastante complejidad técnica. Y también tenemos que tener mucho contacto con las empresas, continuo, porque a menudo surgen dudas prácticas que hay que resolver». La creación del soporte tecnológico de la plataforma ha sido «un desafío técnico, – revela Monge-, porque somos muy cuidadosos en que sea todo muy riguroso, que no haya fallos de mediciones, que todo esté bien verificado. Por eso este proyecto, por un lado, exige un plus en cuanto a exigencia tecnológica y, por otro, una relación continua con las empresas. Y, también, hay que hacer una labor importante de promoción. Hay que hacer una labor muy importante de difusión para que las empresas la conozcan y se adhieran a la plataforma».

En definitiva, se trata de apremiar el cumplimiento de la cuota parte que le corresponde a España en el Acuerdo de París. Si bien, además de ser muy importantes la concienciación y el compromiso, es imprescindible pasar a la acción.

En este sentido, David Howell, coordinador de Políticas Ambientales como integrantes del grupo impulsor de la Comunidad #PorElClima, considera que «la fórmula para mantener y ampliar los compromisos y el impulso de las grandes empresas que se unan a la Plataforma Española de Acción Climática es muy importante. Pero la urgencia de reducir emisiones es absoluta, no puede ser poquito a poco, por tanto hay que hacer cambios rompedores. En esa línea irá nuestra aportación dentro del grupo. Expresar la inquietud de las ONGS ambientales, llamar la atención y agitar un poco para que los compromisos no sean de progreso lento, sino que signifiquen saltos muy grandes». Un ejemplo, en su opinión, podría ser que «una entidad financiera fuerte, potente, anunciara un nuevo instrumento financiero para ayudar a llevar a cabo miles de pequeños actos. Eso sería una propuesta rompedora y es algo que no existe. Solo hay paquetes financieros para grandes proyectos y grandes inversiones. Pero no si hablamos de autoconsumo, pequeñas reformas domésticas para mejoras en eficiencia energética, para cambios a electrodomésticos más eficientes, por ejemplo. De ese tipo hacen falta millones de actos; como no hay financiación asequible para afrontarlos, pues nos quedamos un poco a la espera de la voluntad de las personas a título individual y de que lo puedan asumir». Y continua «sabemos que en autoconsumo una de las partidas económicas más importantes es la inversión inicial en las placas. Entonces, si una entidad financiera con músculo e influencia pública, política y mediática, dijera ‘vamos a lanzar una ayuda solar con un interés muy bajo’, incluso que asumiera el coste como parte de su apuesta por esto y dijera ‘No queremos hacer tanto dinero prestándolo a la gente que quiera incorporarse al autoconsumo’. Esto ayudaría de verdad. Aunque también hagan acciones internas propias».