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Residuos de remolacha para fabricar caucho sintético

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Dentro de pocos años será una realidad que los coches rueden sobre neumáticos fabricados a partir de restos de remolachas, en concreto de su melaza, un residuo que la industria agroalimentaria apenas puede aprovechar y genera muy poco valor añadido. Una empresa española de reciente creación, Biosyncaucho S.L, ha encontrado la manera de tratar esos azúcares no comestibles para transformarlos en 1,3-Butadieno, el principal compuesto químico del caucho.  “Por cada cuatro kilos de residuo del tubérculo, se obtiene uno de Butadieno. Este compuesto es al caucho lo que los ladrillos a una casa”, ilustra el presidente de Biosyncaucho Jesús Torrecilla, para explicar su importancia. Con este caucho sintético se fabrican sobre todo neumáticos, pero también determinadas prendas, calzados o carcasas de aparatos electrónicos.

A día de hoy todo el Butadieno que llega al mercado todavía se fabrica a partir del petróleo, “por eso lo más importante de este nuevo proceso que emplea biomasa es que nos va a permitir ser independientes de los precios del petróleo. Nosotros calculamos que podremos vender el kilo de butadieno a 1,6 euros frente a los 4,5 euros que prevemos costará el butadieno procedente de la industria petroquímica dentro de un lustro”. Biosyncaucho se encuentra actualmente en fase de pre-industrialización con una planta piloto que produce 220 kilos al año. Está previsto que a finales de este año se inicie la construcción de la planta semi industrial, con capacidad para producir 50 toneladas. La última fase arrancará en 2019 con la planta industrial que podrá comercializar 20 mil toneladas al año a partir de 2020. Esta cantidad supondrá el 5 por ciento de la producción mundial de 1,3-Butadieno, según los cálculos de Biosyncaucho. Su objetivo para 2025 es facturar 400 millones de euros anuales.

Residuos de remolacha “Es muy importante subrayar que los azucares que estamos utilizando no tienen uso alimentario”, insiste el responsable de la marca, para dejar claro que tampoco habrá una interferencia en los precios agrícolas, como ha ocurrido en el pasado con la utilización de otros cultivos para obtención de combustibles. “Además hay otros beneficios destacables, como la reducción de la huella de carbono asociada al proceso, que es sensiblemente inferior. Para empezar porque no hay que importar la materia prima. La tenemos aquí”. El trabajo y la investigación de esta empresa, radicada en Bilbao, está alineada con los esfuerzos de la Comisión Europea para desarrollar la denominada bioeconomía. El objetivo es reducir la alta dependencia que Europa tiene del exterior para conseguir las materias primas con las que abastecer su industria química. Nuestro continente es deficitario en materias primas fósiles y minerales, y el futuro pasa por encontrar y desarrollar fuentes renovables que además reduzcan el impacto ambiental de su uso.  Hay, por tanto, razones económicas, estratégicas y ambientales.

La planta industrial que Byosincaucho construirá en el País Vasco supondrá una inversión de unos 25 millones de euros. La empresa espera crear con ella 70 puestos de trabajo directos.  En este primer año de andadura de Biosyncaucho, más de un conductor amigo le ha preguntado a Jesús Torrecilla si va a notar algo distinto en la conducción por llevar neumáticos procedentes de biomasa. El sonríe y responde: “en absoluto. El caucho es el mismo. El cambio sólo está en el origen, y será para mejor”.

Nota: Biosyncaucho es una nueva empresa de base tecnológica que nace de TECNALIA y KEREON Partners. Su objetivo es el desarrollo de caucho a partir de materias primas renovables.

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