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5 iniciativas que cambiarán tu forma de ver los residuos

Zapatillas hechas con chicles de mascar, muebles fabricados con colillas de cigarrillo, casas hechas 100 % de plástico, azulejos producidos con partículas de CO2… Actualmente son muchos los inventos que nos invitan a entender los residuos de forma diferente, y muchos los jóvenes con talento que trabajan por reducir el grave problema de la gestión de residuos en todo el planeta. Algunos han ganado concursos de ecodiseño, como el premio global The Venture 2016 (Chivas Regal, NewYork) o el premio Innovación Ambiental de Viva Schmidheiny, mientras que otros, sencillamente, están empecinados en acabar con el concepto de basura o desperdicio a toda costa.

Como cantaba Julie Andrews en la mítica película Mary Poppins (1964), “con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, pasará mejor”. O lo que es lo mismo, con un poco de imaginación (y ganas de cambiar el mundo) esos residuos que no sabemos cómo reciclar podrían tener una segunda oportunidad mucho mejor que el vertedero.

Acabar con el concepto de desperdicio

A continuación recopilamos algunas de las soluciones más creativas para la gestión de residuos que hemos ido recogiendo durante estos últimos meses. La mayoría de ellas son curiosidades que no pasan de ser propuestas ingeniosas sin muchas posibilidades de ser desarrolladas a gran escala, pero que demuestran, en cualquier caso, que prácticamente todo es reciclable. Lo malo, asegura Tom Szaky, es que la mayoría de los productos que nos rodean son extremadamente complejos y están hechos de muy diversos materiales. “La basura no es una idea natural. El desperdicio es un concepto moderno que viene del consumo exacerbado (compramos mucho más de lo que necesitamos) y de productos fabricados con materiales demasiado complejos con los que la naturaleza no sabe qué hacer”.

Sin embargo, el problema del reciclaje de residuos es, casi siempre, de índole financiero. Procesar un residuo sale más caro que comprar la materia prima nueva. Desde el momento que se contrata a una persona para que seleccione las partes válidas del residuo, lo limpie, lo moldee y lo vuelva a procesar se encarece sobremanera el producto. Por eso, aunque el residuo sea barato, los costes de producción pueden aumentar hasta en un 200 % frente a los procesos convencionales.

Muebles fabricados con colillas de cigarrillo

Tom Szaky es el fundador de TerraCycle, una empresa de reciclaje privada con sede en EE. UU. centrada en dar una segunda vida a productos que aparentemente no pueden ser reutilizados, recogiendo objetos considerados como desechos para transformarlos en materia prima.

Uno de esos desechos son las colillas de cigarrillos que acaban en cunetas, aceras, parques o playas, contaminando suelos, ríos e incluso llegan a nuestros estómagos. La Organización Mundial da la Salud estima que cada año se desperdician alrededor de 4,5 billones de colillas. El problema de los residuos del tabaco es que contienen acetato de celulosa y cuando por fin se degradan liberan cientos de sustancias tóxicas; entre ellas, nicotina, arsénico, formaldehído y metales pesados.

La compañía TerraCycle los limpia, procesa y los convierte en plástico duro que luego utiliza para fabricar palés industriales y ceniceros. El granulado plástico resultante se mezcla con otros residuos plásticos y el material se vende como materia prima. “Sólo usamos ese granulado para aplicaciones industriales. No fabricamos productos al consumidor con este material, principalmente debido al estigma que pesa sobre las colillas”, se asegura desde la empresa.

TerraCycle se dedica al reciclaje de residuos de difícil tratamiento, como colillas de cigarrillos, ambientadores de plástico, toallitas, cápsulas de café, bolígrafos, cepillos de dientes y tubos de pasta dentífrica. Se financia a través de las donaciones que recibe por cada kilo de basura reciclada. El año pasado ingresó 20 millones de dólares (17,3 millones de euros). Compañías como Bimbo, Pepsi, Colgate-Palmolive o British American Tobacco ya se han aliado con TerraCycle para promover la cultura del aprovechamiento de recursos a través de la separación de la basura. La empresa opera en 26 países y también recoge residuos de particulares, empresas o escuelas.

Zapatillas hechas con chicles de mascar

Otro de los residuos habituales en las aceras, cunetas y parques de las grandes ciudades (y las no tan grandes) son los chicles. ¿Quién no ha mascado alguna vez un chicle por la calle y se ha encontrado en un determinado momento en la tesitura de tener que buscar un pañuelo o un tique viejo en sus pantalones para envolverlo y tirarlo a la papelera? La empresa holandesa Gumbudy propone reciclarlos. Para ello ha instalado tableros en centros comerciales, estaciones de tren y lugares especialmente concurridos de Ámsterdam, Róterdam y otras ciudades de los Países Bajos con el objetivo de darles un segundo uso en forma de zapatillas o ruedas de patines.

Las gomas de mascar o las colillas de cigarrillos son un problema ambiental subestimado en el mundo entero. Estos pequeños residuos tan cotidianos en nuestras ciudades tienen mayor impacto de lo que imaginamos: permanecen en el medio ambiente durante al menos 25 años y, cuando parecen haber desaparecido, se han fragmentado en diminutos trozos de plástico de menos de 5 mm de diámetro que conocemos  con el nombre de microplásticos. “Los chicles se han convertido en uno de los problemas más correosos cuando se trata de limpiar la ciudad, peor incluso que las colillas, ya que son 10 veces más difíciles y caros de eliminar”, aseguran los fundadores de Gumbudy.

En los últimos años han aparecido proyectos en diferentes países de Europa que intentan dar una salida a estas pegajosas chucherías que suponen un verdadero quebradero de cabeza para los servicios de limpieza en ciudades de todo el mundo.

En el año 2009, Anna Bullus funda Gumdrop, una compañía creada específicamente para convertir los desechos de goma de mascar en una gran cantidad de productos, desde botas de agua hasta fundas de teléfonos móviles, pasando por material de oficina. Entre ellos, cabe destacar la creación de una colección de zapatillas con suelas hechas a base de chicles recogidos en las calles. Estas zapatillas llevan en su suela un mapa de Ámsterdam, destacando la gran cantidad de chicles que se tiran al suelo cada año en esta gran ciudad y ayudando a crear conciencia sobre la basura de goma de mascar y su reciclaje.

Chanclas usadas que se transforman en obras de arte

En Kenia encontramos una empresa que contribuye a minimizar el problema de los residuos en las playas del océano Índico y al mismo tiempo crea empleo en un país con una economía muy devaluada que obliga a cientos de miles de ciudadanos a emigrar año tras año. La empresa se llama Ocean Sole y se dedica a crear esculturas con chanclas usadas (que pueden adquirirse en su página web).

Inspirada por los juegos de  los niños con sandalias fuera de uso, Julie Church, la fundadora de Ocean Sole, alentó a sus madres a recolectar, lavar y cortar las chanclas desechadas en productos coloridos para venderlos en los mercados locales de Kenia como objetos de decoración y obras de arte.

Así empresa la actividad de esta empresa de marcado carácter social que en la actualidad impacta positivamente a más de 1.000 kenianos a través de la colección de chanclas y empleo directo, proporcionando ingresos constantes a casi 100 kenianos de bajos ingresos. Su objetivo es llegar a reciclar un millón de chanclas al año, lo que supone una tonelada de espuma de poliestireno al mes y salvar más de quinientos árboles al año, utilizando chanclas en lugar de madera. Además, contribuyen con un 10 % de sus ingresos a la limpieza de playas, programas vocacionales y educativos, así como a los esfuerzos de conservación de las costas en Kenia.

Casas hechas 100 % de plástico

El arquitecto colombiano Oscar Andrés Méndez ha desarrollado un sistema de construcción de viviendas pensado para que cualquier familia pueda construirse su propia casa en tan solo cinco días, sin experiencia, ni conocimientos previos.

 “Queremos fomentar la adecuada eliminación de los plásticos y transformarlos en soluciones a problemas sociales”, asegura Oscar Andrés Mendez que cuenta con aliados tan solventes como Unicef, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) o Dow Chemical Company, una de las empresas químicas más grandes del mundo.

El precio de una vivienda se calcula por kilo de plástico procesado y no por metro cuadrado, por lo que una casa de 40 m2 puede costar en torno a unos 4.500 euros aproximadamente. Los ladrillos se fabrican inyectando el plástico fundido en un molde prefabricado hecho a base de bloques. La unión es similar a un juego de piezas LEGO, un sistema de montaje sencillo que facilita la construcción de viviendas.

El resultado son viviendas muy resistentes a los roedores, el agua y el fuego y que son óptimas a nivel de confort  térmico y acústico además de ser resistentes a terremotos de hasta 9,5 grados. Gracias a este sistema se reduce el volumen de residuos plásticos que llegan a los vertederos, así como el consumo de agua y de energía.

Azulejos hechos con partículas de CO2

Carbon Craft Design es una empresa de innovación de materiales con sede en Mumbai (La India) que comienza su andadura en 2016 con el firme propósito de ofrecer soluciones a los graves problemas de contaminación del aire en las principales ciudades del mundo a través de la arquitectura. Su creador, Tejas Sidnal, es el responsable de un nuevo y revolucionario producto que captura las emisiones de carbono del aire para convertirlo en baldosas y azulejos de uso constructivo.

El autor de este innovador material asegura haber encontrado en la polución un recurso para construir azulejos de diseño: “somos un grupo de arquitectos e ingenieros que desarrollan productos fabricados con partículas de carbono para las demandas de construcción del mundo contribuyendo, al mismo tiempo, a mitigar la contaminación del aire a gran escala”.

Todo comienza cuando Tejas Sidnal se cruza con la statup norteamericana Air-Link que cuenta con una patente industrial de captura de CO2, eliminando la toxicidad de metales pesados y partículas cancerígenas del hollín o el carbón: “45 minutos de emisiones contaminantes de un coche se transforman en unos 28 gramos de tinta Air-Ink”, afirma el fabricante.

Ahora, Tejas ha trasladado el descubrimiento de Air-Link al mundo de la arquitectura con el diseño de unas baldosas que combinan partículas de CO2 con una mezcla de fragmentos de mármol y polvo para la fabricación de una gama de azulejos que contribuye a satisfacer la demanda de la industria de materiales de construcción de una manera ecológica. “Una baldosa de Carbon Tile corresponde a un día de aire limpio para una persona”, anuncia como reclamo en su página web.

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