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Estos son los alimentos que perjudican seriamente a la salud… del planeta

Los expertos en nutrición no dejan de advertirnos: es necesario llevar una alimentación sana para garantizar nuestra felicidad. Pero los especialistas en sostenibilidad también nos avisan. Algunos de estos alimentos aparentemente saludables para nuestro organismo son un auténtico cáncer para el planeta. Especialmente en tiempos de emergencia climática.

Aprovechando que hoy celebramos el Día Mundial de la Alimentación, veamos cuáles son esos productos que no deberían estar en nuestra cesta de la compra.

Carnes industriales: No se trata de hacerse vegetariano, pero sí es necesario saber que el impacto ambiental de la industria cárnica española no para de crecer. Un 27% en menos de dos décadas, según Greenpeace. A la cabeza está el cerdo, que junto con el pollo se han convertido en las proteínas más consumidas y baratas del mercado. Porque no pagamos sus daños ambientales, claro está. Si se tuviese en cuenta lo que contaminan los purines, el impacto de alimentar a los animales con soja y maíz transgénico procedentes de lugares remotos, lo mal que viven (y mueren) o el pelotazo de tantos medicamentos como reciben a lo largo de su desgraciada vida, el precio real debería de ser astronómico. Pero hay alternativas. La más sencilla es apostar por carnes de cercanía, a ser posible en extensivo, esas que viven en el campo con su pastor. Y si es en ecológico, todavía mejor. Además de consumir unos productos de calidad excepcional ayudaremos a mantener un mundo rural vivo.

Pescados piratas: Como con la carne, no todos los pescados son iguales. Cada vez se pesca más en unos mares y ríos donde cada vez hay menos que pescar. El sello azul del MSC (Marine Stewardship Council) nos ayuda a elegir los procedentes de una pesca sostenible, artesana y bien gestionada, frente a los obtenidos por auténticos piratas sin escrúpulos. Y así lo hacemos. Según revela un estudio encargado por esta misma organización, la elevada preocupación por el estado de nuestros océanos está impulsando una nueva ola de activismo de consumo en donde, cada vez más, los consumidores tienden a “votar con el tenedor” para proteger nuestros mares.

Aguacates indigestos: Se han convertido en una obsesión culinaria global. Un “oro verde” que está provocando graves problemas ambientales en países como México, al arrasar bosques naturales donde vivía la mariposa Monarca y consumir ingentes cantidades de agua. Fíjate siempre en su procedencia. Apuesta por aguacates españoles, como los malagueños, granadinos o los de Canarias, estos últimos deliciosos pues provienen de pequeñas fincas familiares.

Aceites que fríen los bosques: El aceite de palma y sus derivados industriales son una desgracia para las selvas tropicales. Son responsables de la deforestación de países enteros como Indonesia o Malasia, la casa de especies tan amenazadas como el orangután. Sus grasas saturadas tampoco lo hacen muy recomendable si queremos huir del colesterol. Pero es el más utilizado en el mundo. Lo consumimos sin saberlo en fritangas de bares y en la bollería industrial, así que ya sabes, exige siempre aceites más amables como oliva o girasol.

Kiwis de las antípodas: Esta fruta es rica en vitamina C, y por lo tanto muy beneficiosa en tiempos de resfriados, pero ojito con su origen. Los saludables para el planeta son nuevamente los que no han dado la vuelta al mundo para llegar hasta nuestra mesa. Olvídate de los de Nueva Zelanda. Busca los atlánticos, cultivados con mimo (y poca química) en Galicia, Asturias, Cantabria, Navarra o el País Vasco. Opta siempre por fruta de temporada y proximidad.

Chocolate y café negrísimos: No faltan en una sobremesa. Por eso es tan importante apostar por la sostenibilidad de su producción, tanto ambiental como social. Los sellos de Comercio Justo y del Rainforest Alliance, el de la rana, son siempre una garantía.

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