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El artista que denuncia la invasión de plásticos hasta en ‘la Puerta del Cielo’

En nuestra serie de artistas que piensan en verde, despedimos este año raro con el fotógrafo y cineasta mexicano Alejandro Durán, que justo en enero de este año daba una exitosa charla TED sobre su iniciativa ‘Washed Up’ y que la pandemia de la covid-19, que ha azotado con especial virulencia su país, interrumpió abruptamente. El estudiado conjunto de proyectos relacionados con esta obra a largo plazo trata de concienciar sobre la contaminación de los océanos. Conozcamos su trabajo en ‘la Puerta del Cielo’, tan estético como impactante, que lleva años recibiendo reconocimientos alrededor del mundo.

A medio camino entre el reciclaje y el land-art, la obra del artista plástico Alejandro Durán  nos invita a reflexionar sobre la manera en la que nos relacionamos con los desechos, nos conduce a través de la expresión artística a pensar dos veces antes de entrar en el bucle despilfarrador de usar y tirar. A que nos planteemos día a día la importancia de la reducción, reutilización y reciclado de lo que consideramos residuos, pero en realidad es materia prima. Vamos, el eje central de lo que aquí escribimos.

A lo largo de una década, Durán ha convertido un paradisiaco lugar mancillado en una sirena de alarma. Nos referimos a la playa virgen de Sian Ka’an, que en lengua maya quiere decir Puerta del Cielo (entiéndase ahora el titular de este artículo), en la costa caribeña del Estado de Quintana Roo (México) (para situarnos, el mismo Estado donde se localiza Cancún). Sian Ka’an es un bellísimo lugar catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace más de 30 años. Alberga un ecosistema de humedales muy peculiar, los llamados petenes, que consisten en unas masas de árboles que a partir de las praderas en torno a los pantanos pueden erguirse hasta 30 metros, algo que solo puede contemplarse aquí, en Cuba y en Florida. 

Atraído por su belleza natural, allí se dirigió Durán –tan sensible a aprehender lo sorprendente en imágenes estáticas o en movimiento– en 2010; se quedó de piedra, impresionado por la avalancha de residuos plásticos, los recolectó y catalogó, y vio que procedían de 58 países de todos los continentes; avalancha plástica que daña este territorio en teoría idílico, sus ecosistemas, su biodiversidad. Una prueba elocuente de cómo el impacto del consumismo humano no respeta ningún rincón del planeta y se expande como una verdadera plaga.

Con esos desechos –el artista recogió casi 800 kilos–, Durán creó inquietantes composiciones sobre el terreno, increíbles montajes en escenarios naturales (site-especific se llaman en la jerga artística) para convertir al espectador en cómplice de esos residuos sin control. Una obra muy plástica, en todos los sentidos de esta palabra. Así lo explica en su web: “Más que crear un paisaje surrealista o fantástico, estas instalaciones reflejan la realidad de nuestra situación ambiental actual; la serie fotográfica resultante representa una nueva forma de colonización por el consumismo, donde incluso la tierra no desarrollada no queda a salvo del impacto de largo alcance de nuestra cultura de productos desechables”.

Iba así tomando cuerpo Washed Up: Transforming a Trashed Landscape, un proyecto de instalaciones land-art (efímeras) y fotografías concebido a largo plazo, con muchas ramificaciones. En su charla TED, del pasado enero, expresaba su firme decisión de seguir dando continuidad a esta iniciativa para concienciar sobre el enorme problema que supone que más de ocho millones de toneladas de plástico acaben vertidas cada año en los océanos. El artista habla de la enorme contradicción que supone que muchos de esos residuos pertenezcan a envases de productos que fueron creados para la limpieza y la belleza. Y explica que llegó a encontrar hasta una pierna ortopédica. Y también podemos ver incluso algún pequeño neumático.

Con esta obra “efímera de carácter medioambiental”, Durán pretende “contar lo que está sucediendo con nuestro medioambiente y dar visibilidad a lo invisible”.  El artista ordenó los residuos plásticos por colores –como curiosidad, decir que el predominante era el azul– para formar estéticas composiciones que, primero, constituyeron obras de land-art y luego tuvieron vida más duradera en forma de fotografías (un poco al estilo del brasileño Vic Muniz, que también ha pasado por aquí, por Signus Ecovalor ). Nunca pintó ni retocó esos desechos, sí los limpió. Así, con esta paradójica presentación estética nos está desvelando lo horrible de esta contaminación. Lo feo hecho bello para revolvernos por dentro ante tanta superficialidad. Los restos blancos incluso pueden parecer conchas y caracolas. Los residuos verdes, cuidadosamente colocados, dan la impresión de un natural manto de algas. Los despeluchados cepillos de dientes, los brotes de un huerto multicolor. Nada más lejos de la realidad. Bellas composiciones del horror en un paraíso natural mancillado para concienciarnos.

A partir de esa primera acción, y con esa trash collection, como él la llama, Durán ha seguido trabajando con comunidades autóctonas en diversos proyectos y talleres en torno al arte, el reciclaje y la ecología, la relación del ser humano con la naturaleza. Luego ha llevado las fotografías por centros artísticos de diversos países, acompañadas de esas basuras: así, las dos dimensiones de las fotos de gran formato se ven rebasadas por esos residuos que forman esculturas que parece que salen, se escapan, de la fotografía. “Este proyecto me ha cambiado, me ha hecho más consciente de mi conducta y quiero que sirva también para concienciar a los demás”.

A menudo, los que nos dedicamos a escribir de medioambiente explicitamos la necesidad de contar el reto de cuidar nuestro planeta variando los lenguajes, haciendo más emocional nuestra comunicación. Y eso es justamente lo que tan bien hace Alejandro Durán. Mediante estas obras, consigue despertar en el espectador que no está habituado a temas ambientales la noción de impacto ecológico. La imagen resulta muy plástica, y más si la trabaja, como hemos dicho, con las comunidades locales.

Alejandro Durán nació en Ciudad de México en 1974; en la actualidad reside a caballo entre Nueva York y Sian Ka’an, donde hasta la llegada de la pandemia quería seguir dando continuidad a su proyecto, que ya ha sido mostrado y reconocido con importantes premios en países como Japón, Alemania e Italia, y ha sido recogido en libros como Art & Ecology Now, Unexpected Art y Photo Viz, y en publicaciones como Time y National Geographic. Precisamente, para terminar, nos quedamos en lo que esta última y prestigiosa revista ha dicho de él:

“Ver un tramo tan hermoso de la Tierra cubierto de basura resultó impactante y triste”, dice Alejandro Durán. Es un área protegida, pero Durán explica que las corrientes oceánicas y los itinerarios de las tormentas tropicales llevan basura de todo el mundo hasta las costas de Sian Ka’an. “Hasta ahora he identificado productos de 53 países de todos los continentes”, dice el artista. Por el aislamiento de la reserva y la falta de infraestructura, resulta más difícil limpiarla que otras áreas cercanas. “Cuando se limpia”, dice, “no se garantiza que llegue más basura al día siguiente. Limpiar la playa es, literalmente, una tarea de Sísifo”.

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