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Así es Susana Sanromán, la artista del impactante vídeo ‘En Tránsito’ para SIGNUS Actúa

Fotógrafa, videoartista y ‘performer’, la gallega Susana Sanromán enfoca sus últimos trabajos en el impacto de las sociedades materialistas y consumistas en el medio natural. Crea imágenes para reflexionar sobre un futuro plagado de incógnitas que se nos está echando encima. En esa línea encontramos el vídeo ‘En Tránsito. Geometrías en suspensión’, creado en colaboración con el programa SIGNUS Actúa y que fue presentado en el festival coruñés Mar de Mares el pasado mes. Es nuestra invitada de octubre en la serie ‘artistas que piensan en verde’.

A Susana Sanromán es fácil y difícil hacerle una entrevista, porque tal es el entusiasmo que siente y muestra por su trabajo, sus obras, su arte, que bastan tres preguntas para que ella se explaye y pueda estar hablando una hora. Y eso que la mañana en que quedamos para hablar por teléfono, ella desde Galicia, yo en la costa gaditana –ambos huyendo, ella de Londres, yo de Madrid, del caos en que este virus ha convertido las grandes ciudades–, reconoce que está espesa con las explicaciones y las palabras, que le vienen y salen en inglés. Desde 2001 vive en Londres, aunque esta pandemia con su confinamiento primaveral le pilló en su tierra, Galicia, y ahí ha decidido quedarse al menos este año.

“Estuve un mes y medio de bajón total. De repente veía cómo todo se caía. Pero ahora estoy súper positiva. He decidido no preocuparme, cancelarlo todo al menos hasta enero y hacer cosas para las que no tenía tiempo, como montar mi estudio, y disfrutar de la naturaleza. Pararme y pensar. A veces está bien parar para recapacitar. Hacer introspección. Revisar proyectos y crecer. Algo para lo que antes nunca teníamos tiempo. Y también viene bien. Tiendo a pensar que las cosas suceden por algo. En lo profesional 2020 ha sido un desastre, pero en lo personal no, en lo personal yo creo que ha sido bueno”.

Traemos a Susana Sanromán a este espacio de Signus Ecovalor aprovechando el vídeo que realizó en septiembre para el festival coruñés Mar de Mares , que del 24 al 27 de septiembre celebró la vida de los océanos desde perspectivas culturales y artísticas. En colaboración con SIGNUS y su programa SIGNUS Actúa, Sanromán realizó el vídeo En Tránsito. Geometrías en suspensión en torno a la recuperación de neumáticos para que no se conviertan en basura. Pero el interés de esta artista por la manera de estar del ser humano y el impacto que ocasiona en el planeta ya le venía de mucho antes. De hecho, si la buscas en Internet, rápidamente te la centran: “artista visual que genera imágenes para reflexionar, para reflexionar sobre el futuro”.

‘En Tránsito. Geometrías en suspensión’

“Siempre me atrajeron los neumáticos, porque vengo de una familia de gente de mar y los neumáticos se usaron siempre mucho en los barcos, como protectores. Además, había participado en dos ediciones de Mar de Mares. Así que todo encajaba. Desde SIGNUS me contactaron porque querían documentar un trabajo de limpieza de mar, pero con la pandemia los problemas logísticos eran enormes, así que decidimos conjuntamente realizar una pieza más artística. Primero iba a ser una performance, con público, pero eso también generaba problemas. Así que finalmente optamos por hacer En Tránsito. Geometrías en suspensión, un vídeo en la nave de almacenamiento de neumáticos fuera de uso (NFUs) en Lalín [la planta que tiene Sertego, recogedor para SIGNUS, gestor de más de 3.000 puntos generadores de NFUs en Galicia, destino de más de un millón y medio de neumáticos usados cada año]. Yo siempre he estado obsesionada con la acumulación de basuras, como te decía, así que todas las piezas iban encajando. Partimos de esa idea de acumulación y de que yo iba recogiendo, pescando (de ahí la red) esos neumáticos, que no veas cómo pesan, y yo misma me iba transformando en un neumático. Estuvimos rodándolo un sábado de 10 a 4; acabé agotada, todavía no sé cómo no me hice más daño”.

Y sí, Susana termina convertida en una especie de alien neumático. Efecto que, unido a una música muy cinematográfica y apocalíptica, como de película futurista o de informativo en el huracán de la pandemia, nos puede transportar a mundos cercanos a las películas Mad Max.

Susana Sanromán nació en 1976 en A Coruña. Por presión familiar, como ella misma reconoce, estudió Empresariales. Pero pronto se dio cuenta de que eso no era lo suyo. “Y busqué la felicidad en algo más creativo”. Estudió fotografía en Barcelona y Londres, ciudad esta donde instaló su residencia en 2001. “Siempre, desde los 17 años, me gustó viajar y experimentar sensaciones nuevas. En Londres descubrí un ambiente muy abierto, conocí gente, artistas, que me hicieron sentir bien, ver que allí había posibilidades de desarrollar mi parte artística y me quedé”.

Con quien más congenió fue con Tom Hunter , el famoso fotógrafo británico de historias humanas que dignifica la vida de la gente anónima, que fue su profesor y del que luego se convirtió en su asistente durante tres años. Algo que quiere subrayar por todo lo que aprendió con él. “Tenía muy claro que quería hacer de la fotografía mi vida”.

El impacto del materialismo y el consumismo

De la fotografía al videoarte y a la performance, en una línea que ha fluido en su trayectoria con mucha naturalidad, ya que, frente a la fotografía que capta y detiene un instante, a Sanromán le interesa por encima de todo el proceso. Y con unos andamios creativos muy claros desde sus veintitantos años.

“Yo he estado siempre muy interesada por la condición humana, por el materialismo y el consumismo que tanto definen al ser humano en nuestra época. Por lo que hoy significa tener éxito en la vida, algo demasiado enfocado a lo material. Yo, sin embargo, siempre he preferido la libertad, poder hacer lo que quería, a tener una estabilidad económica. ¿Qué es triunfar en la vida? Para muchos, tener cosas. Cosas. ¿Eso es triunfar en la vida? Yo no me considero una persona materialista; para mí la libertad es lo que me aporta felicidad. En el llamado primer mundo tenemos muchas más cosas de las que necesitamos, y no sabemos, o no hemos sabido, disfrutarlas. Estamos constantemente bombardeados por reclamos para que consumamos y hemos caído en un consumismo desaforado, una auténtica fiebre social. Eso es lo que me interesó captar desde el principio”.

A ese enfoque responde uno de sus trabajos más conocidos, la serie The things we leave behind (las cosas que dejamos atrás), en la que muestra escenarios con basura acumulada tras el abandono de actividades productivas, subraya su impacto y la necesidad de su reciclaje.

“Mis primeros proyectos se centraron en los contrastes desde un punto de vista mas histórico, de cómo todas las civilizaciones han conocido un nacimiento, un auge, una decadencia y una destrucción. Es el ciclo vida / muerte. Me atraía constatar ese germen autodestructivo que llevamos como especie. Luego empecé a interesarme por la relación, más que relación tensión, urbe / naturaleza. Se dice que los humanos vamos a destruir el mundo. No, para nada. Los humanos vamos a destruir el mundo humano. La Tierra sabe bien cómo cicatrizar sus heridas, nos quitará de en medio y ella seguirá. La naturaleza siempre retoma su pulso. Nos creemos el ombligo del mundo y lo que estamos destruyendo es nuestro mundo. Y de todo eso sale mi interés por la huella humana en el medioambiente, el impacto de nuestro consumismo desaforado, bueno, de las sociedades de los países desarrollados. Y, aparte del impacto de los plásticos, muy visual, últimamente también me interesa mucho el aumento exponencial de la e-waste…, me sale en inglés…, la basura electrónica. Ah, y los restos de producción de los mataderos”.

Del cambio climático al aislamiento social

Pura vitalidad, Sanromán ha cogido carrerilla y no hay quien la pare.

“Ahora estoy centrando mi interés en el agua. Es mi nuevo proyecto. Un acercamiento al cambio climático y la contaminación a través del agua, y siguiendo tres líneas: la invasión de los plásticos en los océanos, la desaparición de territorios por la subida del nivel del mar y el deshielo de los casquetes polares. Y sin hablar del futuro, porque son realidades ya muy próximas o presentes. Y siempre colocando la figura humana en el centro, no sirviéndome de animales para expresar el impacto, que ya se han visto muchas imágenes así, sino humanos. Es un proyecto que comencé hace dos años. Y las dos primeras partes ya están hechas. La primera refleja humanos atrapados en plásticos. La segunda la realicé en Indonesia, donde ya hay muchas zonas costeras e islotes sumergidos bajo el agua. Estaba preparado todo para llevar a cabo la tercera parte este otoño en Groenlandia, pero, claro, con la covid-19 se ha suspendido todo. Llevaba dos años entrenándome para bucear, que no tenía ni idea, y bucear bajo hielo, que es peligroso. Esta tercera parte lleva una logística muy complicada, de permisos, transporte, alojamiento… En Groenlandia es todo carísimo. Y los patrocinadores con que contaba se han caído por el momento. Espero poder hacerlo el próximo mes de septiembre. Porque allí no puedes ir en cualquier mes, por las condiciones climatológicas y del agua y del hielo. Hay que ir en marzo o en agosto/septiembre”.

“He cancelado y recancelado tantas cosas que ahora mismo me he ido al campo y hasta enero no pienso hacer ningún plan. Ahora me he centrado en otro proyecto que había comenzado antes de todo esto, en enero, sobre los efectos del aislamiento social. Fíjate, como un presagio… Ahora me he centrado en esto, porque con los problemas que hay de movilidad, es el que veo más viable. Yo soy muy positiva y busco adaptarme a lo que hay. Este año ya lo doy por perdido. Así que me he centrado también en montar mi estudio en el campo. Que me encanta trabajar con las manos, hacer cosas con las manos. De carpintería y albañilería. Y es que, mira, es imposible controlar lo incontrolable, así que me relajo; sé adaptarme”.

¿Y con esta vuelta a casa qué has descubierto de Galicia en ti? “Mira, cuando era joven no la apreciaba nada, toda esa carga tan rural; tras viajar mucho por todo el mundo, me he dado cuenta de que es un paraíso. A siete minutos tienes bosques y montañas y playas formidables. Yo era muy urbanita, bueno, y me siguen encantando las ciudades, pero desde los 30 años he aprendido a disfrutar de la naturaleza, y ahora aprecio muchísimo despertarme por las mañanas con el canto de los pájaros”.

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