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Cómo hacer magia con la basura

En mayo os trajimos aquí las ilusiones ópticas de otro gran artista, Johannes Stötter. Nuestro artista de hoy, Tom Deininger, también juega a engañar a nuestros ojos. ¡Y vaya si lo consigue! Con precisión de relojero suizo. Qué mejor para estos tiempos de ‘nueva realidad’ en los que nada es lo que parece, y todo hay que mirarlo desde diversos ángulos.

Su cuenta de Instagram (@tdeininger), con 100.000 seguidores, es un maravilloso espectáculo. Esculturas/collages/instalaciones (todo eso son) repletas de ironía, creatividad sin fin, ocurrencias, extraordinario sentido del humor y del color, a partir de pequeños objetos desechados. ¿Cuándo dejaremos de llamar residuos a tantos residuos que no lo son, sino materia prima de posibilidades múltiples?

Arte con «basura» y crítica social

Y no deja de lado la crítica social. En el pie del vídeo colgado recientemente en Instagram de una de sus obras más emblemáticas, una bandera de Estados Unidos, Deininger señala que contiene “momentos de orgullo y de vergüenza”, como la historia del país, como la historia de su propia vida. En otra de sus esculturas, realizada a partir de decenas de juguetitos de plástico ensamblados (por favor, no podéis dejar de verlo, es la entrada del pasado 17 de junio), ensalza a un colibrí frente a la estupidez del que se considera la ‘primera especie’, el humano. Y en este vídeo podemos apreciar bien tanto su proceso creativo y su taller como su concienciación con la contaminación del planeta, sobre todo por los millones de toneladas de plásticos que acaban en nuestros océanos.

Deininger no se ha mostrado ajeno a las movilizaciones contra el racismo en la represión policial en Estados Unidos ni, por supuesto, a la pandemia. En mayo señalaba: “A veces tendemos a olvidar que nosotros somos, a fin de cuentas, extensiones de la naturaleza, y que todo lo que hacemos los humanos es una extensión del mundo natural”.

Revoltoso, imaginativo, juguetón

Tom Deininger tiene el punto de locura justo para ser un gran artista. Revoltoso, imaginativo, juguetón como un niño. Y obsesivo. Perfeccionista con sus esculturas; confiesa que les da mil vueltas hasta que las da por terminadas (y a menudo no las considera finalizadas del todo, siempre hay algún detallito que añadir). Sí, se obsesiona con los más diminutos detalles. No hay más que ver los vídeos. Impresionantes sus esculturas de pájaros, peces o insectos que, vistas de frente, en la distancia parecen coloristas pinturas… bonitas, figurativas, incluso hiperrealistas, pero sin más; sin embargo, nuestros ojos nos engañan, pues al enfocarlas desde los laterales, podemos observar el inmenso y original trabajo que contienen: un universo de pequeñas piezas de plástico meticulosamente ensambladas en un ejercicio loco de perspectivas… y enooorrrme paciencia.

Recientemente la revista ‘Northern Woodlands’ le dedicaba un artículo que comenzaba así: “Thomas Deininger es un artista, un conservacionista y un iconoclasta. Sus grandes ensamblajes a menudo rompen con todas las premisas del arte tradicional de una manera tan abierta como seductora. A través de un decidido empleo de materiales nada convencionales –desechos– en conjunción con una iconografía que nos resulta familiar, pone patas arriba nuestras ideas preconcebidas sobre el arte y la belleza”.

Juguetes rotos que se transforman en pájaros

Tom usa juguetes rotos, viejos discos de vinilo, cables y alambres, trozos de tela, para componer imágenes que nos resultan cercanas, familiares. A partir de juguetes tirados a la basura, muñecas destrozadas y mutiladas, soldaditos de plástico desechados… lo mismo te compone un bello paisaje otoñal que una espectacular top-model, o reproduce un lienzo impresionista de Monet, lleno de juguetitos y peluches amarillos, entre los que, claro, no podían faltar los Bob Esponja (¿quién nos iba a decir que a partir de un Bob Esponja podríamos llegar a un Monet?).

Parte de lo que ya no nos gusta, de lo que despreciamos y desechamos como ‘basura’ –produce verdadera lástima ver como basura esas princesitas Disney o esos héroes de Toy Story que tantas ilusiones debieron levantar–, para componer aquello que sí nos agrada, que lo asociamos con la belleza y que consideramos digno de cuidar y conservar: un colibrí, un bello cuerpo humano, un bosque en otoño, un mar con olas (Tom es un apasionado surfista). Crea así una contradicción interna que nos haga reflexionar. Reflexionar sobre nuestro consumismo dislocado y su letal efecto sobre el planeta. Él ve esa tensión entre lo que consideramos basura y lo que percibimos bello como una representación del ritmo estresante y del contradictorio mundo en el que vivimos, y que tanta ansiedad nos genera.

Señala ‘Northern Woodlands’: “El trabajo de Deininger es serio y nos conduce a algunos de los asuntos medioambientales más importantes, pero debemos considerarlo también como obras maestras. Son obras con un mensaje claro, pero cada escultura no busca solamente enviarnos un contenido moral, sino que cada pieza está llena de sabiduría, técnica y energía artística. Redefine el término de juego visual y nos hace creer que una obra tridimensional es una imagen en dos dimensiones”. Es decir, justo lo contrario de lo que persiguen la mayoría de los artistas: que las pinturas, el 2D, produzcan un efecto 3D.

A quienes reivindican se les tacha de ‘progres’, ‘hippies’ o ‘abraza-árboles’

La revista ‘Ethic’ le dedicó recientemente una entrada en la que podíamos leer: “Cuando hablamos sobre su faceta de activista, ironiza diciendo que a veces a quienes reivindican se les tacha de ‘progres’, ‘hippies’ o ‘abraza-árboles’.  Pero Tom Deininger nos demuestra desde hace años que su arte está por encima de los prejuicios y las etiquetas”.

Y cuando la revista ‘Insider’ le preguntaba por su proceso de trabajo, él contestaba así: “Me lo preguntan a menudo, cómo comienzo estas obras; me parece interesante destacar que todo comienza con un dibujo. Es un poco como la búsqueda del tesoro a partir de cualquier material que pienso que puede funcionar. Es una especie de danza entre tomar lo que tienes a tu alrededor y a partir de ahí buscar la perfección”. En otras entrevistas, Deininger ya ha explicado que todo le viene desde pequeño, cuando le gustaba mucho dibujar y en vez de divertirse con los juguetes, prefería componer cosas distintas a partir de ellos. Y ha aclarado que encuentra inspiración desde las imágenes que envía el telescopio espacial Hubble a la basura que se encuentra esparcida por las calles. Sí, se confiesa como un “promiscuo visual”: “Intento mirarlo todo y no juzgar la belleza desde una jerarquía de valores o a partir del origen del que proceden esos materiales, es casi un concepto budista”.

Y en una entrevista para esa caja de resonancia de maravillas culturales que es ‘This is Colossal’, Tom explicaba: “Me gusta trabajar con todo tipo de materiales. Es lo que realmente me divierte. Sobre todo lo que es la apropiación de un objeto para darle una función distinta a aquella para la que fue pensado. Es así como funciona la evolución. Una serie de mutaciones que ayudan a la supervivencia y que finalmente termina definiendo nuevas especies. Algunos de los mejores inventos y descubrimientos se han producido por accidente mientras se estaba trabajando en intentar solucionar otros problemas”.

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