fbpx
SostenibilidadTecnología

¿Cómo una criptomoneda, totalmente digital, como el Bitcoin puede ser contaminante?

Persona introduce una moneda bitcoin en el bolsillo de pantalón

Acapara titulares diarios. Bitcoin es uno de los activos de inversión del momento. Aunque no es la única criptomoneda, sí es la que tiene un valor superior y la que ha generado algunos nuevos millonarios. Desde su nacimiento, en el año 2009, su valor no ha parado de crecer. Tan sólo en el último año Bitcoin ha pasado de cotizar en los 8.610 euros a valer más de 40.000. Pocos valores, por no decir ninguno, de las principales bolsas ofrecen esta rentabilidad tan a corto plazo. Pero detrás de ese espectacular crecimiento, en el que los especuladores colaboran de forma importante, hay un lado oscuro: Bitcoin y algunas de las principales criptomonedas, son uno de los elementos del mundo tecnológico que más contaminan.

¿Cómo una criptomoneda, totalmente digital, como el Bitcoin puede ser contaminante? Para comprender la razón lo primero es saber cómo se fabrica un Bitcoin o una criptomoneda de las más conocidas.

Explicado de forma sencilla, el Bitcoin se basa en tecnología blockchain o cadena de bloques, por el que desaparece el intermediario (un banco, por ejemplo) y por el que varios nodos (o usuarios) son los que se encargan de verificar las transacciones y validarlas. Cada operación queda registrada en un bloque y de esa operación se informa al resto de nodos. Es decir, blockchain es el libro de contabilidad donde quedan apuntadas todas las transacciones.

Ahora, los bitcoins no aparecen de la nada. De hecho ya están todos desarrollados. Porque Bitcoin es finito. Sólo hay 21 millones de bitcoins. No puede haber más. Lo que sucede es que desde que nació, cada Bitcoin está encriptado, y para desencriptar cada uno de ellos es necesario resolver un complejo problema matemático. Para ello se necesita tener una gran potencia de cálculo. Y no, usando sólo el ordenador de tu casa no podrás hacerlo.

Centro minero de bitcoins

Es aquí donde aparecen los denominados mineros. Estos mineros son los encargados de resolver ese problema matemático que permitirá extraer ese bitcoin. El primero que lo consiga es el que se llevará el premio gordo, esto es, el que ahora mismo se llevará esos más de 40.000 euros que vale cada Bitcoin.

Nada sostenible

La clave, por tanto, se encuentra en la potencia de cálculo. Se necesitan muchos mineros para desencriptar bitcoins y resolver cada acertijo matemático. Es decir, es necesario tener muchos ordenadores y servidores trabajando de forma conjunta durante las 24 horas del día para poder extraer la famosa criptomoneda. Y eso genera mucha demanda eléctrica y por tanto, muchas emisiones.

Es sorprendente que cuando la mayoría de las empresas y organismos públicos están transformando sus centros de datos y estableciendo fórmulas para reducir su consumo energético y ser más sostenibles, una criptomoneda como el bitcoin, contamine y lo haga de forma tan alarmante. Lo peor es que ese consumo va a seguir subiendo cuando ahora mismo supera los 100 terawatios/hora. El índice Digiconomist ofrece algunos datos que demuestran el nocivo poder del Bitcoin para el medio ambiente. Por ejemplo, la huella de carbono que se genera por minar Bitcoins es similar a la que genera Singapur o a la que se produce tras ver 88.725 horas de vídeos en YouTube. El consumo de energía es el mismo que el que hace la totalidad de la población de los Países Bajos. Si el Bitcoin fuera un país, se situaría en el puesto 34 en consumo energético. Más datos: minar Bitcoins supone el 2,7% de la energía que se consume en EE.UU. o el 35,8% de la consumida en todo el Reino Unido. No sólo eso, sino que el consumo energético de extraer bitcoins serviría para abastecer casi dos veces la demanda de energía de la República Checa.

Bitcoin como núcleo de un microchip

Así que si hay una tecnología nada sostenible, esa es el Bitcoin. Pero el problema no es sólo el impresionante nivel de demanda energética que se necesita, sino que la gran parte de esa electricidad proviene de fuentes no sostenibles. Esto es debido a que la mayoría de las instalaciones para minería de criptomonedas como el Bitcoin se encuentra en países como China, donde la sostenibilidad y la preocupación por el medioambiente están en un segundo plano. Además, el coste de la energía en esos países es más barato, precisamente porque su base para obtener electricidad se basa en un mineral fósil como el carbón.

¿Y por qué no se usan energías renovables? Básicamente porque no se puede. Minar Bitcoins requiere de un trabajo constante y de tener un flujo estable de energía. Las energías renovables no garantizan un flujo constante de energía ya que dependen de factores externos. Así que los mineros del Bitcoin, sí podrían aprovechar cuando hay un exceso de energía renovable, pero cuando ese nivel desciende tienen que recurrir a energías no renovables, ya que necesitan tener constantemente electricidad para poder minar las criptomonedas.

El Bitcoin en tela de juicio

Ante este panorama ya son muchas las voces que ponen en tela de juicio la viabilidad del Bitcoin en un mundo cada vez más preocupado por la salud medioambiental. Muchos analistas consideran que la criptomoneda no es más que un mero instrumento especulativo caracterizado sobre todo por su volatilidad y piden que no se le de tanta publicidad ya que parece que cualquiera que invierta en Bitcoins se va a convertir en millonario de la noche a la mañana, lo que no es cierto. Son muy pocas las personas las que han sacado un importante beneficio por el crecimiento de su valor. Y casi todas ellas, son las que invirtieron hace muchos años una pequeña cantidad de dinero por el simple hecho de probar y conocer qué era aquello de las criptomonedas. Pero la realidad es que Bitcoin está expuesto a crecimientos desbordados y también a lo contrario. Tan sólo en una semana puede reducir su valor en 10.000 euros.

Gráficas con la evolución del valor del Bitcoin

Buena prueba de ello lo tenemos en Tesla. El pseudovisionario Elon Musk, propietario de la marca, decidió invertir a principios de febrero 1.250 millones de euros en Bitcoins. Tras el anuncio, el valor de la criptomoneda se disparó un 15%, pero numerosas voces empezaron a criticar a Musk por su incongruencia: no se pueden vender vehículos ecológicos e intentar convertirse en el adalid de la sostenibilidad y por otro lado, apostar por una tecnología hipercontaminante. Así que la semana pasada, la multinacional del vehículo eléctrico de lujo anunció que ya no se iban a poder comprar sus coches utilizando bitcoins precisamente “porque tienen un gran coste para el medioambiente”. Sólo ese anuncio ha hecho que el valor se haya reducido un 8%.

La realidad es que Bitcoin no es algo esencial. Los humanos y el Planeta podemos vivir perfectamente sin él, al contrario de lo que ocurre con otras tecnologías. Parece absurdo, pues, tener que consumir las ingentes cantidades de energía que se necesitan para una tecnología que sólo beneficia a una ínfima cantidad de personas.

Tags:

Un comentario

  1. […] método para mitigar sus efectos, y no siempre funciona: pagar al ciberdelincuente la cantidad de bitcoins que pide para que desbloquee el […]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *