AguaCambio climáticoPolíticas Ambientales

Día de la desertificación 2020: cuando la tierra nos pide ayuda

Hoy se celebra el Día Internacional de la Desertificación y la Sequía, un momento idóneo para concienciar a la humanidad sobre los peligros de la erosión, la falta de agua y la acuciante pérdida de tierra fértil en el planeta.

Al contrario de lo que algunos puedan pensar en un primer momento, la desertificación no hace referencia a los paisajes áridos naturales, tan valiosos como característicos de Oriente Medio, el Norte de África o el sudeste de la Península Ibérica. Ni tan siquiera hace referencia al avance del desierto. Más bien guarda relación con la degradación de la tierra y el mal uso de los recursos naturales, que están empobreciendo nuestros suelos y agotando nuestros acuíferos hasta límites insostenibles.

España es el país de Europa más afectado por la desertificación

En 2020, la Convención para la Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas nos advierte que al ritmo de producción actual necesitaremos 300 millones de hectáreas adicionales (el equivalente al tamaño de La India) para seguir alimentando a la humanidad dentro de 10 años. No en vano, en la actualidad, más de 2.000 millones de hectáreas de tierras previamente productivas están degradadas, mientras la demanda de alimentos no para de crecer.

A nivel nacional, España es el país de Europa más afectado por la desertificación. Diferentes estudios científicos realizados en Andalucía sitúan la pérdida de suelo fértil entre un 30 y un 40 % durante los últimos dos siglos, especialmente en provincias como Jaén o Granada donde la erosión provocada por el aire, la lluvia, pero también por el uso de fertilizantes o el manejo de cultivos intensivos obligan a realizar inversiones millonarias en agricultura e infraestructuras. “No estamos cuidando los recursos de una manera sostenible para que sirvan proveyéndonos de los servicios ecosistémicos que estamos acostumbrados a disfrutar de manera gratuita. Y esto no sólo tiene que ver con nuestro bienestar (temperaturas más o menos frescas durante el verano), sino también con la riqueza y el beneficio que obtenemos de la tierra”, señala Guido Schmidt, consultor ambiental con una larga trayectoria en la gestión del agua y la planificación de riesgos hídricos en WWF España, en varias ingenieras españolas o como miembro del Consejo Asesor del Observatorio del Agua de la Fundación Botín.   

Guido Schmidt, consultor ambiental. Miembro del Consejo Asesor del Observatorio del Agua de la Fundación Botín

Nos ponemos en contacto con Guido Schmidt para reflexionar sobre las consecuencias del cambio climático y la desertificación en el mundo actual. Pues en estos tiempos donde nos estamos replanteando nuestra forma de vivir a todos los niveles, nos parece la mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Desertificación y la Sequía.

Atiende con gusto nuestra invitación, pese a estar en Alemania pasando unos días con sus padres después de unos largos meses de confinamiento. “Yo soy de los que cree que podemos aprender mucho de esta experiencia si somos capaces de mirar al futuro con resiliencia”.

Entusiasta del Pacto Verde que ha puesto en marcha la nueva Comisión Europea presidida por Urusula Von der Leyen, mira con optimismo el futuro: “estoy sorprendido por la fuerza del mensaje de la actual Comisión Europea. Después de unas décadas donde los cambios eran muy pausados y graduales, se ha metido una nueva marcha”.

¿El Pacto Verde tiene en cuenta cuestiones como la desertificación o la sequía?

La estrategia sobre ‘contaminación cero’, que previsiblemente verá la luz a finales de verano, puede ser muy valiosa para luchar contra la desertificación. La contaminación del suelo nunca había estado presente en ninguna estrategia importante de la Unión Europea y ahora va a formar parte del Pacto Verde que es la hoja de ruta de la Comisión.

Para que te hagas una idea de la importancia de esta estrategia, hay un reciente informe de la UE que analiza el uso de fertilizantes en el suelo y muestra hasta qué punto se han superado los límites globales de emisiones. El estudio pone de manifiesto cómo Europa ha superado los límites sostenibles de nitrato, fósforo y otros contaminantes que se quedan en el suelo.

El calentamiento global y la desertificación aumentan a un ritmo acelerado. Un estudio de la Universidad Politécnica Federal de Zúrich sostiene que Madrid tendrá un clima similar al de Marrakech (Marruecos) en 2050 o que el de Londres se parecerá mucho a Barcelona

Sí, lo había escuchado. Recientemente estuve en unas conferencias sobre cambio climático en Berlín y un investigador del Instituto Potsdam explicaba como la capital alemana tendría el clima de la ciudad francesa de Montpellier dentro de 20 años. Nadie quiere que ocurra algo así, ni tan siquiera los alemanes amantes del sol y el buen tiempo. El país teutón ha sufrido la sequía más importante de los últimos 50 años y ha podido comprobar en carne propia las consecuencias negativas de esta anomalía climatológica.

La desertificación nos va a causar muchos problema en la gestión de los recursos naturales especialmente en España, donde avanza rápidamente debido al cambio climático y al mal uso del suelo.

¿Qué podemos hacer?

Yo creo que la desertificación va a ser un tema recurrente que cada vez va a tener más importancia en la planificación y la toma de decisiones tanto en la UE como en los Estados miembros. Venimos de una época en la que considerábamos la sequía como algo inevitable, cuando sabemos perfectamente que se puede prever y se puede hacer una gestión mucho más precavida de nuestros recursos hídricos.

Lo mismo ocurre con la desertificación. Pensamos que el cambio climático está ahí y nada podemos hacer para evitar la erosión o la pérdida de terrenos de cultivo. Pero no es cierto. La desertificación tiene mucho que ver con la contaminación del suelo y las malas prácticas en la agricultura. No podemos ignorarlo.

¿Hablamos de combatir la desertificación o de adaptarnos a ella?

La contaminación depende de nosotros, pero el cambio climático nos viene dado y no tenemos más remedio que adaptarnos a él.

Muchas iniciativas actuales van dirigidas a saber cuáles son los límites globales del planeta y fijar objetivos conforme a ellos. Si no somos capaces de gestionar nuestros recursos naturales de forma sostenible, los europeos perderemos calidad de vida y tendremos costes de producción mucho más elevados. Desde ese punto de vista, la sostenibilidad se ha convertido en una cuestión económica. Nos encontramos ante la necesidad de invertir en la restauración de nuestros recursos naturales y nuestros ecosistemas para seguir siendo competitivos.

¿Podrías poner algún ejemplo?

Se está produciendo un cambio de mentalidad en Europa. Algunos países han empezado a considerar el suelo como un recurso de gran valor estratégico. En Alemania o en Holanda, por ejemplo, se han restringido de forma significativa las licencias para la puesta en marcha de macrogranjas de cerdos porque el uso de purines deteriora el suelo, contamina las aguas subterráneas y fomenta la desertificación.

Tags:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *