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El camino para la salida de la crisis es verde ( Parte II )

Hace unas semanas comentamos (en la primera parte de nuestro artículo) cómo, en los últimos meses, las iniciativas y demandas para iniciar la transición hacia una economía sostenible se han ido sucediendo (el Pacto Verde Europeo, la Alianza Europea para una Recuperación Verde…) Hablábamos de cómo en España también se ha producido un movimiento en el mismo sentido con el Manifiesto por una Recuperación Económica Sostenible y nos adentrábamos en esta iniciativa de la mano de dos de las personas implicadas en el mismo: Víctor Viñuales, director ejecutivo de Ecodes, y Valentín Alfaya, director de Sostenibilidad de Ferrovial y presidente del Grupo Español de Crecimiento Verde (GECV).

Concretamente es Viñuales quien apunta que el momento de crisis que estamos viviendo también permite aprender, porque «hasta de las malísimas situaciones, y la COVID-19 y la pandemia está claro que lo son, se puede aprender. Por eso, hemos querido aportar una visión positiva y poner de relieve que algunas cosas que se han puesto en marcha en esta situación perfectamente podrían quedarse porque son positivas. Y en otras se puede profundizar», argumenta Alfaya. «Pasar una crisis es malo, porque implica mucho dolor. Pero, después de pasarlo, peor es no aprovecharla y desperdiciar lo aprendido. No tendría ningún sentido».

Un manifiesto transversal en todos los sentidos

Tanto como su contenido, uno de los aspectos positivos del manifiesto y destacado por ambos es que «es una de las poquísimas veces en que nos hemos puesto de acuerdo gente de sectores muy diversos, lo que da a la propuesta una fuerza mayor y más transversal que la que tendría si proviniera solo de un sector específico, para decir exactamente lo mismo: que necesitamos una economía más verde y más sostenible en el tiempo, que será mas resiliente a las pandemias que la que hemos tenido», afirma Valentín Alfaya.

Diverso y transversal en todos los sentidos, porque entre los firmantes de primera hora hay grandes CEOs del IBEX, pero también pequeños empresarios, lo que para Viñuales «es la muestra de que ese es el camino para todos. Las firmas de las ballenas económicas y de los pequeños salmones reflejan que es el camino común».

Como también es relevante que haya gente de diversas comunidades autónomas. «Porque las cosas del dinero luego las tienen que aplicar quienes están en el terreno. Los acuerdos y las grandes líneas se hacen en Bruselas, sí; pero la construcción final de todo ello, se hace en el terreno», continúa Viñuales, que añade: «igualmente es de destacar que se han adherido al manifiesto representantes políticos y de sectores sociales y económicos bien diferentes. Y algunos especialmente afectados por las consecuencias directas de la pandemia, como son el sector turístico y la hostelería. Pero también está el sector alimentario, de investigación, de tecnología. Signo de que todo esto lo tenemos que resolver entre todos. Yo creo que de alguna forma se ve ahí que todos estamos metidos en un túnel. Puede haber gente que sienta la tentación de echar la mirada atrás, sí, pero no hay que salir del túnel por donde entramos, no por la entrada, sino por la salida. No tenemos que reconstruir exactamente la economía que teníamos, que no era buena sino frágil en algunos sectores. Tenemos que utilizar esto para adelantar, no para retroceder».

Obviamente, al ser un documento dirigido a la Comisión para la Recuperación Social y Económica, el ámbito de acción que plantea es nacional. Pero se sitúa en el mismo contexto que la ya mencionada Alianza para una Recuperación Verde, incluso hay firmantes comunes, que para Alfaya «es una buena reacción de Europa ya desde el principio de la crisis, que apuntala la viabilidad, la necesidad y la oportunidad el Green Deal como una salida a la crisis». Es más, para Viñuales «se trata de aprovechar para encaminarnos decididamente en esa dirección que ya estaba planteada en el New Green Deal. Y este manifiesto es un recordatorio, para que en la Comisión de Reconstrucción escojan el camino adecuado y, sobre todo, que no se líen».

¿Cuáles serían las medidas y las políticas en que se debería traducir esta petición?

¿Cuáles serían las medidas y las políticas en que se debería traducir esta petición para que se vieran aplicados el espíritu y la letra del este manifiesto? Para Valentín Alfaya está claro «que hay que identificar aquellas inversiones que, primero, son intensivas en mano de obra y tienen una gran capacidad para generar empleo. Pero que, además, no son de corto plazo, sino de medio y largo plazo, y que, adicionalmente, aportan valor a una economía más verde y más descarbonizada. Porque nosotros pensamos que la economía del futuro va a ser más verde y más descarbonizada o no va a ser posible. Por ello, primero, habría que acelerar la aprobación de legislación sobre cambio climático, porque es la que está llamada a crear un entorno de seguridad jurídica para este tipo de inversiones. Segundo, invertir con carácter prioritario en la rehabilitación energética de edificios, que son causantes en España de más del 25 por ciento de emisiones; pero, además, la rehabilitación de edificios provee no solo eficiencia energética y reducción de emisiones, sino también mejor habitabilidad de estos, mejor accesibilidad, -es decir, estamos incrementando el valor social de estos edificios-, y, además, estamos generando empleo, porque es un sector, como en general es toda la construcción, muy intensivo en mano de obra.

Es el tipo de actuaciones que pensamos que hay que hacer a corto plazo». Además, acelerar la agenda de digitalización y mejorar la movilidad, serían otras dos acciones que estarían en la base de la competitividad en europea en el futuro. Y, en cuanto a lo aprendido en el tiempo del confinamiento que merece la pena conservar y mejorar, Alfaya tiene claro que serían «el teletrabajo, aunque fuera parcialmente, porque ya hemos visto que tienen un impacto muy positivo en la calidad del aire de las ciudades; trabajar en horarios más flexibles en los centros de trabajo; laminar más la demanda de movilidad urbana, especialmente en el transporte público; e incrementar la conciliación laboral y familiar».

Víctor Viñuales, por su parte, subraya otra cuestión «hemos visto que el virus es más letal en aquellos barrios de las ciudades donde había más contaminación. Entonces ¿volvemos a la misma contaminación? Pues no. Será que lo que hay que hacer es cambiar las ciudades para que no tengan un aire tan contaminado y, por tanto, actuar sobre el modelo de movilidad». También considera que «otra lección que podemos extraer de esta experiencia es la necesidad de que un país tiene que ser autosuficiente y ser capaz de proveerse de cosas básicas. Daba dolor y estábamos angustiados por la falta de material de protección. La enseñanza es que tenemos que hacer una globalización más razonable y prudente. ¡Cuántas empresas se pararon simplemente porque no tenían recambios porque la mayor parte procedían del exterior! Yo creo que sería muy positivo que se produjera una cierta relocalización».

La economía no era la mejor ni para nuestra salud, ni para el clima

No hay que descartar ni infravalorar la posibilidad de que surjan obstáculos. De hecho, ya se han visto y oído propuestas y acciones concretas encaminadas a apostar por el ladrillo nuevamente y a rebajar protecciones ambientales, por ejemplo. Desde el Grupo de Crecimiento Verde, Alfaya considera que «ppodríamos entender que, a muy corto plazo, precisamente por la urgencia de la crisis económica que se avecina, haya que tomar alguna decisión que a algunos nos pueden parecer muy cortoplacistas y no muy consistentes con esta visión más verde en el largo plazo. Pero debemos evitar inversiones, ahora, en activos o en servicios de industrias que más adelante van a tener dificultades para salir adelante. Precisamente porque no están en esta corriente. Es decir, hay que evitar invertir ahora en activos, servicios o industrias, que más adelante van a tener dificultades para continuar y que se van a convertir en activos naufragados en los próximos años, que tienen fecha de caducidad. Por eso, lo único que nos preocupa es que, independientemente de algunas cosas que quizá haya que hacer para el corto plazo, nos aseguremos de que estas inversiones no menoscaban las oportunidades de reorientar el conjunto de la economía hacia una economía más verde. Porque es que es la única que va a tener futuro. Y lo estamos viendo en cómo se están comportando los flujos de inversión a escala global. Con lo que no podríamos estar de acuerdo sería con que se pusieran trabas a activos medioambientales, a productos y servicios más adaptados a la economía baja en carbono». Y enfatiza: «lo importante es que, independientemente de las demandas que haya de sectores específicos, que esos los va a haber siempre, nuestros gobernantes, políticos y reguladores, tengan la capacidad de ver un poco más allá, de mirar el conjunto de la economía no ahora, sino en los próximos meses y años».

Víctor Viñuales, es consciente de que «en la política, como en la vida personal, a veces hay más inercias e incoherencias de las debidas. Pero hemos visto pararse el mundo y debemos hacer una reconstrucción a la altura de lo vivido. La economía no era la mejor ni para nuestra salud, ni para el clima. Así que, si ahora invertimos millones y millones, que no tenemos y que van a tener que pagar nuestros hijos, en una dirección equivocada, primero, no los tendremos para otra cosa; y, segundo, no les deberíamos obligar a pagar aquello que no les va a ayudar, al contrario, les va a perjudicar». Ahora bien, al menos hay una cierta seguridad de que el dinero público tome el camino correcto, «especialmente el de la Unión Europea, que ya ha dicho bien claro que hay que caminar en esa dirección. Es el programa que anunció Ursula von der Leyen, el Nuevo Pacto Verde, ya escrito y presupuestado. Así que el dinero público europeo va para lo que va».

En cualquier caso, advierte Viñuales que «lo vivido muestra claramente la diferencia entre la crisis sanitaria y la climática: con el virus confinas a las personas y cambias el ritmo de los contagios. Pero con el clima no sirve esta respuesta. Tiene que afrontarse desde medidas estables y acciones duraderas, un cambio de estilo de vida»,

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