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Triple Impacto o cómo buscar, desde las empresas, la solución a los problemas ambientales

Lo de repensar (rediseñar, redefinir y otros verbos afines) el modelo económico quien más, quien menos, lo ha escuchado y/o leído muchas veces. Y más en el último año y medio. Pareciera que la pandemia, la crisis climática, la desigualdad y otros infortunios han despertado la conciencia de que hay bastantes cosas del modelo actual que no funcionan como deberían. En este contexto las reflexiones de quienes piensan que “algo habrá que hacer” pareciera, también, que se han disparado e incluso se valoran mucho más tendencias e iniciativas que ya venían de atrás.

Así, los modelos de negocio y de empresas que contribuyen a impulsar un cambio de modelo hacia la sostenibilidad social, ambiental y económica están abriéndose paso para dejar de ser rarezas y comenzar a ser una avanzadilla que impulse el  progreso hacia esos objetivos.

Triple impacto, empresas con propósito, empresas B … son términos que se manejan con soltura en este momento entre los que defienden que las empresas pueden tener un papel tan protagonista como otros sectores sociales en ese necesario cambio.

En ese modelo el concepto común es el triple impacto. Que se resume en que las empresas que lo incorporan a su desempeño persiguen, además de beneficio económico, reducir su impacto ambiental y tener un efecto social positivo, con una visión en la que los tres ejes tienen igual peso en la cuenta de resultados.

El modelo no es nuevo. Así han venido gestándose muchas empresas en diferentes países desde hace años. Sin ir más lejos, en España encajarían perfectamente en este esquema las que se han creado alrededor del programa Emprendeverde de la Fundación Biodiversidad en sus diez años de funcionamiento.

Seguramente muchas de ellas figuran entre las 170.000 empresas con propósito que, según recoge el estudio de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) en el informe de 2019 “Las empresas con propósito y el auge del Cuarto Sector en Iberoamérica”, existen en los siete países que abarca el estudio, entre ellos España. Empresas que, además del lucro buscan tener un impacto social y ambiental positivo. Entre todas emplean a diez millones de trabajadores al año y suponen el 87% del PIB de la zona.

El estudio recoge organizaciones que tienen diversas fórmulas jurídicas y abarcan diferentes objetivos, como emprendimiento o economía social, comercio justo, banca responsable, economía circular y colaborativa. Pero todas ellas manifiestan un mismo objetivo: solucionar problemas sociales y medioambientales valiéndose de la fuerza del mercado.

El Movimiento B en el origen

Como movimiento organizado, quizá el más veterano sea el Movimiento B, creador del concepto B Corp, o Empresas B, (de beneficios), que nació en Estados Unidos en 2006 con la ONG B Lab. Esta creó un método de medir del impacto de las diferentes áreas de negocio, gobernanza, empleados, comunidad y medio ambiente, que se caracteriza por evaluar exhaustivamente el impacto del modelo de negocio concreto que la empresa genera en sus grupos de interés: gobernanza, empleados, comunidad y medio ambiente. Con el que, además, se pueden comparar con otras de su entorno, misma actividad, país, etc.

En estos años B Lab se ha extendido a 70 países y en el mundo ya hay unas 3.500 empresas certificadas B Corp. Que acredita que la empresa cumple con determinados y altos criterios que deben estar reflejados en sus estatutos, con los que se comprometen públicamente a generar un impacto positivo en la sociedad y en el medioambiente.

En España es la Fundación B Lab Spain la entidad que, desde 2015, coordina el movimiento B Corp y certifica a las empresas que se suman de manera voluntaria a él. Son más de 70 las empresas certificadas, de muy diversos sectores y tamaños. Según se expresa B Lab Spain en su página web, las B Corp «son un modelo de empresas que cumplen con los más altos estándares de desempeño social y ambienta, transparencia pública y responsabilidad empresarial para equilibrar el beneficio con el propósito», y su objetivo como movimiento es «redefinir el éxito empresarial y construir una economía más inclusiva y sostenible».

Uno los miembros del patronato de la Fundación B Lab Spain es Víctor Viñuales, director de Ecodes, a quien hemos entrevistado.

¿Qué es el modelo de triple impacto?

Para situarnos en contexto habría que hablar de la profundidad, amplitud y enormidad de los problemas ambientales y sociales que en este momento tenemos en la historia de la humanidad – explica Víctor Viñuales. La desigualdad, el cambio climático, la contaminación de los plásticos, etc. Pongas donde pongas la mirada donde la pongas la sensación es de una enormidad del problema y te preguntas ¿esto quién lo arregla? Y resulta que, de alguna forma, se asume que esta búsqueda de la mejora del mundo la tienen que hacer las administraciones públicas, los gobiernos. Que estarían, “obligados” por su propia naturaleza como elegidos por los ciudadanos, a buscar el mayor bienestar para la gente que lo elige.

También estaríamos la gente de las ONGs que, de una forma voluntaria, y pensando que el mundo debe ser mejorado, se agrupa para trabajar por ello. Así que, si hacemos números y sumamos a estos dos colectivos, en este país tendríamos más o menos unos tres millones de empleados públicos y medio millón de gente que está en el mundo del Tercer Sector. Nos quedaría un enorme colectivo de 16 millones de personas que trabajan en el sector privado. Pero, en la concepción tradicional que viene desde el siglo XIX, la empresa está para maximizar el beneficio y el interés del accionista, que invierte un dinero, le quiere sacar el mayor rendimiento posible y, tradicionalmente, se ha desentendido del impacto de esa empresa en el medio ambiente y en la sociedad. Con estos números se ve una enorme desproporción y con estas premisas, esto no tiene arreglo.

Por supuesto, se puede aplicar una cierta gradación. Una clasificación podría ser: hacer el mayor dinero posible, incluso a costa del interés general. De hecho, ha habido en la historia, y hay, empresas que funcionan así. Generan beneficios, sí, pero también un daño terrible a la sociedad. Otras dicen: yo voy a hacer dinero cumpliendo la ley. Es un estadio mejor, lógicamente. Otro sería: yo cumplo la ley y, además, desarrollo voluntariamente acciones positivas para la sociedad. Ahí entra la filantropía y la responsabilidad social corporativa. Otro incluso podría ser la de las que quieren ser las mejores empresas del mundo, en una expresión muy grande y elocuente de hablar.

Las empresas como protagonistas del cambio

El enfoque del movimiento B Corporation, viene a plantear el ‘para qué’ de la empresa. Sobre eso hay muy poca reflexión, comenta Víctor Viñuales. Se asume que las empresas son para hacer dinero y ya está. Pero hay una necesidad de repensar el para qué de la empresa. Las B Corp quieren ser las mejores empresas para el mundo. La diferencia en una preposición, pero resulta un significado muy diferente. La respuesta lleva a otro proceder. Quiere decir que los resultados de la actividad de la empresa tienen que ser positivos en todos los ámbitos de su desempeño. Este movimiento plantea que hay que utilizar el poder de los negocios para resolver problemas comunes: medioambientales, sociales, etc.

Como concepto, en definitiva, la idea es recuperar el rol de las empresas como protagonistas del cambio, de la construcción de ese programa de la humanidad que serían en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de ese gran objetivo que es una economía neutra en carbono.

A nivel práctico, para tener el sello de empresa B Corp hay que pasar un examen sobre cómo se hace la gestión en los diferentes ámbitos. Pero, además, hay que introducir en los estatutos, voluntariamente claro, la obligación de que tu empresa esté al servicio de ese propósito del interés general. De hecho, la mayor parte de las empresas B Corp son pequeñas, medianas, familiares, aunque también hay algunas grandes. Porque no es tan fácil cambiar los estatutos y asumir que se va a funcionar bajo ese criterio. Para las grandes, especialmente las cotizadas, es más difícil.

No puede ser uno que diga “yo soy estupendo ecológicamente, pero a mis trabajadores les pago de pena, los trato fatal, no les hago contrato”, o puedes decir “no, yo socialmente soy estupendo tengo a mis trabajadores muy bien pero luego tiro todos los vertidos de cualquier forma etcétera”. Por eso ahí está el tema del triple impacto y la evaluación que implica esta fórmula. En el movimiento B Corporation la idea es hacer un análisis 360 grados del impacto de la empresa.

Ser sostenible ¿es más caro?

Víctor Viñuales.- Cierto que hay muchas etiquetas para productos, pero para empresas realmente no tantas. Ahora bien, por ejemplo, un consumidor cuando va un supermercado a la sección de lácteos, lo mismo tiene ahí 25 tipos de yogures y tendrá que elegir, tendrá que pensar si uno es azucarado, desnatado, si el otro es de sabores, de una marca y de otra, etc. Quiero decir con esto que porque la gente reflexione un poco tampoco pasa nada. Que hay que hacer un ejercicio de simplificación, sí. Pero también se puede pedir a la gente que mire, que piense y que haga elecciones conscientes.

P.- ¿Es posible que lo que produzcan estas empresas, productos o servicios, al incorporar todo este tipo de gestión, haga su precio difícilmente accesible para una amplia capa de la sociedad o de potenciales clientes?

Víctor Viñuales.- Hombre, efectivamente este es un gran tema. No debería ocurrir que haya una brecha social de manera que lo verde estuviera solo al alcance de una determinada fracción de la sociedad. Por eso un poco también lo del triple impacto, hay que resolver todas las asignaturas fundamentales a un tiempo. Si es un producto orgánico sí, muy bien impecable sí, pero hiperpercaro, pues entonces no va a llegar a la mayoría de la gente. Esa es una ecuación que hay que resolver. Hay que resolver no solo el tema ambiental, sino también el tema social hacia dentro y hacia fuera, que sea asequible también socialmente.

P.- Porque en el precio final del producto se integran un montón de costes, que quizá otros métodos de gestión se ahorren.

Víctor Viñuales.- Pero también ahí podría estar la política pública. Por ejemplo, en una región de Austria pusieron un IVA reducido para los servicios de reparación de electrodomésticos. Es decir, los poderes públicos pueden con sus tasas, sus impuestos, lanzar señales claras a la sociedad. Ahí yo creo que sería importante que los gobiernos y las administraciones señalaran las opciones que son preferibles.

Por ejemplo, los productos ecológicos, tendrían que tener un IVA distinto a los convencionales porque trasladan menos costes a la sociedad. No dañan los suelos, no dañan a la salud, por tanto los gobiernos se pueden ahorrar un dineral si se consumen esos productos en vez de otros.

P.- En diversos países las empresas con propósito ya cuentan con un marco jurídico específico para su funcionamiento, pero de momento en España no hay nada en ese sentido. De hecho, hace unas semanas se hizo público un documento firmado por 50 personalidades muy reconocidas, entre ellas tú mismo, para reclamar la creación de una figura jurídica “Sociedades de Beneficio e Interés Común” (SBIC). ¿Este reconocimiento legal podría llegar a implicar este tipo de cosas, como diferenciación fiscal, etc.?

Víctor Viñuales.- Dependerá un poco de cómo se pueda llegar a sustanciar. Lo que si vendría es a recoger una tipología de empresas que tienen propósito de interés general y al reconocerlo, de alguna forma, se le da a un estatus, se las señala y es una manera también de que los poderes públicos digan “estas empresas me interesan”.

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