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Así se usa la inteligencia artificial para lograr un planeta sostenible

La sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático se ha convertido en una de las prioridades de las empresas y poco a poco, también ha ido calando en la sociedad. Salvo deshonrosas excepciones, los Gobiernos de todo el Planeta también han incorporado diferentes leyes a sus legislaciones para combatir la crisis climática.

En los últimos años se ha producido un importante cambio cultural y ese es uno de los factores más importantes que han hecho posible que aumente el protagonismo de afrontar los retos que supone la emergencia climática: consumimos productos más sostenibles, nos preocupamos por consumir menos energía, controlamos mejor el agua que gastamos, apostamos por otra tipología de vehículos para desplazarnos,… En fin, son hábitos que hemos incorporado a nuestro día a día y, cada acción que tomamos de forma individual es un granito de arena más que ponemos para hacer de la Tierra un planeta más habitable.

Venimos hablando en este blog de cómo la tecnología también ayuda a combatir los efectos del cambio climático. Los productos tecnológicos son cada vez más eficientes, consumen menos y están fabricados con materiales más sostenibles. Además, la incorporación de nuevas tendencias como la nube o la inteligencia artificial ya están siendo fundamentales para esta lucha.

Hoy nos centraremos en la importancia que va adquirir la Inteligencia Artificial (IA) en hacer del Planeta un lugar más sostenible. Algunos datos. Según el informe How AI Can Be a Powerful Tool in the Fight Against Climate Change de AI for the Planet Alliance, un 87 % de responsables en el área de sostenibilidad de las empresas cree que la IA es un activo valioso en la lucha contra el cambio climático.

La parte negativa es que sólo un 40% de las organizaciones considera el uso de la IA como un elemento que les ayude a cumplir sus propios objetivos climáticos. El problema, no es porque haya un pensamiento negativo contra esta tecnología, sino porque hay barreras que impiden aplicar la IA. En general, esas barreras están relacionadas con que un 78% de empresas considera que carecen de experiencia para emplearla para cumplir con sus requisitos de sostenibilidad o por una falta de confianza en los datos y análisis relacionados con la IA.

Una tecnología novedosa

Es decir, la principal dificultad es que nos encontramos ante una tecnología muy novedosa y todavía son muchas las empresas que no se atreven a dar el paso para utilizarla en mejorar sus retos de sostenibilidad. Pero eso es algo que ocurre con cualquier tecnología relativamente incipiente.

Lo cierto es que las ventajas que proporciona la inteligencia artificial ya se están aprovechando en diferentes sectores para contribuir a la gestión del impacto ambiental. Por ejemplo, se emplea en la distribución de energía limpia a través de las redes de conexión, se emplea en la agricultura para gestionar de forma efectiva el uso de agua, mejorar las cadenas de suministro y también para predecir y dar respuesta a las catástrofes meteorológicas.

Pero es que además de la evidente ayuda para combatir el cambio climático, también supone que los estados tengan mayores ingresos. Otro estudio, este de la consultora PwC, asegura que utilizar la IA en aplicaciones medioambientales podría aportar hasta 5,2 billones de dólares a la economía mundial en 2030, lo que supone un aumento del 4,4% respecto a la situación actual.

Y, ¿qué puede aportar la inteligencia artificial en materia de sostenibilidad? En estos momentos, la inteligencia artificial está utilizándose para medir, reducir y eliminar las emisiones y los efectos de los gases de efecto invernadero.

Otro de los puntos importantes es la de adaptarse a las consecuencias del cambio climático. En este caso, se está empleado sobre todo por parte de los Gobiernos ya que les permite implementar políticas para que las diferentes sociedades puedan hacer frente a los efectos de los cambios climáticos que se sufren así como a fenómenos meteorológicos extremos. La inteligencia artificial permite hacer predicciones sobre los peligros relacionados con el clima, ya sea mejorando las proyecciones a largo plazo de problemáticas asociadas al calentamiento global, como el aumento del nivel del mar o actualizando los sistemas de alerta temprana para fenómenos extremos como huracanes o sequías.

El tercer uso principal es el formativo. En este caso, se utiliza la inteligencia artificial para incrementar la investigación y la educación sobre el cambio climático con el fin de ayudar tanto a empresas como organismos públicos a que comprendan los riesgos y las implicaciones que conlleva el cambio climático.

Pero hay muchos más usos

Aunque esos son los principales casos de uso en los que se está aplicando la inteligencia artificial para mejorar la sostenibilidad, a medida que ésta se vaya desarrollando van a ir apareciendo más. Pero hay también muchos casos de uso, que hemos asimilado y que empleamos los usuarios de forma más o menos habitual y que favorecen la sostenibilidad.

Por ejemplo, las principales aplicaciones de mapas y conducción ya incorporan diferentes opciones a la hora de calcular una ruta. Una de ellas es cuál es el trayecto más sostenible. Para ello, los algoritmos de la aplicación utilizan la información en tiempo real para calcular la mejor ruta y favorecer los flujos de tráfico.

Otro uso habitual que se está extendiendo cada vez más es el uso de sensores y medidores inteligentes para implementar en edificios. Éstos recopilan datos y monitorean, analizan y optimizan el uso de energía en edificios y hogares.

Pero si vamos a usos más complejos, la IA, junto con el uso con imágenes de satélite, puede detectar cambios en la utilización de la tierra, cambios en la vegetación, en los bosques o que consecuencias ha tenido un desastre natural en un determinado lugar.

Además, las especies invasoras pueden ser monitoreadas, identificadas y rastreadas de tal forma que se puede analizar de forma efectiva qué cambios están produciendo en su entorno y cómo está afectando tanto a la flora como a la fauna local.

También el aire

La calidad del aire es uno de los elementos que más se está beneficiando del uso de la inteligencia artificial. Por ejemplo, las soluciones de IA ya realizan simulaciones de cómo van a evolucionar los niveles de contaminación del aire en áreas urbanas y cuáles son las fuentes que van a hacer que esa calidad empeore. Gracias a esas predicciones, las administraciones locales pueden tomar decisiones para reducir el tráfico o incrementar el transporte público de tal forma que se puedan reducir las emisiones de gases. En este caso, además de emplear algoritmos entrenados para este fin, emplea los datos que le dan el número de vehículos que circulan por la ciudad, los sensores que hay en los radares o la información obtenida de las cámaras de tráfico.

En definitiva, los usos de la IA van a ir en aumento en pos de mejorar la sostenibilidad y luchar contra el cambio climático. Drones, plataformas de sensores avanzados y herramientas similares, pueden monitorear terremotos, inundaciones, tormentas, cambios en el nivel del mar y otros posibles desastres naturales. La IA permite, gracias al uso de datos, hacer que se acelere la toma de decisiones e implementar medidas y soluciones que ayuden en esta importante labor.

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