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Las cinco reglas de la alimentación sostenible

La pandemia nos ha cambiado, de eso no hay duda. Incluso en la manera de comer. Según los últimos datos sobre hábitos de compra de los españoles recogidos en el Informe de Consumo Alimentario 2020, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el confinamiento nos ha hecho pasar más tiempo entre fogones, pensar más en recetas y menos en comidas preparadas, volver a los platos de cuchara y a la repostería familiar.

Hemos redescubierto la cocina casera y vuelto al menú completo, y hemos aprovechado el mayor tiempo pasado en el hogar para realizar recetas más complejas”, detalla el informe.

Vuelve la cesta fresca y verde

Los productos frescos vuelven a ocupar la mayor parte de la cesta de la compra, que llevaba demasiado tiempo enganchada a precocinados y congelados. Las frutas, hortalizas, patatas, leche y derivados lácteos representan en estos momentos el 39,6% del volumen total y el 43,3% del gasto. Hemos consumido más en casa (qué remedio) que en bares y restaurantes. Nos hemos hecho más cocinillas. Y más gourmets.

Cesta de compra con varias frutas y hortalizas

Huyendo de las aglomeraciones hemos comprado más en las tiendas tradicionales del barrio y los pequeños supermercados cercanos. También hemos dado más importancia al origen de los alimentos. Como consecuencia de este cambio de hábitos aumentó el consumo de productos de proximidad y mayor calidad, que hasta ahora eran más habituales en los restaurantes que en las cocinas de casa.

Lógicamente, también ha aumentado nuestra preocupación por la sostenibilidad de lo que comemos.

No te comas el planeta

Al ritmo actual de consumo en España, y según el Global Footprint Network que analiza el impacto ambiental generado por la demanda humana en los ecosistemas, el mundo habría agotado el pasado 25 de mayo los recursos que el planeta puede generar en un año. Desde entonces viviremos a crédito hasta final de año, en que habremos consumido los recursos de 2,5 planetas. 9 planetas si lo comparamos con el brutal consumo de Qatar.

Hay que cambiar el modelo y su ritmo frenético, algo que los consumidores cada día están más dispuestos a asumir. Pequeños gestos que cuando se convierten en tendencia empiezan a apretar el freno y a mover el volante de las economías para rectificar una dirección suicida.

¿Cuáles son esos gestos fundamentales del consumidor sostenible?

Varias personas comiendo alrededor de una mesa

Cinco reglas en su orden correcto

Aplica siempre que puedas estas cinco sencillas reglas que te explicamos a continuación. Pero hazlo en el orden correcto:

  • Cerca frente a lejano
  • Pequeño productor frente a agroindustria
  • Natural frente a ultraprocesado
  • Ecológico frente a convencional

Porque si el consumo es el problema, los consumidores tenemos la solución.

  1. Kilómetro cero. La proximidad debe de ser la primera elección del consumidor concienciado que quiere aportar su granito de arena para evitar el desastre del cambio climático. Elige productos con una huella ecológica mínima. No hace falta que sean de la huerta de enfrente de casa (¿alguien tiene huertas enfrente de casa?), pero sí es importante elegirlos locales, al menos de la zona, de la región o, según qué cosas, como mínimo nacionales o europeos. Huye de esos alimentos que han dado dos veces la vuelta al mundo antes de llegar a la tienda.
  2. Pequeña empresa. Apostemos por las personas en lugar de por los grandes negocios. Huyamos de esa publicidad que nos empuja hacia las grandes marcas donde se cuida más la imagen que el contenido. Apoyemos a esos pequeños proyectos familiares de la España rural, de nuestro entorno, aquellos héroes y heroínas aferrados a un terruño que nunca abandonarán pues forman parte de su paisaje. Como dijo Antonio Machado, todo necio confunde valor con precio. El consumidor inteligente conoce perfectamente la diferencia.
Persona sosteniendo un cuenco con ramen
  1. De temporada. Recuerda la famosa canción de Danza Invisible, “comer naranjas en agosto y uvas en abril” es un desastre para el planeta. Naranjas en invierno y uvas en otoño sería lo correcto. Ahora en verano es el momento de las cerezas, los melocotones y melones, de los tomates, pimientos y pepinos con los que hacer fresquitos gazpachos, pero no de las alcachofas o la coliflor.
  2. Menos de cinco ingredientes. Huye de tanta mercadotecnia alimentaria del sin colorantes, sin conservantes, sin aditivos. Los alimentos naturales nunca tienen esas cosas, no las necesitan. Aunque muchos no lo saben, las tres cuartas partes de los alimentos y bebidas que nos venden en los supermercados son insanos ultraprocesados. La regla de los 5 (otra vez el número mágico) nos ayudará a descubrirlos y evitarlos. Si la etiqueta de un producto aparentemente sano cuenta con más de cinco ingredientes sácalo de la cesta. La comida real (frutas, verduras, carne o frutos secos crudos, por ejemplo) y los buenos procesados (quesos, conservas, caldos) solo tienen un ingrediente o directamente carecen de etiqueta.
Mujer pasea empujando un carrito por la sección de frutas de un supermercado
  1. Ecológico y en extensivo. Reducir el consumo de carne y otros derivados animales procedentes de la ganadería industrial, al igual que de la agricultura intensiva, es uno de los principales retos de estos tiempos. Apuesta por una dieta baja en proteína animal donde predominen los alimentos de origen vegetal, ecológicos y locales. Carnes de animales bien cuidados por los pastores. Frutas y verduras ecológicas procedentes de pequeñas explotaciones. Porque en alimentación menos es más; más calidad y salud, la de nosotros y la del planeta.

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