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Esta es la forma en que las empresas “compensan” sus emisiones (y tú también puedes hacerlo)

La lucha contra el cambio climático es uno de los mayores riesgos a los que nos enfrentamos como especie. Y aunque la comunidad internacional y los gobierno nacionales, regionales y locales son los que tienen mayor responsabilidad a la hora de implementar políticas y medidas eficaces para combatir el calentamiento global de la Tierra, las empresas y los ciudadanos también juegan un papel importante en la descarbonización de la economía.

Y es que cada vez son más las empresas que recurren a los mercados de carbono para compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Unas, las más contaminantes (cementeras, azulejeras, productores de energía fósil…), obligadas por ley a demostrar que sus emisiones de GEI se corresponden a las cuotas que permiten sus bonos. Y otras, que se suman de forma voluntaria a estos mercados, haciendo contribuciones financieras a proyectos de eliminación o secuestro de CO2 alrededor del mundo con el objetivo de alcanzar la neutralidad climática o la huella de carbono cero.

El auge de los mercados voluntarios de carbono

Actualmente, los mercados voluntarios de carbono se consideran la mayor fuente de demanda de compensaciones de carbono, superando los créditos emitidos por gobiernos y otros sistemas de comercio de emisiones regulados. “El éxito de estos mercados está garantizado”, asegura Cayetano Ardit, Head of Business Development Management de la empresa Climate Trade.

El último informe de Ecosystem Marketplace señala que el mercado voluntario de carbono superó los 2.000 millones de dólares en 2021, casi cuatro veces más que el año anterior. Este incremento se debe principalmente al aumento de la demanda de créditos de carbono en un mercado cada vez más seguro, transparente y sencillo al que acuden con mayor frecuencia compañías financieras y aseguradoras, empresas turísticas comprometidas con la descarbonización.

Integridad y transparencia

Para que los mercados de carbono tengan éxito, las reducciones y eliminaciones de emisiones deben ser reales y estar alineadas con las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (CDN), o lo que es lo mismo, con los compromisos asumidos por los países para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Algo que no ha sido siempre así y ha provocado casos relacionados con la doble contabilización de las reducciones de emisiones de GEI, los abusos de los derechos humanos y el lavado verde (en inglés, greenwashing), en el que las empresas comercializaban falsamente sus credenciales ecológicas, tergiversando productos o servicios neutrales para el clima. Por eso, las negociaciones del Acuerdo de París sobre este tema fueron tan complejas y prolongadas.

Para evitarlo, indica Ardit, debe existir transparencia institucional y financiera para las transacciones y, por supuesto, garantías para mitigar cualquier impacto adverso. Del mismo modo, han de respetarse los derechos humanos, incluidos los de los pueblos indígenas y las comunidades locales. En definitiva, si se mantienen altos estándares de integridad y transparencia, los mercados de carbono pueden contribuir de forma significativa a acelerar la transición ecológica hacia una economía baja en CO2, fijando “precios para la contaminación y creando incentivos económicos para reducir las emisiones”.

En esa línea, Climate Trade “aporta transparencia, al conectar desarrolladores de proyectos con empresas que desean compensar sus emisiones”, explica Cayetano Ardit. “A estas transacciones añadimos la tecnología blockchain, que ofrece trazabilidad total y tranquilidad a ambas partes y un impacto positivo frente a las emisiones”. Como resultado, la compañía que representa cuenta con más de 500 empresas registradas, que han podido compensar más de 3 millones de toneladas de carbono compensadas a través de 60 proyectos disponibles en 20 países.

¿Cómo funcionan los mercados de carbono?

Los mercados  de carbono permiten vender y comprar créditos de carbono, equivalentes a una tonelada de dióxido de carbono. A él acuden entidades privadas que desarrollan proyectos de absorción de CO2 y otras que buscan compensar el exceso de emisiones.

Por ejemplo, pongamos que una empresa ha emitido 1.000 toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) en un año: para compensar esta huella, necesitará comprar 1.000 créditos de carbono, de los que cada uno representa una tonelada de CO2 equivalente.

Este sistema de contabilidad es una manera relativamente fácil de asegurarse que el mundo no emita más de lo que puede absorber, y permite a los proyectos de mitigación de carbono recibir la financiación necesaria para su puesta en marcha.

Oportunidad para los países

Los mercados de carbono también ofrecen a los gobiernos de diferentes países la posibilidad de cooperar de diversas maneras para lograr sus objetivos climáticos. Si bien hasta ahora los mercados de carbono han sido gestionados por el sector privado, en la actualidad más de dos tercios de los países planean usar los mercados de carbono para cumplir con sus CDN estipuladas. Es el caso de Chile, Ghana, Jordania, Singapur y Vanuatu, que ya están desarrollando infraestructura digital completa y de última generación para respaldar su participación en los mercados internacionales de carbono. La clave pasa por implantar una infraestructura digital que mantenga seguros los datos verificados y garantice que las reducciones se contabilizan y monitorean con precisión. Esta infraestructura digital incluiría sistemas de medición, notificación y verificación con datos de emisiones y reducción de emisiones vinculados a los registros nacionales o internacionales.

Los mercados de carbono ayudan a movilizar recursos y reducir los costos para darles a los países y las empresas el espacio que les permita facilitar la transición hacia menores niveles de emisión de carbono. Se estima que el comercio de créditos de carbono podría disminuir el costo de implementación de las CDN en más de la mitad, es decir, hasta 250.000 millones de dólares para 2030. Con el tiempo, se espera que los mercados de carbono se vuelvan redundantes a medida que los países logren la meta de cero emisiones netas y la necesidad del comercio de emisiones disminuya.

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