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¿Por qué es importante registrar la huella de carbono?

La huella de carbono de un producto, servicio, evento o de cualquier tipo de organización, es la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidas para la obtención de un determinado producto o servicio, o, si se trata de organizaciones, para la realización de su actividad.

En el caso de los productos, la huella de carbono mide los GEI emitidos durante todo su ciclo de vida: desde la extracción de las materias primas hasta el final de su vida útil (lo que incluye su depósito, reutilización o reciclado), pasando por todos los pasos necesarios para su fabricación, así como su distribución y uso.

Respecto a las organizaciones, ya sean entidades públicas, como administraciones, museos o universidades; privadas como empresas; u de otro tipo como ONGs, su huella de carbono mide todas las emisiones de GEI, directas e indirectas, resultantes del desarrollo de su actividad.

La huella de carbono de una entidad mide todas las emisiones GEI resultantes del desarrollo de su actividad

Conocer la huella de carbono de una entidad: ¿Para qué?

Conocer la huella de carbono, ya sea de productos, servicios o de entidades, es una de las herramientas al alcance de todos ellos para conocer los puntos de la producción o de su actividad en los que pueden actuar para mejorar los procesos y reducir su impacto ambiental, específicamente los referidos a las emisiones.

Puesto que esas emisiones proceden de consumos energéticos, ya sea de electricidad o de combustibles para calefacción o vehículos, al conocer los datos concretos tendrán la posibilidad de lograr ahorros económicos actuando sobre esos consumos para reducirlos. Luego es una herramienta que ayuda a reducir costes de producción y desempeño.

Respecto a las organizaciones, al igual que en el caso de los productos, conocer la huella de carbono que genera su actividad, les permite tomar decisiones de cara a una gestión más eficaz y eficiente de los consumos energéticos en cualquier ámbito: movilidad, iluminación, calefacción, etc.

En el caso de empresas o entidades de cualquier tipo, tamaño y ámbito, el conocimiento de la huella de carbono de la actividad general y la actuación para corregir la gestión donde proceda, sería una primera parte. La segunda sería que conocer ese impacto es especialmente importante para empresas que quieran competir en mercados sensibles a esa información, porque mejora su reputación corporativa al situarse entre las que adoptan medidas voluntarias para reducir sus emisiones de GEI.

Paso 2: La inscripción en el Registro de Huella de Carbono

Pero, además de hacer ese análisis y actuar para reducir las emisiones, las organizaciones tienen la posibilidad de dar otro paso más, como es solicitar la inscripción den el Registro de Huella de carbono del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico. Esto, que es una medida voluntaria, implica también que la entidad se plantea un plan de reducción de sus emisiones verificable. Y, adicionalmente, de manera también voluntaria, se puede proponer compensar esas emisiones a través de una serie de proyectos forestales situados en España.

El Registro de Huella de Carbono se creó en 2014 como medida para fomentar entre las organizaciones españolas, precisamente, el cálculo y reducción de su huella. Es una herramienta, en definitiva, de lucha contra el cambio climático puesta al alcance de todo tipo de organizaciones. Las entidades que solicitan su inscripción asumen, de esta manera, no solo un compromiso voluntario de acción climática que pasa por disminuir las emisiones derivadas de su actividad y, eventualmente compensarlas. También, al inscribirse en un registro que es público y accesible en la página web del ministerio, hacen un ejercicio y compromiso de transparencia.

Actualmente hay más de 1000 organizaciones inscritas en el registro. Entidades de todo tipo: desde el propio Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, al Congreso de los Diputados, pasando por ayuntamientos, museos, universidades institutos y colegios, empresas de todos los sectores y tamaños, algún partido político e, incluso, un club de fútbol. Y, claro está, SIGNUS. Que, además, ha sido el primer SCRAP (Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor) en realizar este registro.

SIGNUS, el 1er SCRAP en inscribirse en el Registro de Huella de Carbono

Para llegar a ese punto, al registro, hay que recorrer antes un camino, que no es que sea especialmente complicado para la mayoría de las organizaciones, pero sí tiene sus particularidades. Es un proceso, resumiendo mucho, de recopilación de documentación sobre todos los consumos energéticos que hace posible el cálculo de las emisiones.

Carmen Avilés, profesora de la Escuela de Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid, donde es coordinadora de la unidad docente de Organización de Empresas, ha colaborado con SIGNUS en la gestión de su huella de carbono, en el marco de un convenio de colaboración entre ambas entidades. «Nosotros trabajamos en indicadores de sostenibilidad, como huella hídrica, de carbono, ambiental, etc. Y también en cómo hacer que las empresas sean más sostenibles en el sentido de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) y de cumplimiento de responsabilidad social, etc. En ese sentido solemos hacer colaboraciones universidad-empresa, para poder hacer transferencia del conocimiento que generamos con nuestras investigaciones a las entidades que nos requieran».

Lo primero que han de hacer es calcular sus emisiones. «Esto se hace recopilando toda la información que nos dan las facturas de los consumos energéticos: Todos esos consumos que son propios de la empresa y los controla perfectamente. Hay tres niveles de control, que se llaman alcances. El 1 es el de todas las emisiones directas de todo lo que tiene que ver con combustibles, electricidad, etc. El 2 es el vinculado a las emisiones indirectas provocadas por la energía eléctrica, que dependerá del mix energético del proveedor que tengan contratado. Estos dos, que son los más relacionados con la propia empresa, son los que seguro calculan y se inscriben. Y ahí es cuando, basándose en esas evidencias, se calculan y se hace el plan de reducción. En el registro verifican que el cálculo está bien hecho y que hay un plan de reducción». En ese punto la entidad, en este caso SIGNUS, ya recibe su sello del año correspondiente con la indicación 2, «porque es el alcance que han presentado».

Pero nada impide avanzar más, «en el caso de SIGNUS, al ser una entidad con un alcance muy bajo, que no llega a 20 toneladas de CO2 equivalentes, porque su actividad propia se basa en la gestión de todo un sistema, ellos han decidido que van a pasar al alcance 3, que es la actividad de los gestores. De manera que estos se impliquen en calcular sus propias huella de carbono y establezcan sistemas para reducirlas, porque la reducción de ellos implica una reducción también en el propio SIGNUS. Es complicado, claro, porque hablamos de diversas cadenas logísticas de distribución, de movimiento de materiales. Pero, lo cierto, es que aunque sea complicado es un reto y hay que intentar abordarlo».

Como ha quedado dicho al principio, registrar la huella de carbono es un ejercicio voluntario «pero se está comenzando a incorporar a algunos procesos de compra pública. Incluso es posible que SIGNUS incorpore estos criterios a la hora de evaluar a los gestores. De manera que, ya que tienen el compromiso de reducir sus emisiones, les pidan que ellos también lo hagan porque afecta a sus resultados».

Como extra, y también voluntariamente, las organizaciones registradas pueden dar un paso más, que es el de compensar sus emisiones, ¿cómo? «Hay también un registro de proyectos de compensación, ahí están recogidos una serie de proyectos de forestación, que tienen que cumplir una serie de requisitos bastante rigurosos, entre ellos estar gestionados de manera sostenible desde el punto de vista forestal. De hecho han de tener el certificado FSC o PEFC. Entonces se ponen en contacto con el proyecto que encaje lo que unos emiten con lo que el proyecto puede absorber, de manera que case la demanda con la oferta. Y ahí ya está el tercer sello del registro de la Oficina de Cambio Climático».

El sello del Registro de Emisiones es muy informativo, porque marca los procesos en los que la organización se ha implicado, ya sea cálculo, cálculo y reducción, o cálculo, reducción y compensación.

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