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Por qué las tiendas de ropa usada son inmunes al Covid-19

La profunda crisis que deja la pandemia del coronavirus puede ser una oportunidad, o al menos así lo entienden las tiendas de ropa de segunda mano que ven cómo su negocio no para de crecer. El confinamiento, según confiesan, se les ha dado muy bien y miran al futuro con optimismo. Una buena noticia para el sector, pero también para el medio ambiente que encuentra en el mercado de ropa usada una forma de evitar la fabricación de cientos de miles de prendas cada año.

Al final va a ser cierto que la ropa de segunda mano está de moda. Según publica la revista de la Asociación Española de Centros y Parques Comerciales (AECC), Percentil ha vendido 100.000 prendas de ropa usada (o casi nueva como les gusta decir a ellos) durante el confinamiento, lo que representa el 60 % de todo el stock que tenían en tienda entonces. La empresa española pionera en la venta de ropa de segunda mano cuenta actualmente con más de 104.000 familias registradas que compran y venden ropa de niños y de bebés fundamentalmente, pero también de adultos.

Otra startup de venta online de ropa de segunda mano que se ha hecho muy popular este año es Micolet.  La compañía vasca con sede en Bilbao reconoce que ha duplicado la cifra de ventas en 2020, tras registrar un avance del 60 % desde el inicio de la cuarentena. “Lo que más notamos durante el confinamiento fue la limpieza de armarios, ya que empezamos a duplicar la cantidad de ropa que recibimos, algo que de momento se mantiene. Ya hacia el final del confinamiento las ventas comenzaron a subir de nuevo y han aumentado en un 60 %”, asegura Olatz Elezcano, responsable de Comunicación de Micolet.

Comercio electrónico en auge

Detrás de estás cifras espectaculares se encuentra el boom del comercio electrónico. El estallido de la pandemia del coronavirus y las medidas de aislamiento social decretadas para detenerlo han disparado la venta online. Mucha gente que no se atrevía a comprar ropa por Internet, se ha lanzado a hacerlo, llevándose con ello una triple sorpresa: comprar online es seguro, rápido y también puede ser sostenible.

Además, plataformas como Vinted y Wallapop han contribuido a que esta tendencia cale más hondo en la sociedad. Según el Informe de Moda Circular 2019 de Micolet, hace tan solo cuatro años la compra de ropa de segunda mano en España era una experiencia reservada a un público joven, urbano y moderno. Sin embargo, hoy, el 38% de las mujeres ya compran ropa de segunda mano; una cifra que alcanza el 70 % en el rango de edad entre 18 y 24 años.

Mayor conciencia ambiental

Más allá de la coyuntura de confinamiento, parece que la conciencia ambiental de un segmento de la población cada vez más numeroso es lo que nos ha traído hasta aquí. Organizaciones como SlowFashionNext, Fashion Revolution, junto a las denuncias de los grupos ecologistas o las continuas informaciones publicadas en los medios de comunicación durante los últimos años han dado origen a un consumidor más responsable y preocupado por el impacto de sus compras.

Los datos hablan por sí solos: la producción de ropa se ha duplicado en los últimos 15 años, las emisiones totales de gases de efecto invernadero del sector de la moda suman más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos y cada segundo se quema o se tira al vertedero el equivalente a un camión de basura cargado de ropa. A nivel individual, para fabricar la vestimenta de una sola persona (zapatillas deportivas, pantalones vaqueros, una camisa de fibra sintética y una camiseta de algodón) se pueden llegar a utilizar hasta 15.000 litros de agua, el equivalente 15 bañeras de mil litros.

El cambio de mentalidad que propugna el auge de la ropa de segunda mano modifica, sin duda, nuestra relación con la moda, planteándonos preguntas que hace tan solo unos años no nos habríamos hecho, como pensar, por ejemplo, si la prenda que vamos a comprar se podrá revender después en alguna tienda online o no. Quizá el futuro de la moda pase por «alquilar» prendas durante un tiempo limitado en lugar de almacenarlas, hasta que decidamos que ha llegado el momento de que las disfrute otra persona.

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