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¿Regalar flores por San Valentín? Sí, pero no todas

Se acerca una de las fechas marcadas en el calendario: 14 de febrero, San Valentín. Por ello, parejas de todo el mundo deciden celebrarlo de múltiples maneras. Una de ellas, posiblemente una de las más habituales, es regalando ramos de flores. Sin embargo, esta práctica es tan romántica como poco sostenible. Aquí te explicamos el porqué.

Lo que se esconde detrás de un ramo de flores

Un gesto tan aparentemente inocente como la compra de un ramo de flores tiene un impacto ambiental importante que, en muchas ocasiones, desconocemos.

En primer lugar, la mayor parte de las flores que regalamos en estos días (y otras fechas señaladas como el Día de Todos los Santos, por ejemplo) proceden del norte de Europa. En especial de los Países Bajos (un 49%) aunque también hay flores que viajan desde otros destinos como Kuwait (17%).

La producción de flor cortada en España ha mostrado una tendencia decreciente en los últimos cinco años y se centra, sobre todo, en especies como el clavel y la rosa, que suponen el 50 % del total de la producción española.

Por tanto, la huella de carbono de un ramo de flores se puede disparar, y mucho, según sea su procedencia. De media, cada flor cortada emite a la atmósfera 3 kg de CO2 lo que equivale al consumo de 3,8 litros de gasolina.

Por otro lado, la flor cortada tiene un ciclo de vida corto, lo que significa que su belleza se desvanecerá rápidamente. Esto lleva a una producción constante de desechos y contribuye a la cultura del usar y tirar, que es perjudicial para el medio ambiente. Y, por si fuera poco, la producción masiva de flores cortadas a menudo implica el uso intensivo de recursos naturales, como agua, energía y fertilizantes. Además, muchos cultivos requieren pesticidas y herbicidas que pueden contaminar el suelo y el agua.

Otro de los inconvenientes ambientales que lleva asociada la flor cortada es la pérdida de biodiversidad ya que, en algunos casos, la expansión de cultivos de flores puede llevar a eliminar hábitats naturales para dar paso a monocultivos. Esto impacta negativamente a la flora y fauna locales. Y, como no, los residuos de embalaje en los que vienen envueltas las flores.

¡Que no cunda el pánico!

Eso, que si quieres es ser sostenible a la vez que haces un regalo «floral» a tu pareja, aquí te dejamos algunas de las alternativas. Ahora el trabajo es tuyo, ¿con cuál te quedas?

Flores locales y de temporada. Optar por flores locales y de temporada reduce la huella de carbono al minimizar la distancia de transporte. Además, estas flores suelen requerir menos productos químicos para su cultivo. Por ello, cuando acudas a comprar, pregunta a la persona que te atiende por su procedencia. Y, por si acaso, aquí te dejamos algunas de las flores de febrero propias de España.

Flores secas o flor preservada. Las flores secas son una alternativa que no se marchita y puede ser conservada durante mucho tiempo. Además, su producción implica un menor impacto ambiental en comparación con las flores frescas.

Plantas en macetas. Regalar plantas en macetas en lugar de flores cortadas es una opción más sostenible. Las plantas pueden vivir mucho más tiempo, purifican el aire y pueden convertirse en un regalo duradero.

Arreglos comestibles. Optar por arreglos florales comestibles, como frutas y vegetales, es una forma creativa y deliciosa de expresar amor sin generar residuos no deseados. Para ello, cuando vayas a tu tienda de confianza, déjate asesorar.

Flores de jardín personal. Regalar flores de tu propio jardín agrega un toque personal al gesto romántico y elimina por completo la huella de carbono asociada con el transporte.

Certificaciones ecológicas. Al elegir flores con certificaciones ecológicas, se apoya a los productores comprometidos con prácticas agrícolas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Fíjate en ellas cuando vayas a comprar.

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