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Biodiversidad

Salvar la biodiversidad. Ahora o nunca

En las primeras semanas de este año 2021 se han producido dos grandes movimientos en beneficio de la conservación de la biodiversidad, o, al menos, en el intento de detener la pérdida de este bien natural irrenunciable e imprescindible.

De un lado, 50 países de todo el mundo se han comprometido a proteger el 30 por ciento de la biodiversidad del planeta, en una iniciativa que se ha llamado 30×30. Se trata del objetivo de preservar al menos el 30 por ciento de la tierra y el mar en 2030. Es el acuerdo de la Coalición de Alta Ambición para las Personas y la Naturaleza, que se presentó en enero en el marco de la cuarta cumbre One Planet Summit, e impulsada por de Francia, Costa Rica y Reino Unido.

De otro, hace tan solo unos días, seis organizaciones no gubernamentales internacionales reunidas en Marsella se han constituido en para crear el Consorcio Mediterráneo para la Protección de la Biodiversidad una alianza para proteger la naturaleza e impulsar acciones para frenar la pérdida de biodiversidad en el ámbito mediterráneo.

La pérdida de biodiversidad no es un problema más

El porqué de ambas iniciativas hay que buscarlo en la imperiosa necesidad de revertir la pérdida de naturaleza, de vida silvestre, de especies y de ecosistemas, que está ocurriendo a nivel mundial. Quizá no es un problema tan conocido por el gran público como ocurre con el cambio climático, o el aumento de residuos, las aguas contaminadas, etc. Pero la pérdida de biodiversidad no es un problema más entre ellos, «la biodiversidad es absolutamente transversal y tiene que ver con absolutamente todas las actividades humanas», así resume Puri Canals, presidenta de la Red de Áreas Protegidas del Mediterráneo y miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas y de la Comisión de Gestión de Ecosistemas de la UICN

Es muy posible que el de biodiversidad pueda ser un concepto difícil de abarcar, porque no se trata solo de las especies de animales o plantas. Muy resumidamente, la biodiversidad sería el conjunto de los seres vivos que habitan el planeta. Pero tampoco es algo tan simple, porque la biodiversidad es el “conjunto y variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otros, los ecosistemas terrestres y marinos y otros sistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas. Abarca, por tanto, la enorme variedad de formas mediante las que se organiza la vida. Incluye todas y cada una de las especies que cohabitan con nosotros en el planeta, sean animales, plantas, virus o bacterias, los espacios o ecosistemas de los que forman parte y los genes que hacen a cada especie, y dentro de ellas a cada individuo, diferente del resto”, según recoge la página web de la Fundación Biodiversidad, basándose en la definición que ofrece el Convenio sobre Diversidad Biológica. Una de las herramientas de trabajo que salieron de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992. Es un tratado internacional casi universal, de hecho lo han firmado más de 196 países, entre ellos la Unión Europea y todos sus miembros.

Obviamente, el objetivo de este convenio es proteger la biodiversidad, el uso sostenible de sus componentes, e, incluso, el reparto justo y equitativo de los beneficios de la utilización de los recursos genéticos. 

En el marco de este tratado internacional se han fijado diversas metas y objetivos, además del Protocolo de Nagoya . El más importante detener la pérdida de biodiversidad para 2020.

Lamentablemente, tal y como se admitió en la reunión One Planet Summit, no se ha frenado el ritmo de pérdida de biodiversidad, sino que va muy rápido.

Por qué nos importa tan poco

Según Canals, en la raíz de esta pérdida está «la falta de comprensión que implica la complejidad de lo que es la propia biodiversidad. Se está mirando como un problema más del tema ambiental. Tenemos los residuos, el cambio climático, la contaminación del agua y del aire, los plásticos. Y luego tenemos la biodiversidad como uno más. Pero es que no es uno más. Es el sistema que nos sustenta y nos permite seguir existiendo. No es un capricho de los ornitólogos, de los botánicos ni de los que les gusta bucear o pasear por el monte en el fin de semana. No tiene nada que ver con eso, aunque sean estos colectivos los que más intenten hacer comprender la cuestión. Es que detrás de ello hay una dimensión infinita de procesos, que tienen que ver desde con la formación de suelo hasta el mantenimiento de unas condiciones aptas de vida en los océanos, la limpieza de las aguas y del aire. Son los procesos que son imprescindibles para que los humanos vivamos, todos van unidos a mantener la biodiversidad».

Para Canals la diferencia con otros grandes problemas ambientales «es que los demás, en distintos grados, se pueden tratar de una manera más sectorial, pero la biodiversidad es absolutamente transversal y tiene que ver con absolutamente todas las actividades humanas. Es que, -enfatiza- hasta las diferencias culturales tiene que ver en una parte muy importante con el entorno en el que hemos evolucionado las comunidades humanas. Por eso no es igual una que está en alta montaña, que otra que ha evolucionado junto al mar, por ejemplo. Y en esa falta de comprensión de su complejidad está la raíz de que no se aborden adecuadamente las soluciones. Y se están poniendo soluciones simplistas a un problema supercomplejo».

Algo de eso se reconoció en la cumbre One Planet Summit, en la que la vicepresidenta vicepresidenta cuarta del Gobierno español y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, dijo que «Hay que preservar la naturaleza, pero los esfuerzos de conservación ya no son suficientes. Necesitamos revertir la pérdida de la naturaleza y para ello debemos producir y consumir de una manera diferente». Y el presidente Macron se expresó en el mismo sentido «Sabemos de forma evidente que todas nuestras vulnerabilidades están vinculadas».

Alcanzar el 30×30, un salto cuantitativo

Tanto se sabe que para la alianza uno los datos aportados en esa reunión fue que solo está protegido el 15 % de toda la superficie terrestre y el 7 % de la marina. Por lo que alcanzar ese 30×30, si no suficiente, sí que sería un salto cuantitativo. Que, adicionalmente, contribuirá también a la prevención de pandemias, ya que, según se afirmó, la rápida pérdida de áreas naturales presenta una amenaza para la salud y la seguridad de todas las especies, como bien hemos podido comprobar los humanos en carne propia con la pandemia del coronavirus. La necesidad de recuperar el equilibrio con la naturaleza es urgente.

De la cumbre parisina han salido una serie de propósitos y compromisos: proteger los ecosistemas terrestres y marinos, mediante la creación e una red de áreas protegidas, acabar con la sobrepesca, combatir la contaminación marina y acabar con el plástico de un solo usos y hacer más ecológico el transporte marítimo; promover la agroecología, como medio para preservar la biodiversidad, cumplir los objetivos de desarrollo sostenible y crear empleo; movilizar la financiación para la biodiversidad, mediante el fomento de la inversión en restauración; y proteger los bosques, las especies y la salud humana, con la prevención de emergencia de enfermedades zoonóticas como gran eje de acción.

Compromiso de toda la sociedad

Por su parte, el Consorcio de Biodiversidad del Mediterráneo es «un acuerdo colectivo de organizaciones internacionales del Mediterráneo para trabajar todos juntos en la protección de la biodiversidad de esta región», como explica Puri Canals, que participó en la reunión de Marsella. Uno de sus principales objetivos será el desarrollo de soluciones innovadoras para la conservación de la biodiversidad y el primer ejemplo de esta colaboración será la presentación de un proyecto conjunto de soluciones basadas en la naturaleza en las zonas costeras del Mediterráneo. Además, crearán un “thik-tank” para desarrollar nuevas acciones de campo que permitan integrar el desarrollo sostenible con acciones concretas de conservación y crearán una red de alerta roja para informar a los responsables políticos sobre los proyectos que impacten sobre la biodiversidad para encontrar soluciones de prevención o mitigación de esos impactos.

Pero, como proteger la biodiversidad requiere el compromiso de toda la sociedad, Canals también aporta posibilidades de acción para los ciudadanos de a pie: «las personas tienen que participar en esta tarea. Y pueden hacerlo apoyando las iniciativas políticas, mirando los programas electorales, haciendo presión para la concienciación de los políticos. Quienes creen en la importancia de proteger los bienes naturales, que no se conformen, que apoyen y participen, por ejemplo asociándose a organizaciones ambientales. Si estas tuvieran cientos de miles de socios, podrían hacer mucha más presión. Porque, si no nos metemos todos los ciudadanos, esto no va a cambiar». Y, además, para la vida diaria recomienda «consumir menos, a más consumo más impacto; y tratar de consumir productos ecológicos y de kilómetro cero».

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Un comentario

  1. […] a todos los niveles, tengan las menores consecuencias posibles, en pérdida de ecosistemas, de biodiversidad, incluso en vidas […]

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