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Plásticos

Los supermercados suspenden en su lucha contra los plásticos de un solo uso

Hace cuatro años, un movimiento social sin precedentes puso en pie de guerra a los consumidores españoles. Llevábamos décadas escandalizados por la marea de plásticos que asfixian nuestros mares y ríos, que cubren la naturaleza de basuraleza, que matan tortugas, ballenas y gaviotas, pero no acabábamos muy bien de localizar su procedencia. ¿De dónde venía tanto plástico? La verdad resultó muy incómoda: los culpables éramos todos. Una sociedad entregada a la insostenible economía del usar y tirar. Y que recicla muy mal el plástico, apenas un 30% según la OCU.

¿Culpables nosotros? ¿No seremos más bien víctimas de un modelo que no hemos elegido y para el que apenas existen alternativas? La mayor parte del plástico que llega al mar procede de envases que protegen esos alimentos y bebidas comprados en los supermercados. Y quizá, empezó a pensar más de uno, no son tan imprescindibles como creíamos. ¿Hacen falta tantos plásticos para envolver unas frutas y verduras que ya tienen sus propias pieles protectoras de forma natural?

Desnuda la fruta

Así nació en 2017 la campaña #DesnudaLaFruta, promovida por Isabel Vicente, ingeniera agrónoma responsable del blog La Hipótesis Gaia, junto con Fernando Gómez y Patricia Reina de la web Vivir Sin Plástico, a quien dedicamos hace unos meses una de nuestras Charlas en Verde. La campaña abrió los ojos a millones de consumidores que de repente empezaron a darse cuenta de que el plástico lo envolvía todo hasta situaciones tan grotescas como esas fotos de bandejas plastificando una manzana, un plátano, mandarinas ya peladas en gajos o la famosa cebolla en bandeja de poliespán que nos ha hecho llorar de indignación.

La sorpresa se transformó en enfado, las redes se llenaron con imágenes de denuncia y los supermercados pasaron a ser señalados como culpables del despilfarro contaminador. ¿Por qué se usa tan innecesariamente tanto plástico con los alimentos?

Para garantizar la seguridad alimentaria como exigen los reglamentos europeos, respondieron rápidamente los aludidos a través de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (ASEDAS). Para que se conserven mejor y durante más tiempo, algo que va en la línea de la lucha contra el desperdicio alimentario. También para facilitar su correcto etiquetado y venta.

Sin embargo, un estudio de Amigos de la Tierra demuestra que el uso de envases de plástico no reduce el despilfarro alimentario. El informe señala que estos residuos han aumentado de forma alarmante en la última década. Y que lejos de solucionar el despilfarro lo fomentan. Por ejemplo, los multi-packs obligan a comprar más producto del necesario y, por tanto, inducen al despilfarro, además de generar una ingente cantidad de residuos.

Nos ahogamos en plásticos

La realidad es que cada vez producimos más plásticos y provocamos más y más graves problemas ambientales por su culpa. Según Greenpeace, el ser humano ha generado la friolera de 8.300 millones de toneladas de plástico desde que su producción industrial empezase hacia 1950, el equivalente al peso de mil millones de elefantes. Y aproximadamente la mitad ha sido generada en los últimos 13 años. Tan solo los fabricantes de bebidas producen más de 500.000 millones de botellas de plástico de un solo uso cada año.

Al ser un producto que no se degrada y que solo se recicla muy parcialmente, la mayor parte acaba transformándose en peligrosos e invasivos microplásticos. La ONU ha advertido que en 2050 habrá más toneladas de plástico que de peces en los océanos.

Pero los supermercados entendieron rápidamente el mensaje. Las críticas y el rechazo de los consumidores a tanto embalaje innecesario, junto con la nueva Estrategia Europea para el Plásticos que persigue acabar con los de un solo uso, ha sido un arma poderosa de convencimiento.

En cuatro años los productos a granel se han ido haciendo hueco en las estanterías de los supermercados, aunque todavía no han logrado desplazar al plástico. De hecho, como puede comprobar cualquiera que salga de compras, la fruta embolsada tiene un precio más bajo que la comprada a peso. Y al final el condicionante económico suele mandar más que las consideraciones ambientales.

Por ya sea por márquetin, sensibilidad, preocupación o convencimiento, lo cierto es que poco a poco estamos arrinconando al plástico. Un cambio que sobre todo están protagonizando las grandes cadenas alimentarias, pero también pequeños comercios que ya solo venden productos a granel.

El cliente siempre tiene la razón. Y exige desnudar la fruta.

Carrefour se “desplastifica”

El gigante alimentario Carrefour lidera esta nueva lucha empresarial contra el plástico. En los últimos tres años ha conseguido reducir en un 50% su uso en frutas y verduras. Además de la cada vez mayor presencia del granel, muchos productos se ofrecen ahora envasados en otros materiales más sostenibles como cartón, mallas de algodón o productos biodegradables.

Desde 2018 la empresa de distribución ha dejado de utilizar en España más de 1.000 toneladas de plástico. Y aspira a recortar aún más esta dependencia. De hecho, el grupo Carrefour tiene como objetivo para 2025 reducir los envases en 20.000 toneladas, de las que 15.000 toneladas serán de plástico.

Mercadona también avanza

‘Sí a seguir cuidando el planeta’ es el nuevo mensaje sostenible de Mercadona. Gracias a su impulso, la cadena de supermercados ha dejado de usar más de 6.000 toneladas de plástico en un año, 3.200 correspondientes a la sustitución de las bolsas tradicionales de un solo uso por otras compostables, fabricadas a partir de fécula de patata, y 3.000 al apostar por la venta de menaje reciclable, tal y como obliga la nueva normativa europea.

A ese respecto, Mercadona trabaja junto a sus proveedores en la Estrategia 6.25 para conseguir en 2025 un triple objetivo: reducir un 25 % de plásticos, que todos los envases sean reciclables y reciclar todo el residuo plástico. En total, la compañía tiene previsto invertir 140 millones de euros en los próximos cuatro años para llevar a cabo todos los hitos de dicha estrategia.

Nuevo impuesto al plástico

En esta guerra contra el plástico el Gobierno español ha querido dar un paso más adelante a golpe de impuestos. A partir del próximo 1 de enero, la industria agroalimentaria deberá asumir una nueva tasa especial por el uso de envases de plásticos de un solo uso a través de la conocida como Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). Es una forma directa, a golpe de talonario, de implicar a los fabricantes en el proceso de recuperación de los plásticos que generan y de trasladar su responsabilidad sobre los productos que ponen en el mercado.

Esta posibilidad ya se planteaba en la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados, cumpliendo con unas exigencias de la Unión Europea que hasta el momento todavía ningún país ha implementado. España será el primero en hacerlo. Aunque es probable que tal decisión finalmente se retrase. Tanto las empresas agroalimentarias, organizaciones agrarias y asociaciones empresariales consideran que no es el momento de aplicar un nuevo impuesto que repercutirá negativamente en la competitividad empresarial y en el consumidor. En su lugar, proponen retrasar su entrada en vigor al menos un año, hasta el 1 de enero de 2024.

El objetivo del Gobierno es ambicioso. Aspira a reducir el peso total de los residuos de envase, un 3% en 2025 y un 15% en 2030 respecto a las cifras de 2010. También a que en 2030 todos los envases puestos en el mercado sean 100% reciclables y, a ser posible, reutilizables. Y quiere reducir un 50% las botellas de plástico de un solo uso.

¿Son objetivos imposibles? No lo deberían de ser tanto. Al menos si con ello logramos entre todas y todos ese placer único de disfrutar de la fruta desnuda, como la naturaleza la trajo al mundo. Y dejamos por fin de encontrarnos en las playas cetáceos muertos con más de 50 kilos de plástico en sus estómagos.

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