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Arte recicladoArtistas en verde

Nari Ward: ¡a ver qué punto limpio supera el reciclaje de este artista!

En nuestra serie ‘Artistas en Verde’ viajamosa Jamaica y Nueva York. A Jamaica, porque allí, en Saint Andrew, nació en 1963 Nari Ward. A Nueva York porque en esta gran ciudad, que sigue siendo corriente multiplicadora de las más innovadoras modas y tendencias artísticas, vive desde que tenía 12 años y trabaja este artista, cuyo estudio en el barrio negro de Harlem ha catalizado buena parte de su inspiración. Nari Ward es muy conocido en América por sus grandes instalaciones compuestas de desechos que recoge en su vecindario. El ‘upcycling’ artístico cada vez tiene más cosas que contarnos. Y este artista es todo un punto limpio. Atención a todo lo que recoge para transmitirnos su arte.

Sus impactantes esculturas están compuestas de materiales tan dispares como carritos de la compra y carritos de bebé, botellas de vidrio, bolsas de plástico, puertas, televisores, cajas registradoras, cordones de zapatos… Digamos que prácticamente todo le vale para desarrollar su inventiva y creatividad… Según explica en la bio de su propia web: “Ward recontextuaiza estos objetos encontrados pensando en provocar yuxtaposiciones que creen complejos y metafóricos significados para confrontarlos a asuntos políticos y sociales, como el racismo, la pobreza y el consumo cultural. Él deja intencionadamente abierto el significado de su obra, para que sea el propio público quien realice la interpretación”.

Amazing Grace

Uno de sus trabajos más icónicos, Amazing Grace (el título responde a un famosísimo himno cristiano que exalta el poder del perdón y la redención, y que ha sido interpretado por cantantes de lo más diverso, desde Aretha Franklin a Rod Stewart, y desde Johnny Cash hasta la mismísima Mónica Naranjo, y en catalán), fue producido como parte de su residencia en 1993 en The Studio Museum de Harlem y que le sirvió de respuesta a la crisis provocada por las drogas y el sida a comienzos de los años 90.

Para esta enorme instalación, Ward reunió casi 400 cochecitos de bebé desechados – y que en Nueva York son habitualmente usados, como los carritos de los híper, por los sin-techo para transportar sus pertenencias con ellos, vagando de un lado para otro, sin rumbo fijo– y los ató con mangueras en una estación abandonada de bomberos en Harlem. Retumbando en el espacio se podía escuchar una grabación de góspel repitiendo el mencionado tema Amazing Grace, cuya letra habla de generar optimismo y esperanza. La instalación ha viajado después por diversas localizaciones de EE UU y Europa.

Tres años después, en 1996, en esa misma estación abandonada de bomberos, su instalación Hunger Cradle (Cuna de Hambre) llenó el espacio con complicadas redes de cuerdas, hilos, tuberías y alambres, que sostenían suspendidos objetos encontrados en el barrio, desde libros a una cuna, teclas de piano (como homenaje a la música negra de Harlem) y varias herramientas.

Un punto limpio con una gran carga histórica 

Repasemos más obras para cerciorarnos de que Nari Ward es un imaginativo punto limpio:

Carpet Angel (1992) (expresión que se refiere a las gotas de semen que, tras una eyaculación, pueden caer a la alfombra, perdiéndose espermatozoides que, llevados al extremo de la interpretación ultra cristiana, son niños perdidos, ángeles de alfombra): una recopilación de alfombras, bolsas de plástico, botellas de refrescos, cuerdas y tornillos.

Crusader (2005) (Cruzado): está hecha de bolsas de plástico, metales, un carrito de la compra, trofeos de lo más variopinto, candelabros y recipientes de plástico.

Savior (1996) (Salvador) (nótese el tinte irónico-trascendental-religioso de los títulos y carácter de sus esculturas). Similar al anterior, pero obra realizada una década antes también en torno a un carrito de la compra con bolsas de plástico, ruedas, espejo, silla, relojes, telas, botellas…

Glory (2004) (Gloria): con un barril de petróleo, fluorescentes, tubos de radiación ultravioleta, diversos elementos de ordenadores, dvd’s, ventilador, latas de pintura, cemento, toallas, membranas de caucho para techos, y hasta el audio de un loro.

T. P. Reign Bow (2012) (su significado se refiere a una plataforma táctica usada por el Ejército y también por la policía para la vigilancia de barrios problemáticos), con restos de maderas y lonas, cremalleras y hasta un zorro disecado.

Vamos, todo un punto limpio este hombre, pero dotándolo de una gran carga de crítica espiritual e histórica.

Seguimos y vamos terminando. Nari Ward ha compuesto obras con cojines, con huesos de perro, con tijeras, con zapatos, con suelas de zapatos, con cordones de zapatos (muchas, es uno de sus elementos favoritos), con latas, bastones, confeti, papeles manchados de café, con globos, con pelo humano y pelo de animales… Y con el poder re-interpretativo y re-creativo de los objetos encontrados y reencontrados, Nari Ward toca a menudo temas oscuros de la historia de los dos países que han configurado su biografía, como la esclavitud, el colonialismo y el racismo. Ahora mismo, según ha reconocido en recientes entrevistas, su preocupación se canaliza hacia la radicalización política que vive EE UU y la gentrificación de los barrios de Nueva York, como Harlem, que conoce tan bien, que se ha llenado de cafés súpercool con precios disparatados (como en tantas ciudades turísticas del mundo). De hecho, la cuenta de Instagram del artista está dedicada más a reivindicaciones y exaltaciones afroamericanas que a su arte.

La fuerza de ‘Nosotros El Pueblo’

Más recientemente, en 2019, la instalación We The People en The New Museum de Nueva York (uno de los centros donde este artista más y mejor ha estado representado), que reunía varias de sus esculturas más conocidas, fue interpretada por los medios como un examen a las traumáticas experiencias vitales de la comunidad negra en EE UU.

Su enfoque recuerda muchas tradiciones populares de su Jamaica natal y de Harlem. A Ward le gusta reflejar las tensiones entre los cambios y las tradiciones, y a menudo emplea las estructuras semánticas y arquitectónicas para reflexionar sobre los equilibrios de poder, la identidad nacional, el racismo y la memoria histórica que tanto influyen e impactan en el comportamiento de los ciudadanos y en nuestra globalizada sociedad contemporánea.

Más conocido y reconocido en EE UU que en Europa, sus obras están en museos tan prestigiosos como el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, el Smithsonian de Washington y el MoMA y el Whitney de Nueva York. Entre sus últimas instalaciones, una que nos viene muy al pelo en este blog: su recreación en 2016/2017 de un coche hecho enteramente con neumáticos reutilizados para el High Line de Nueva York (ese jardín elevado construido sobre una antigua vía de tren en Manhattan); todo, excepto –y ahí la tensión– precisamente las ruedas, que son bloques de granito, para destacar su inmovilidad. Otro detalle verde: al coche le crece un manzano encima.

Terminamos con este vídeo en el que podemos apreciar toda la fuerza y sensibilidad de su trabajo de arte-artesano, de recolección de restos, en el que las llaves y el tiempo detenido son protagonistas de su crítica a estos frenéticos tiempos.

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