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El impacto oculto de las Redes Sociales en el medioambiente

¿Sabes cuánto contamina cada una de tus publicaciones?

Una parte importante de las personas del planeta tiene y maneja diariamente alguna red social. Más allá de cómo afectan a la polarización, la difusión de noticias falsas o a la vanidad de cada uno, la gran mayoría no se pregunta por el impacto que tienen las redes sociales en la sostenibilidad medioambiental.

La respuesta evidente es que ningún usuario cree que cada vez que comparte una foto en Instagram, sube un vídeo a TikTok o lanza un mensaje en X esté perjudicando la salud del planeta. Los datos demuestran lo contrario: detrás de esa conectividad permanente se esconde un impacto ambiental alarmante.

Lo que contamina cada publicación en redes

Para que un usuario pueda compartir una imagen en su cuenta de Instagram o un vídeo en TikTok se necesita que haya una megainfraestructura tecnológica que incluye centros de datos, servidores, redes de comunicaciones e infinidad de dispositivos electrónicos. Por ejemplo, el viaje de una foto hasta su publicación en Instagram está consumiendo recursos y contaminando desde el mismo momento en que el usuario decide subirla a la red social. Veamos el trayecto:

El usuario selecciona la imagen y le aplica determinados filtros o edita la fotografía. Este proceso implica el consumo de energía, aunque esta etapa es la que menos consume.

Es la subida de imagen la que va a generar un consumo importante y afectará a la huella de carbono. Para cargar esa fotografía de las vacaciones se necesitan que trabajen varios servidores que se encuentran en los centros de datos y se emplea una compleja infraestructura de red para transferir los datos. Esa transferencia de información está consumiendo energía tanto en el dispositivo del usuario como en los servidores y los centros de datos de la red social. Este consumo se multiplica con la cantidad de usuarios y la frecuencia de las subidas.

El proceso no termina aquí. Ahora cada imagen enviada por los usuarios se tienen que procesar y almacenar en los centros de datos. Como hemos visto en otros artículos de este blog, los centros de datos grandes consumidores de energía y recursos tan escasos como el agua.

El proceso sigue consumiendo energía. A partir de este momento aparece la fase de distribución y publicación de la imagen para la que, nuevamente, es necesario que participen servidores y redes de comunicación que volverán a contribuir a incrementar la huella de carbono.

Finalmente, el impacto ambiental se resiente con cada visualización. La demanda constante de contenido visual contribuye a que los centros de datos sigan teniendo que consumir energía. Incluso aunque una imagen o un vídeo no lo viera nadie, los servidores del centro de datos tienen que seguir consumiendo energía sólo por tener almacenado ese contenido.

Según datos del proyecto SAGE (Sound Advice for a Green Earth) de la Universidad de Stanford (EE.UU), cada gigabyte de datos que se almacena en una red social consume entre 3 y 7 kWh de energía, lo que equivale a dejar el aire acondicionado encendido durante 2 horas. Por otra parte, la propia plataforma de Instagram, con más de 26 millones de usuarios en España, asegura que se suben más de 95 millones de contenidos cada día con un consumo entre 1 y 5 MB por foto. Una simple multiplicación nos dirá cuántos y cuántas horas de aire acondicionado tenemos funcionando cada día.

No sólo centros de datos

Como hemos visto en varios artículos, aunque necesaria, la tecnología es una de las grandes generadoras de emisiones de carbono y una de las mayores consumidoras de energía. Se estima que que consumo energético mundial por parte de la tecnología se sitúa entre el 8 y el 10%, con la previsión de que en 2030 suponga el 13%. Además, el sector TIC es responsable de entre el 2 y el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En el caso de las redes sociales, otro de los problemas es que gran parte de la electricidad que necesitan los centros de datos para subir un vídeo a TikTok o a Youtube proviene de fuentes no renovables como el carbón. Por ejemplo, Google, dueña de YouTube, genera más de 1,68 millones de toneladas de dióxido de carbono en un año.

Y no sólo se consume energía. También recursos naturales que cada vez son más escasos. Por ejemplo, la refrigeración de los centros de datos también requiere del empleo de grandes cantidades de agua lo que está contribuyendo a incrementar la escasez de agua en algunas regiones.

Entre las redes sociales, algunas plataformas destacan por su alto impacto ambiental debido a su popularidad y al tiempo que los usuarios pasan en ellas. Según un estudio de BanklessTimes, TikTok emerge como la red social más contaminante, con una emisión de 2,63 gramos de CO2 por minuto y 30,72 kilogramos por año. Por su parte, las diferentes funcionalidades de Instagram generan diferentes cantidades de emisiones de CO2. Por ejemplo, desplazarse por el feed de noticias de esta red social genera aproximadamente 1.55 gramos de CO2 por minuto mientras que ver y alojar un live  produce alrededor de 0.72 y 0.62 gramos de CO2 por minuto, respectivamente. En términos generales, Instagram emite alrededor de 1.91 gramos de CO2 por minuto.

Cómo solventar el problema

Evidentemente, la fórmula ideal sería la de prescindir de las redes sociales en nuestras vidas. Como esto parece complicado, lo primero de todo es tomar conciencia. Una conciencia que no tenemos ya que como indica un reciente estudio realizado por ING, sólo un 5,6% de los usuarios es consciente del impacto ambiental que tienen las redes sociales.

Por eso es importante que los usuarios sepan que cada vez que suben una imagen o un vídeo están contribuyendo a empeorar la sostenibilidad de planeta. Si todos conocieran el impacto que tiene, tal vez se preguntarían si realmente es necesario subir esa imagen de tus vacaciones o si es útil compartir el vídeo de un gato maullando.

Otro punto importante como hemos visto es el del almacenamiento. Cada imagen, vídeo o post se queda almacenado en servidores y centros de datos que están consumiendo energía. Está comprobado que esa fotografía de hace 15 años va a ser vista por muy poca gente. Si cada usuario eliminase varias de esas imágenes antiguas, estaríamos mejorando la salud del planeta.

Finalmente, otro elemento a tener en cuenta, es reducir el tiempo que pasamos en cada red social. Con ello haremos que los centros de datos trabajen menos, aumentaremos la vida del smartphone y de paso, mejoraremos nuestra salud mental… pero esto ya es otra historia.

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