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La casa que te cuida: lo que un arquitecto quiere que sepamos

Jaime Baladrón, arquitecto especializado en sostenibilidad, insiste en una idea sencilla y, a la vez, incómoda: los edificios influyen directamente en nuestra salud.

Curiosamente, su camino conectando diseño, entorno y bienestar empezó por su amor a la naturaleza. Se encontró con una realidad: la arquitectura no es solo estética o estructura. Es aire, luz, temperatura, materiales, ruido, humedad. Es, literalmente, lo que respiramos y cómo vivimos dentro.

La salud en el centro

Jaime cuenta que primero se interesó por la madera, en la universidad se metió en una cátedra específica. Luego, por la eficiencia energética y, más tarde, por temas sociales como la pobreza energética: viviendas donde se pasa frío o calor porque “pierden energía” y mantener una temperatura confortable se vuelve imposible o carísimo.

Aquí aparece la primera clave: el confort térmico es salud. No es un capricho. Una casa mal aislada obliga a vivir con frío, con calor extremo o con humedad, y eso a largo plazo pasa factura.

Jaime comenta que mucha gente no mira la letra del certificado energético (A, B, C… hasta G), pero esa letra “cuenta” porque se traduce en temperatura interior, gasto, y estrés físico. Y añade una observación muy concreta: en España, cada verano hay muertes por golpes de calor, y el calor puede ser incluso más peligroso que el frío.

Los tóxicos invisibles dentro de casa

Muchas sustancias que nos afectan no vienen de fuera, sino de dentro: muebles, pinturas, barnices, suelos vinílicos, adhesivos, textiles sintéticos…

Un ejemplo que utiliza Jaime es muy gráfico: hoy muchos muebles “de madera” están hechos en realidad de tableros derivados (serrín aglutinado con adhesivos). El problema no es solo el material, sino lo que libera al aire. Algunos muebles emiten compuestos orgánicos volátiles (COV), sustancias químicas invisibles. Entre ellas el formaldehído, que él señala como cancerígeno. Y no se trata de obsesionarse con un marco de fotos, sino de entender el volumen: si tu casa está llena de muebles así, la exposición se multiplica.

El arquitecto especializado admite que hay plásticos inevitables en aparatos, carcasas, etc.), aunque traslada una idea práctica: no se trata tanto de evitar todo, como de priorizar lo natural y reducir lo problemático.

Aunque, para esta labor, cree que es vital recurrir a expertos para informarse, menciona al Dr. Nicolás Olea, y a las arquitectas Nuria Gil Polo, Sonia Hernández-Montaño y Rita Gasalla.

Planta y decoración en la repisa de un salón

Cinco hábitos que cambian nuestro hogar

Jaime resume así lo que él aplica en casa para reducir tóxicos y mejorar la calidad del ambiente:

  1. Materiales naturales en muebles y textiles

Busca madera maciza, bambú cuando encaja, y textiles como lino o algodón. En alfombras, apuesta por lana, cáñamo o fibras vegetales. Lee las etiquetas y pregunta a los distribuidores para rodearte de menos “química” (resinas, colas, acabados sintéticos).

  1. Plantas de interior como apoyo

Menciona estudios populares sobre plantas y aire interior (habla del famoso informe de la NASA de los años 80, pensado para ambientes cerrados Plantas con follaje para mejorar la calidad del aire interior). Cita ejemplos comunes y fáciles de encontrar de plantas que ayudan a purificar el aire: cinta, helechos, poto, cuna de Moisés.

Apunte importante: cada especie y cada estado de la planta puede influir en qué contaminantes “depura” mejor.

  1. Medidor de calidad de aire

Jaime usa un medidor que analiza múltiples parámetros y le permite ver cuándo ventilar, cuándo actuar y qué está pasando en su casa. Cuenta que incluso hay medidores baratos que te ponen un semáforo (verde/amarillo/rojo) para medir fácilmente los indicadores.

  1. Purificador de aire

Un purificador captura partículas en suspensión. Y hace una advertencia que conviene recordar: cuanto más pequeñas son, más capacidad tienen de entrar en el cuerpo.

  1. El agua que bebemos

Aunque el agua del grifo en España suele ser de buena calidad, él usa un filtro certificado “por coherencia” con lo que recomienda y por tranquilidad ante picos puntuales.

Ventana de casa de campo

Cuando la etiqueta importa

En muchas ocasiones, leer una etiqueta es un proceso complejo. En muebles, dice Jaime, a veces la información es mínima (“madera”, sin más), y otras veces el fabricante te detalla origen, trazabilidad y certificación.

Aquí aparecen dos claves:

  1. Busca sellos ambientales o de baja emisión, porque implican que alguien externo ha revisado los criterios. Él menciona varios: EU Ecolabel, Cradle to Cradle, Blue Angel, Greenguard, etc., y también etiquetas de emisiones en aire interior (la francesa “Emissions dans l’air intérieur”). Pero no solo nos quedemos en sellos de terceros que miden aspectos distintos como las emisiones, las sustancias peligrosas o el ciclo de vida, profundicemos en la información que ofrece cada uno.
  2. Exige información concreta, no palabras confusas y vacías de significado.

Un paso más: ¿Qué son la bioclimática y bioconstrucción?

Si pudiera construirse una casa hoy, Jaime lo tiene claro: bioconstrucción + bioclimática.

  • Bioclimática: diseño para el confort con estrategias pasivas como tener en cuenta la orientación del edificio, el aislamiento, protecciones solares, etc.
  • Bioconstrucción: construcción con materiales de origen natural (tierra, cal, madera, piedra, paja…).

Lo más interesante es su argumento económico: muchas decisiones bioclimáticas “no cuestan” más dinero cuando estás diseñando, porque se toman antes de construir. Girar un edificio, optimizar huecos, proteger del sol… es una cuestión de inteligencia del proyecto.

Materiales de construcción de origen natural

Biodiversidad, neuroarquitectura y lo que sentimos en un espacio

Jaime menciona una disciplina que está entrando con fuerza: neuroarquitectura (neurociencia aplicada a entornos). Él afirma que el espacio afecta a las emociones, concentración y descanso. Techos altos y amplitud pueden favorecer creatividad; espacios más recogidos pueden ayudar a concentrarse; la temperatura del color de la luz influye en el sueño. Trabajar todo el día con luces muy blancas y salir de noche puede alterar los ritmos y el descanso, asegura.

Sin embargo, va un paso más allá: integrar biodiversidad no es solo “poner plantas en la fachada”. Habla de integrar fauna (por ejemplo, refugios para murciélagos o presencia de aves insectívoras), que puede reducir insectos y, además, aportar bienestar por la experiencia cotidiana de convivir con seres vivos cerca.

La normativa no garantiza casas saludables

Una de las afirmaciones más contundentes de Jaime es esta: hoy puedes tener una casa “legal” y aun así tóxica. Dice que en accesibilidad hay normativa avanzada, pero muchas veces no se verifica. El problema es que se pide mucho papel y se controla poco.

Su propuesta suena casi revolucionaria por lo simple: menos burocracia y más inspección real. Porque, sin control, aparece la picaresca: certificados energéticos baratos hechos sin visitar el edificio, datos inventados o copiados, y decisiones importantes tomadas a ciegas por compradores y familias.

Grupo de amigos charlando en el salón

La idea resumen

La vivienda como ecosistema. Un ecosistema de aire, materiales, luz, temperatura, agua, ruido, accesibilidad y tiempo de vida (sí: también el tiempo que pierdes cada día desplazándote).

Y la buena noticia es que no hace falta ser arquitecto para empezar: mira el certificado energético, mide el aire, ventila con criterio, prioriza materiales naturales, desconfía de acabados plásticos “baratos”, y pide información concreta. Pequeños cambios en el hogar pueden ser una forma de prevención.

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