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¿Es posible recauchutar un neumático de coche?

De sobra es sabido que los neumáticos tienen una vida limitada. El desgaste de la banda de rodadura, grietas, cortes, abultamientos… o simplemente el paso del tiempo son señales inequívocas de que ha llegado el momento de cambiar el neumático de nuestro coche.

En la actualidad, existen tecnologías más que suficientes para dar una segunda o incluso una tercera y cuarta vida a los neumáticos, sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de gomas gastadas (entre el 10 y el 15 %) se reparan ¿Por qué? ¿Qué requisitos deben cumplir los neumáticos para ser recauchutados? ¿Realmente es posible recauchutar un neumático de coche? Conozcamos un poco mejor esta técnica y sus verdaderas posibilidades.

Sin lugar a dudas, recuperar los neumáticos usados de forma masiva sería una excelente noticia, no sólo para el medio ambiente (menos consumo de energía, menos consumo de materias primas y menos residuos de neumáticos) sino también para los consumidores que verían cómo se duplicaría o incluso triplicaría la vida útil de sus neumáticos. No obstante, como comenta, José Luis Rodríguez, director del Consorcio Nacional de Industriales del Caucho “no todos los neumáticos se pueden recauchutar”.

La patronal de fabricantes hace una distinción muy clara entre los neumáticos de vehículos industriales y los neumáticos de coche. “Mientras los primeros se pueden recauchutar perfectamente (una o dos veces las ruedas de camión y hasta diez en el caso de algunos aviones), los neumáticos de turismo no están pensados para ser recauchutados”, afirma José Luis Rodríguez.

Las diferencias comienzan en el mismo momento de su diseño. “Cuando se concibe un neumático industrial ya se está pensando en darle una segunda vida, cosa que no ocurre con los neumáticos de turismo”, señala José Luis Rodríguez. Aún así, en nuestro país algunas empresas del sector están recauchutando neumáticos de coche de manera habitual, generando una polémica que ha llegado hasta las consejerías de medio ambiente y gestores de residuos de algunas comunidades autónomas.

Los fabricantes de neumáticos insisten en que sólo se deben recauchutar los neumáticos industriales, pese a que en España empiece a existir cierta cultura de recauchutado de turismos. “Lo que está sucediendo en nuestro país no ocurre en ninguna otra parte de Europa. Resulta contraproducente. Si un fabricante de amortiguadores, por poner un ejemplo, nos dijera que su amortiguador sólo tiene un uso le haríamos caso, ¿verdad? ¿Por qué no ocurre lo mismo con los neumáticos de coches? No hay ni una sola marca en el mundo que recomiende el recauchutado de turismos”, asegura el director del Consorcio Nacional de Industriales del Caucho.

La edad del neumático es la clave de todo este proceso. Según los expertos, el caucho es un material que se va deteriorando con el paso de los años, envejece y pierde sus propiedades hasta poner en riesgo la seguridad de los ocupantes del vehículo. “La vida útil de un neumático de turismo es muy superior a la de un vehículo industrial. Si recauchutamos un neumático con siete años de antigüedad nos podría parecer en un principio que ha quedado muy bien, pero al hacer un estudio de la estructura interna del caucho nos daríamos cuenta de que está bastante deteriorado. El riesgo de un reventón se multiplica y, por lo tanto, las posibilidades de sufrir un accidente”, concluye José Luis Rodríguez.

Además del factor tiempo, debemos tener en cuenta otra variable fundamental: la vida del neumático. Tal y como advierte José Luis, resulta mucho más sencillo verificar el estado de un neumático industrial que el de un turismo. “La estructura interna de un neumático de camión o autobús es metálica. Esto permite comprobar, a través de un proceso similar al de los rayos X, cuál es el estado de la carcasa interna. Sin embargo, el neumático de turismo está hecho a base de tejidos textiles, por lo que resulta mucho más complicado saber cómo está realmente por dentro: no es lo mismo circular por caminos de tierra que por autopistas, conducir de una manera o de otra, darse un llantazo o no dárselo…”, concluye José Luis.

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