Acabamos de estrenar otoño y llegan las primeras lluvias. Y, con ellas, la sensación que el vehículo no responde de la misma manera: el firme brilla, resbala y requiere más atención. Estas primeras lluvias son especialmente peligrosas porque arrastran polvo, aceite y restos que se han ido acumulando en la calzada durante los meses sin precipitaciones. Esta superficie resbaladiza es a la que se debe enfrentar el neumático las primeras veces que está húmedo (y a todas las que le seguirán durante los próximos meses).

¿Cómo actúa un neumático frente a la lluvia? Aquí te dejamos unas pinceladas para ver lo importante que es disponer de neumáticos en buen estado, el único elemento que está en contacto con el suelo:
Los surcos del neumático, la vía de escape
El dibujo de la banda de rodadura no es puramente estético sino responde a algo mucho más técnico al ser la manera la vía por la que sale el agua cuando entra en contacto con el neumático. Es como una red de tuberías: mientras que unos echan el agua para atrás, otros la evacuan ahacia el exterior. Así, si el neumático está en buen estado, puede sacar decenas de litros por segundo, lo que confiere seguridad al conductor y fiabilidad estando al volante.
Y las laminillas, ayudan y mucho
Las laminillas son cortes de pequeñas dimensiones que se distribuyen por la banda de rodadura y que, o rompen la película de lluvia o, en el caso de la nieve, mejoran la tracción del neumático.
Y si no bastan las laminillas o los surcos, aquaplaning
Seguro que te suena de la autoescuela. Cuando el volumen de agua es superior a la capacidad que tiene el neumático para evacuarlo, el neumático y, por tanto el coche, ‘navega’ por encima de la capa de agua. Es muy peligroso porque el conductor deja de poder gobernar el coche y, directamente, no responde. Se suele dar en neumáticos gastados, yendo a gran velocidad y grandes acumulados en la calzada.

Profundidad del neumático, factor clave
Se establece un mímino legal de 1,6 milímetros de dibujo. Sin embargo, se recomienda que el dibujo no sea menor de los 3 milímetros para que el no pierda prestaciones, entre ellas, el agarre y su capacidad para evacuar el agua.
La presión, la gran olvidada
Uno de los aspectos a tener en cuenta es la presión de los neumáticos. A menos presión, la zona central de la banda de rodadura pierde capacidad para evacuar el agua, lo que incrementa la posibidad de que se produzca el aguaplaning. Además, llevar los neumáticos con una menor presión de la indicada, genera un mayor gasto en combustible y su mayor desgaste.

Y cuando el neumático ya no puede drenar más agua, empieza una nueva vida
Y esta nueva vida es la del reciclaje a través de SIGNUS. Durante 2025 se gestionaron 230.901 toneladas de neumáticos, de las que casi el 88% se destinó a reciclaje o valorización.