Calor, calor y más calor. Esto es lo que nos espera los próximos meses. Vuelven viejas conocidas como las noches tropicales y las tórridas, canícula o temperaturas anómalas. Todas ellas son parte de lo que, comúnmente, llamamos olas de calor. Estos periodos de temperaturas extremas tienen, además, un efecto directo sobre el estado de la salud de los neumáticos.

Veamos cómo y el porqué:
- El asfalto hierve. Es más que posible que hayas visto algún video viral donde, para mostrar las altas temperaturas que alcanza el asfalto, se fríe un huevo en su superficie. O neumáticos que se derriten al sol. Y es que durante estos meses año, es fácil que el firme llegue a temperaturas que superen fácilmente los 70 ºC.
Estos niveles de calor provocan, además, que el aire de dentro del neumático se expanda, provocando una sobrepresión, a veces, excesiva. Así, a más calor, existe un mayor estrés sobre el caucho, más desgaste y más posibilidades de tener un reventón. - Las olas de calor acompañan el verano y con este, las vacaciones y los viajes largos.
Es precisamente cuando hacemos largas distancias en estas condiciones cuando se exige más a los neumáticos. Por ello, ante de emprender un viaje y al finalizarlo, dedícale unos minutos a revisarlos: comprueba en la estación de servicio que la presión es la correcta, fíjate si hay cortes, bultos o zonas más desgastadas de la cubierta del neumático o cualquier otra anomalía. - Más peso que nunca. La bicicleta, patinete, maletas, neopreno o kayak… son solo algunos de los objetos del verano y asociados con las vacaciones.
Todos en nuestro vehículo y nuestros desplazamientos son un extra en el equipaje (y en el peso) que deben soportar nuestros neumáticos. Si a esto se te le suman las largas distancias y altas temperaturas, el combo de sufrimiento del neumático ya lo tenemos servido. - Mantenimiento, clave. Nunca está de más recordar que los neumáticos son la única parte del vehículo que se encuentra en contacto con el firme. Esto hace que sea extremadamente importante que siempre estén en buen estado, especialmente en momentos en los que les pedimos un esfuerzo extra, como las vacaciones estivales.

Por ello, lo mejor es que aproveches para hacer una visita al mecánico, previa a tu salida, para que revise el estado general del vehículo, incluidos tus neumáticos. Una inversión mínima que te puede ahorrar más de un quebradero de cabeza.
Estos niveles de calor provocan, además, que el aire de dentro del neumático se expanda, provocando una sobrepresión, a veces, excesiva. Así, a más calor, existe un mayor estrés sobre el caucho, más desgaste y más posibilidades de tener un reventón.
Es precisamente cuando hacemos largas distancias en estas condiciones cuando se exige más a los neumáticos. Por ello, ante de emprender un viaje y al finalizarlo, dedícale unos minutos a revisarlos: comprueba en la estación de servicio que la presión es la correcta, fíjate si hay cortes, bultos o zonas más desgastadas de la cubierta del neumático o cualquier otra anomalía.
Todos en nuestro vehículo y nuestros desplazamientos son un extra en el equipaje (y en el peso) que deben soportar nuestros neumáticos. Si a esto se te le suman las largas distancias y altas temperaturas, el combo de sufrimiento del neumático ya lo tenemos servido.