Acabamos de estrenar el año y, con él, un lienzo en blanco para escribir nuestra propia historia. Y con el año nuevo, se repiten, como no, los buenos propósitos e intenciones: “De este año no pasa”, “Este año quiero empiezo”, “Este año sí que sí”. Sin embargo, a medida que va pasando el primer mes, nuestros nobles objetivos se van diluyendo y, a finales de enero, de poco nos acordamos de lo que nos habíamos propuesto. Pero, ¿por qué sucede esto? ¿Por qué los buenos propósitos van cayendo uno a uno a medida que avanza el año?

En este post analizamos las causas y te damos algunos consejos para que los compromisos ambientales y de sostenibilidad no terminen en agua de borrajas:
El nacimiento del propósito
“Quiero cambiar”, “No me encuentro a gusto con esto”, “Quiero ver mi mejor versión”, “No me veo bien”, suelen ser algunas frases que acompañan el propósito. Esta energía del cambio, aunque potente, es efímera, por lo que es importante marcar una dirección al propósito, es decir, el objetivo. Difícilmente la emoción la podremos mantener todo el año. Con el objetivo nace realmente el cambio.

Del propósito al hábito pasando por el objetivo
Un propósito ambiental sería, por ejemplo, querer ser más sostenible en nuestras compras en el supermercado. El objetivo sería la concreción, en cifras, de ese propósito: reducir el consumo de plástico en un 50% en el segundo trimestre respecto al primer trimestre de 2026. Y, tercero y más importante, la acción regular que te acerca al objetivo: dejar de comprar frutas y verduras envasadas. De esta manera, lo que es una buena intención se acaba integrando en tu día a día haciendo que, con el paso de los días, ya no te cueste su ejecución.

Motivos por los que los que fallamos
Sin embargo, los propósitos ambientales es fácil que acaben abandonándose con el tiempo. Aquí te damos algunos consejos del porqué suele suceder: algunos objetivos son demasiado grandes o poco definidos que hace que sean imposible ejecutarlos; en otros casos suponen un cambio tan radical o no existe un sistema de seguimiento que permita parametrizar el propósito. Y es que con los hábitos lo que queremos es que, con el paso del tiempo formen de nuestro día a día, ahorrando energía mental al convertirlos en comportamientos automáticos. Además, crean identidad y producen efectos acumulativos ya que muchas acciones pequeñas seguidas generan un gran cambio.

La práctica: el hábito sostenible
Después de preguntarse el porqué del cambio y de qué impacto tendría en nuestra vida, toca proponer las acciones. Por ejemplo:
- Del propósito ‘reducir la contaminación atmosférica al lado de casa’ seguiría la acción mínima de ‘de los 7 días a la semana, ir caminando al menos 3’.
- Del propósito ‘reducir el consumo de plástico’, la acción mínima asociada sería ‘llevar siempre una bolsa reutilizable’.
- Del propósito ‘reducir el consumo de agua’, el ‘poner las lavadoras siempre llenas de ropa’.

También puedes asociar cada uno de estos hábitos a una señal que te activa
Por ejemplo: al llegar a casa, dejar el abrigo colgado en el mismo sitio; al limpiar la cocina, separar cada uno de los residuos en el contenedor correspondiente; al cocinar, tener previsto envases para congelar la comida que sobre para reducir el desperdicio alimentario en su totalidad.

Importante: la flexibilidad
Hay veces que los hábitos no se pueden mantener en su totalidad. Por ello, adáptate a las circunstancias. Si alguna semana no puedes mantener el objetivo, no lo obvies, reduce su intensidad. Por ejemplo, pasando de caminar el tiempo objetivo a la mitad; intentar coger menos tiempo el coche u optar por productos que, aunque no sean totalmente sostenibles, tengan alguna característica de sostenibilidad, como el ecodiseño. La constancia vence siempre. Y mejor ser menos constante que dejar el hábito.

Y, sobre todo, no te olvides de la regla de oro para no dejar el hábito: no falles dos veces seguidas con el mismo hábito. Un fallo es comprensible, dos ya no. De ahí a que aparezcan patrones que pueden derivar en el abandono que tanto nos ha costado construir: el hábito.