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Tierras raras: qué son, para qué sirven y su impacto ambiental

Cómo afectan las tierras raras al medio ambiente y por qué son tan importantes.

Uno de los temas del momento es el de las tierras raras. Las últimas amenazas del presidente de EE.UU. sobre Groenlandia han puesto de manifiesto la importancia de la mayor isla del mundo. Además de su posición estratégica y de la creciente importancia militar debido al deshielo del Ártico, este inhóspito lugar esconde en sus entrañas una gran cantidad de recursos naturales.

Gas, oro o petróleo son algunos de ellos, pero, sobre todo, lo que hace interesante a ojos de Donald la isla, son las denominadas tierras raras, un recurso esencial para el funcionamiento de la tecnología moderna y del que China posee casi la mitad de todas las reservas mundiales. Con números se puede entender mejor: el país asiático posee unas reservas 44 millones de toneladas métricas, mientras que Estados Unidos, apenas alcanza los dos millones.

Tierras raras

Esta es una de las razones del inusitado interés por Groenlandia donde diversos estudios estiman que puede haber hasta 36 millones de toneladas métricas lo que supondría entre el 20 y el 25% de las reservas mundiales, aunque actualmente sólo podrían extraerse 1,5 millones dada la falta de infraestructura de la isla ártica.

Ni raras ni tierras. ¿Qué son?

A Santillana del Mar se la suele denominar como la localidad de las tres mentiras. Ni es santa, ni llana, ni tiene mar. Algo parecido sucede con las tierras raras: no son ni una cosa ni la otra. En realidad, son un grupo de 17 elementos químicos compuestos por el escandio, el itrio y los 15 elementos de la tabla periódica que se caracterizan por tener propiedades magnéticas, ópticas y eléctricas muy particulares que permiten mejorar el rendimiento de numerosos dispositivos.

Tabla periódica

Se denominan de esta forma porque hasta el siglo XIX se llamaban así a determinados tipos de óxido y raras porque en principio parecían elementos escasos, aunque hoy sabemos que son tan abundantes como el cobre, aunque habitualmente se encuentran en concentraciones muy bajas y rara vez en vetas puras como sucede con otros minerales, lo que dificulta su separación y refinamiento.

Su utilidad proviene de sus propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas. Así, las tierras raras son los componentes estrella de los imanes permanentes de alta intensidad, sin ellas los motores de los vehículos eléctricos serían más pesados y menos eficientes y si hablamos de energías renovables, estos elementos son fundamentales para que funcionen las turbinas eólicas marinas o los parques eólicos. Sin ellas, los colores de la televisión o del smartphone no no se apreciarían con la misma nitidez, ni los microscopios tendrían la misma resolución ni funcionarían de forma tan efectiva, los radares o los sistemas de visión nocturna.

Qué ocurría si no existieran

Estos ejemplos básicos bastan para comprender que, si mañana desaparecieran las tierras raras, la civilización moderna tal como la conocemos entraría en un colapso tecnológico inmediato. En primer lugar, todos los avances que se han producido en torno a la transición energética se pararían. Sin ir más lejos, sin imanes de neodimio (uno de los elementos que conforman las tierras raras), la eficiencia de los motores eléctricos caería drásticamente por lo que habría que volver a emplear motores de combustión interna o a baterías mucho más voluminosas y pesadas.

El impacto en el ámbito de la salud, la falta de tierras raras supondría un impacto brutal. Sobre todo en la medicina de diagnóstico. Y es que, por ejemplo, las máquinas de resonancia magnética dependen de imanes superconductores que utilizan estos elementos químicos. También sufriría la conectividad global ya que los amplificadores de señal en los cables de fibra óptica utilizan otro elemento, en este caso el erbio para mantener el flujo de datos.

Mundo conectado

En definitiva, viviríamos en un mundo más analógico, más pesado, más lento y, paradójicamente, mucho más contaminante al depender de nuevo exclusivamente de combustibles fósiles ineficientes.

El lado oscuro: cómo se extraen

Como ocurre con cualquier desarrollo o actividad en la que esté implicado el ser humano, a las bondades que proporcionan las tierras raras hay que añadir las contrapartidas. Y en este caso, también son importantes y tienen que ver con la extracción.

La mayoría de proyectos de extracción de tierras raras se desarrollan en minas a cielo abierto, donde se remueve gran cantidad de roca para acceder a los minerales en los que se encuentran estos elementos químicos. Tras la extracción, el mineral se tritura y se somete a procesos físico-químicos. Este paso requiere de llevar a cabo diferentes tratamientos con ácidos fuertes que genera grandes volúmenes de lodos, aguas residuales y emisiones gaseosas, además de concentrar elementos radiactivos presentes en muchos yacimientos.

Esta combinación de minería a cielo abierto y procesado químico intensivo provoca una huella ambiental muy significativa. Se estima que para producir una sola tonelada de tierras raras pueden generarse entre 9.600 y 12.000 metros cúbicos de gases residuales con polvo y compuestos como dióxido de azufre, ácido fluorhídrico y ácido sulfúrico, además de unos 75.000 litros de agua residual ácida y cerca de una tonelada de residuos radiactivos.

Minería a cielo abierto

La contaminación que produce la obtención de estos elementos es lo que ha hecho que muchos países, incluido EE.UU., hayan frenado el desarrollo de estas plantas. Eso ha hecho que se haya producido un desplazamiento industrial, ¿hacia dónde? Efectivamente, hacia China, de tal forma que el gigante asiático controla el 90% del procesamiento mundial.

Con estos datos se entiende mejor el interés por Groenlandia, pero para evitar los contras de la extracción y procesado de tierras raras, ya hay tendencias que elimine el impacto negativo. El principal de ellos tiene que ver con la economía circular, aprovechando los elementos que forman parte de discos duros o motores. Hay que resaltar que actualmente sólo se recicla el 1% de las tierras raras. Asimismo, se está investigando el uso de bacterias y microorganismos que pueden comer o filtrar metales de forma selectiva, eliminando la necesidad de utilizar ácidos agresivos.

Las tierras raras son, en definitiva, uno de los mayores retos a los que se enfrenta el ser humano y que ya está teniendo importantes repercusiones geopolíticas. Debemos aprender a obtenerlas sin destruir ecosistemas como el de Groenlandia y que además nos sigan sirviendo para que disminuir el impacto medioambiental y que estos elementos puedan seguir beneficiando a la transición energética.

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