Hacer deporte, ponerse a dieta o ahorrar son algunos de los buenos propósitos que, de tanto en cuanto, nos proponemos. Hoy añadimos otro: ser más sostenibles.

Y para poder serlo, aquí tenéis cinco retos para ser más respetuosos con el medio ambiente. Pueden parecer ‘difíciles’ de alcanzar, pero no dejan de ser buenas costumbres ambientales para incorporarlas no solo en noviembre sino el resto del año. ¿No crees?
Reto 1. Regala sostenibilidad
Con las fiestas navideñas a las puertas, es hora de pensar qué regalar. Y qué mejor que hacerlo poniéndonos las gafas de la sostenibilidad. Para ello, por ejemplo, opta por experiencias en lugar de regalos físicos: son más sostenibles, desde el punto de vista ambiental y emocional, perdurando los recuerdos a lo largo del tiempo.

Si optas por regalos materiales, elige aquellos hechos con productos de proximidad, con materias primas locales. Otra opción es adquirir productos de comercio justo: aquellos que, aunque vienen de terceros países, se han fabricado cumpliendo unos mínimos estándares sociales y ambientales. Una fórmula para ayudar económicamente a pequeñas comunidades.
Reto 2. Compra a granel y llévate tus propios envases
En el supermercado casi todo viene envasado, desde la fruta a la verdura, pasando por embutidos, carne y pescado. Comprar productos a granel es una manera de poder evitar unos envases que, a las pocas horas de llegar a casa, se convierten en residuos. Por ello, prioriza aquellos establecimientos que tengan fruta y verdura a granel: podrás comprar las cantidades que necesites sin necesidad de tener que utilizar envase.

De la misma manera que puedes llevar tu cesta o bolsa de la compra para introducir los productos que adquieres, en el caso del embutido, carne o pescado puedes llevar tu propio envase reutilizable. Y si quieres ir un paso más allá, busca aquellas tiendas con filosofía ‘Zero waste’: las que, aparte de vender productos a granel, buscan que todos aquellos objetos que vendan sean reutilizables, sostenibles y de producción local.
Reto 3. Elimina el desperdicio alimentario
El 17% de los alimentos disponibles a nivel del consumidor en 2024 terminaron en el cubo de la basura, según indica el Programa de las Naciones Unidades para el Medio Ambiente (PNUMA). Con un impacto ambiental asociado enorme, tú puedes aportar tu grano de arena para reducir esta pérdida de recursos.

Para ello, planifica tus compras semanales para no comprar en exceso; intenta terminar las raciones que has preparado y, si no es posible, congélalo para consumirlo en otro momento. También puedes optar por comprar productos que tengan fecha de caducidad próxima. De hecho, los supermercados suelen hacer descuentos de hasta el 50%. O utilizar aplicaciones como Too Good to go. ¡Las opciones para reducir el desperdicio alimentario son infinitas!
Reto 4. Repara y recompra
Otra de las maneras para reducir los residuos es comprar (o recomprar) un producto, es decir, bienes de segunda mano. Ropa, electrónica y muebles son los más destacados y los que tienen salida en el mercado, buscando una nueva oportunidad.

Desde aplicaciones muy conocidas como Wallapop o Vinted, pasando por grupos de WhatsApp de intercambio o los tradicionales mercadillos. Todo sirve para poner en contacto oferta y demanda. Y es que, comprando un producto de segunda mano, no solo vas a ahorrarte bastante dinero, sino que vas a reducir en su totalidad los recursos necesarios para fabricar ese producto de nuevo.
¿Has comprado recientemente algo? ¿Quieres saber cuántos kilos de CO₂ y litros de agua has ahorrado? Para ello puedes consultar la calculadora de reutilización en la web que pone a disposición la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS).
Reto 5. Rechaza todo lo que no necesites
“¿Realmente lo necesito?” Esta es la pregunta que nos tendríamos que hacer cuando estamos a punto de comprar algo.

Esta reflexión puede hacerse extensiva a cualquier servicio que nos ofrecen: un folleto, una pajita o una servilleta extra, una bolsa… Piensa que detrás de un ‘sí’ se pone en marcha todo un engranaje que va desde la extracción de la materia prima, la fabricación del producto, su transporte y, al final, su gestión como residuo. Por tanto, ‘¿no es mejor decir -no, gracias, no lo necesito-‘?