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Pueblos españoles “cero desperdicio” de premio

El “cero desperdicio” o “residuo cero” no es una promesa vacía en algunos pueblos españoles. Hoy se trata de una práctica municipal que solidifica la cultura ecológica local.

En España, varias localidades han dado pasos ambiciosos y auditados para reducir la basura que generan, aumentar la reutilización y cerrar el círculo de lo que consumimos. Este artículo reúne varios municipios que, además de implantar políticas avanzadas, cuentan con homenajes que reconocen su esfuerzo. Hoy, queremos darles visibilidad para proyectar un mapa inspirador de lo que ya está funcionando.

Antes de entrar en materia, una puntualización útil: en Europa existe un estándar independiente: la Zero Waste Cities Certification (Certificación de Ciudades y Pueblos Residuo Cero), auditado por la Mission Zero Academy (MiZA) e impulsado por Zero Waste Europe, que verifica con criterios objetivos el despliegue de estrategias residuo cero. Esta guía ha sido la clave para seleccionar las localidades.

Que un municipio obtenga este sello (y el número de “estrellas” asociadas) es un indicador de buenas prácticas. En España, los primeros certificados llegaron en 2022 y desde entonces la lista sigue creciendo. ¡Una ola imparable que demuestra que otra gestión de residuos es posible!

El ejemplo de El Boalo – Cerceda – Mataelpino en Madrid

El pequeño municipio serrano saltó a los titulares al convertirse, en septiembre de 2022, en uno de los primeros pueblos Residuo Cero certificados de España (MiZA), estrenando el sello con una estrella tras una auditoría externa.

Este reconocimiento validó acciones como el impulso del compostaje comunitario y doméstico, el refuerzo de la reutilización y reparación (por ejemplo, a través del servicio “Reutiliza”) y una red local de economía circular. Mediante la última, el municipio fomenta que los residuos vegetales del entorno se conviertan en abono local, que los materiales que ya no sirven se puedan reparar o reutilizar, y que se reduzca de modo estructural la fracción “resto”.

Su liderazgo viene de atrás. Ya en 2018, EBCM recibió el Premio Nacional Cultura Viva por su estrategia de economía circular y residuo cero. Y es que, sus políticas pueden ser replicables en otros municipios. ¡Son el ejemplo del poder de la organización!

El Boalo – Cerceda – Mataelpino en Madrid

Vamos con Torrelles de Llobregat en Barcelona

Torrelles de Llobregat también fue de los primeros en obtener la Certificación Residuo Cero (2022). Su auditoría se saldó con tres estrellas gracias a indicadores como una recogida selectiva superior al 65% (en torno al 72%).

El municipio cuenta, además, con una infraestructura de compostaje con trayectoria: una planta en operación desde 1997 que permite tratar la fracción orgánica de forma local.

Los sistemas de recogida eficaces que han ayudado a estos resultados incluyen la recogida puerta a puerta de residuos orgánicos, vegetales y de hostelería, lo que favorece que cada fracción sea bien separada desde el origen. Vamos, que son toda una referencia en la materia.

Ahora, Hernani en Gipuzkoa

En febrero de 2023, Hernani se convirtió en el primer municipio de Euskadi en lograr la Certificación Residuo Cero, con 3 estrellas. La distinción reconoce su estrategia integral de prevención, reutilización y recogida selectiva, en línea con los estándares europeos y con auditoría independiente.

Más allá del sello, Hernani forma parte de ese “ecosistema guipuzcoano” de municipios que han apostado por sistemas avanzados (puerta a puerta, tarjetas identificativas, fiscalidad justa por generación) y que han inspirado a decenas de localidades en España.

De nuevo, Gipuzkoa. Esta vez: Usurbil

Usurbil fue pionero al implantar en 2009 una recogida puerta a puerta por fracciones, lo que disparó los niveles de separación y redujo el “resto” enviado a vertedero. Años después, en marzo de 2023, el municipio obtuvo la Certificación Residuo Cero con 4 estrellas (de 5), uno de los mejores resultados en el Estado.

En su trayectoria, Usurbil ha mostrado porcentajes de reciclaje superiores al 80% con un modelo socialmente participativo, combinando herramientas técnicas con incentivos económicos y campañas de sensibilización continuadas.

Ejemplo de Usurbil en Gipuzkoa

El caso de Las Rozas en Madrid

Aunque todavía no está dentro del programa de certificación Residuo Cero, Las Rozas merece entrar en esta lista por su premio nacional (diciembre de 2024) a las Buenas Prácticas Locales por la Economía Circular, concedido por FEMP y ECOEMBES.

El galardón reconoce su proyecto de sensórica IoT para riego (es decir: uso de sensores y estaciones meteorológicas locales para ajustar el consumo de agua en zonas verdes) que ha logrado reducir un 40% el agua destinada a parques y jardines.

Aunque el premio se centra en agua, el enfoque de Las Rozas con una gestión eficiente y datos abiertos a soluciones de impacto es primo hermano de la lógica residuo cero: prevenir antes que “gestionar” y medir para mejorar.

Nos vamos a Barcelona, concretamente a Argentona

Argentona merece una mención por su largo historial de reducción de desperdicio: pionera en pago por generación (también conocida como “tasa justa”, quien menos residuos genera, menos paga) y por su pertenencia a la red de Zero Waste Europe desde hace años. Su caso de estudio europeo sigue siendo referencia para la fiscalidad y la prevención.

¿Qué le puedes pedir a tu municipio para reducir los desperdicios?

Persona tirando desperdicios

  • La importancia de medir: adherirse a la Certificación Residuo Cero da un marco, un cronograma y una evaluación independiente. La obtención de datos es fundamental para saber por dónde se ha de empezar a trabajar.
  • En ocasiones, nos cuesta afrontar los cambios. Aunque está comprobado que los sistemas puerta a puerta, los contenedores con identificación, el compostaje local disparan la eficiencia en la recogida de residuos.
  • Fiscalidad justa: el pago por generación (la “tasa justa” de Argentona) propone incentivos y reduce los desperdicios.
  • Mejorar la cultura ecológica local: reparar, reutilizar y comprar con criterios circulares aumenta el valor en el territorio.

La transición hacia comunidades sin desperdicios ya está en marcha: los municipios que hemos visto lo demuestran con datos, procesos auditados y resultados. Pero este cambio no solo está en manos de los gobiernos: como ciudadanía tenemos un papel clave. Solicitar políticas residuo cero, participar en sistemas de compostaje, priorizar la reutilización, y exigir transparencia en la gestión de residuos de los municipios es parte del poder de la ciudadanía.

Cuando utilizamos esa fuerza, la transformación urbana deja de ser una meta lejana y se convierte en un proyecto colectivo y real. ¡Organicémonos y celebremos unos municipios sin desperdicios!

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