Ayuda de neumáticos usados en una excavación arqueológica

Cada verano, al comenzar el mes de julio y durante varias semanas, en un tranquilo brazo de tierra entre dos lagos que en otro momento del año seguramente llamaría la atención de los forasteros “solo” por lo bonito que es el paisaje, acoge una intensa actividad. Es la excavación arqueológica del Ness of Brodgar –que así se llama este lugar-, un conjunto de edificios de piedra construido y ocupado por personas que vivieron hace más de 5000 años. Está en las islas Orcadas, al norte de Escocia, y esta excavación está aportando datos e información nueva y muy valiosa sobre cómo era la vida de los hombres y mujeres del Neolítico. Miles de años antes de que se inventaran las ruedas, para situarnos. Sin embargo, un invento bien reciente, los neumáticos, echa una manita en los trabajos de resolución de tantos misterios como contienen estas piedras.

En las Orcadas hay un conjunto de monumentos prehistóricos muy rico y valioso y reconocido desde 1999 como Patrimonio de la Unesco: el Anillo de Brodgar, el poblado de Skara Brae y túmulo funerario de Maeshowe forman parte de él, y también están las Piedras de Stenness y el asentamiento de Barnehouse. Todos ellos imponen tanto por su enigmática hermosura, como por lo que nos dicen con su sola presencia: que miles de años antes de que el ser humano tuviera el bagaje de conocimientos que le permitió crear otras muchas obras que también causan admiración por su belleza, por su complejidad y por su utilidad, -léase las pirámides, el Partenón, la rueda, etc.-, hubo ya otros con el empuje, la motivación, la capacidad y la organización social necesarios para construir viviendas de piedra, poblados, cámaras funerarias y santuarios, con una perfección y extraña belleza que fascina y desconcierta a partes iguales.

Cada uno de ellos merece la visita; de hecho, ejercen un tirón turístico importante hacia estas islas, porque una buena parte de sus visitantes lo hacen para ver estos monumentos megalíticos.

Pero el Ness of Brodgar es especial. Se descubrió su existencia en 2002 y se comenzó a excavar dos años después. Según nos cuenta por correo electrónico el director de la excavación, el profesor de Arqueología de la Universidad de las Tierras altas y las Islas, Nick Cards, «se necesitarían entre 5 y 10 años para considerar completada esta fase del proyecto. Pero una completa excavación de este sitio llevaría varias vidas». No es de extrañar: el Ness of Brodgar es un conjunto de edificios monumentales de piedra, rodeados por un muro de importantes dimensiones y uno de ellos es, probablemente, la estructura no funeraria construida en piedra más grande en las islas británicas. Con todo, para el profesor Card lo más interesante que ha revelado la excavación es «la organización social necesaria para construir un vasto complejo como el Ness, con miles de toneladas de materiales que trajeron a este lugar, algunos desde muchos kilómetros de distancia».

Aquellos habitantes de las Orcadas además de llevar los materiales desde varios kilómetros, tallaron muy bien las piedras, seguramente techaron los edificios también con lajas de piedra, pavimentaron caminos y decoraron con pigmentos de colores y grabados algunas fachadas. Sus construcciones, que formaban un centro ceremonial junto con los cercanos Anillo de Brodgar y Piedras de Stennes, han pasado varios miles de años enterradas mientras arriba, en la superficie, se cultivaba o pastaba el ganado. Hasta que su hallazgo e investigación cambió la visión de los arqueólogos sobre qué clase de personas y de sociedad eran aquellos prehistóricos. Como manifestó el propio Card en otra ocasión, «el Ness nos muestra un pueblo dinámico, hábil y creativo, en absoluto hombres y mujeres peludos dedicados a bailar alrededor de piedras». No era solo un templo para rituales, probablemente también era un centro para hacer festejos y comerciar.

Además de los edificios, el yacimiento ha dado otros hallazgos valiosos como una figura antropomorfa, pequeños cuencos moldeados a mano, espátulas de piedra, fragmentos de piezas de cerámica acanalada, -que se ha encontrado también en otros lugares pero que aquí se comenzó a hacer 400 0 500 años antes-; cuchillos de sílex, de restos de pigmentos de colores en lo que pudiera ser un taller, y objetos de materiales claramente procedentes de lugares lejanos. Todo ello hace pensar a los científicos que lo estudian en habilidades, refinamiento en la decoración, comercio e, incluso, posibles peregrinaciones. Calculan que estuvo en uso unos mil años, pero, por motivos que todavía se ignoran, el templo dejó de usarse y los propios orcadianos lo destruyeron. Quién sabe si algún día se resolverá este enigma.

Las campañas de excavación duran varias semanas y se realizan en verano. En ellas participan un nutrido y apasionado equipo formado por arqueólogos, profesores universitarios de distintas áreas, como expertos en cerámicas o paleoecólogos, estudiantes y voluntarios procedentes de diversos países. Hasta ahora solo se ha excavado una pequeña parte del emplazamiento y se sabe, por sondeos arqueológicos, que hay muchas estructuras aún bajo el suelo. Pero en lo ya conocido han aparecido miles de piezas de enorme valor, que se registran y guardan para estudiarlas entre campaña y campaña; y es cuando, entre la observación sobre el terreno y el trabajo posterior, se sacan algunas conclusiones, se responden algunas preguntas y se aclaran algunos enigmas. Pero, también, cuando se abren otros interrogantes sobre la vida y el legado de aquellos primeros habitantes de estas islas.

Durante las semanas que dura la excavación hay jornadas de puertas abiertas para los visitantes, 20.000 ha recibido este año, que tienen la oportunidad no solo de ver este fascinante lugar, también de contagiarse del entusiasmo con el que trabajan todos los integrantes del equipo.

Y, también (es el caso de esta periodista), de sorprenderse con la presencia, apilados junto a las zonas de trabajos, de cientos y cientos de neumáticos. Claro la pregunta es inevitable, ¿para qué querrán todo esto aquí? Si sorprendente es su presencia, su función resulta ser, a los ojos de la visitante, bien ingeniosa. E importante, porque esos neumáticos tienen un papel muy valioso durante el tiempo que va de una campaña a otra, es decir la mayor parte del año.

Cada año, al finalizar la campaña la excavación no se queda abierta, a la intemperie, sino que se tapa entera, para protegerla de sus mayores enemigos, «la escarcha y el propio clima de las Orcadas, especialmente los vientos muy fuertes, que pueden rasgar las cubiertas si no están adecuadamente asegurados», explica Nick Card. Por eso, el cierre de la excavación requiere unos trabajos y preparativos específicos bastante prolijos: «todas las piezas extraídas deben ser registradas; los trozos de pared delicados se sujetan con sacos de arena, las zonas frágiles de los suelos se cubren cuidadosamente y las paredes se forran con varias capas de polietileno y geotextiles». Por último, se cubre todo con grandes lonas de plástico negro. Y aquí llegan los neumáticos para impedir que, en esta zona de fuertes y constantes vientos, estos plásticos se vuelen. A los neumáticos, debidamente colocados de manera que formen una última capa prácticamente compacta, les corresponde sujetarlos y evitar que los tesoros que tapan se puedan deteriorar mientras vuelven otra vez los excavadores.

Este sistema lo comenzar a usar hace cinco años, como la cosa más natural porque «los granjeros locales los emplean de la misma manera para cubrir sus silos de paja». Su recolección no debió ser muy complicada, aunque tampoco estuvo exenta de cierta burocracia «les pedimos a los talleres y garajes si nos los podrían dar gratis, pero tuvimos que obtener un permiso de la Agencia de Protección Ambiental de Escocia», dice Card; que, en cambio, no tiene ni idea de cuántos neumáticos tendrán, «deben ser miles y la gran mayoría son de coche, porque son los más fácilmente manejables».

Cuando la excavación toque a su fin no está previsto que este lugar se acondicione permanentemente para visitas, sino que «tendremos que cubrirlo y restaurar el terreno porque el tipo piedra con la que se construyó no sobreviviría, sino que se laminaría rápidamente y caería en pedazos».

Y estos miles de neumáticos habrán prestado su último servicio e irán en ferry camino del destino que les esperaba antes de ayudar, inesperada y colateralmente, a la ciencia: el reciclaje. Pero, así como los obtuvieron gratis, el profesor Nick Card bien sabe que este segundo viaje no será igual: «tendremos que pagar para que se los lleven».

One Comments

  • C. Pe Ge 11 octubre, 2017 Reply

    Esto es lo mismo que se suele hacer en algunas granjas ganaderas con los silos. Pero la pregunta es que hacer con tanto neumático una vez terminada su funcion..

Deja un comentario