El verano ha terminado. O, al menos, la mejor parte del verano. Ahora que ya estamos en septiembre toca volver: madrugones, prisas, horarios, rutinas… Y todo girando sobre un eje central: la vuelta al cole. Toca hacer listas y volver a comprar. O no. Porque volver a empezar es eso, volver a replantearse hábitos que repetiremos durante los próximos nueve meses.

Aquí te dejamos unas ideas para que la vuelta al cole no sea sinónimo ni de gastar más, ni de generar más residuos:
1. La mochila más sostenible es la que tienes en el armario
Antes de comprar una nueva, abre ese armario que lleva cerrado varios meses. ¿Esa mochila puede aguantar otro año? Y rebusca. Seguro que en algún cajón quedan lápices por estrenar, gomas a medio usar y cuadernos con hojas en blanco.

Cierto es que el olor a nuevo quedó atrás, pero ¿no tiene más sentido usar todo esto que ya tenemos en casa? Y si hay que comprar, compra productos de calidad, que duren y que permitan el cambio de correas y cremalleras. Lo barato, si solo dura un curso, sale caro.
2. El almuerzo sin plásticos de un solo uso
El bocadillo de media mañana o la merienda de la tarde suelen estar envueltas en plástico: pajitas, papel de aluminio del bocadillo, servilleta y brick del zumo. ¿Es necesario semejante volumen de residuos cinco días a la semana durante todo el curso escolar?

La alternativa es fácil: fiambrera para guardar la comida, botella rellenable de metal o cristal y envoltorio de tela reutilizable. Y si, además, la fruta es de proximidad, el ahorro ambiental es doble: menos residuos y menos emisiones de gases de efecto invernadero.
3. El camino también es importante
La gran mayoría de trayectos entre casa y el colegio está a menos de dos kilómetros. Una distancia donde el coche es la peor decisión: atasco para salir y llegar al ser hora punta, consumo y contaminación más de la cuenta y, lo peor, un retraso que pone nervioso a sus ocupantes.

¿Opciones? Transporte público, bicicleta o patinete, apuntarse a un camino escolar o compartir el vehículo, si no queda más remedio, con otra familia. Todo sea por el bien del medio ambiente y de los niños que, de paso, hacen ejercicio antes de entrar en clase.
4. Y si no queda más remedio que ir en coche, revisa los neumáticos
Después de pasar el verano con kilómetros a la espalda, maletas y el asfalto ardiendo, los neumáticos vuelven de las vacaciones mucho más castigados de lo que parecen. Y septiembre es un mes ideal para ponerlos a punto: revisa que la presión sea la que marque el fabricante (y para ello, tómala cuando el neumático esté frio, no en caliente), que el dibujo no sea de profundidad inferior a los 16 mm y mira que los flancos de las gomas no estén deformados por algún golpe contra un bordillo o un objeto contundente.

Y es que, si el neumático circula a menor presión de la que toca, consume más combustible, se desgasta más rápidamente y aumentan las probabilidades de sufrir un reventón. Cinco minutos de gasolinera suponen: menos consumo de combustible, menos emisiones y más seguridad. Ni tan mal, ¿no?
5. El patio del colegio esconde sorpresas
Posiblemente no lo sepas, pero el caucho reciclado procedente de NFVU puede estar presente en el patio. Ese suelo blando y de colores bajo de los columpios o la pista del polideportivo tienen muchas papeletas de haber sido, en otra vida, neumáticos.

Así se desprende de la memoria de SIGNUS de 2025, en la que se destinaron neumáticos al final de su vida útil a hacer pavimentos de seguridad que amortiguan las caídas de parques infantiles, bases elásticas de campos deportivos, superficies de atletismo e incluso suelas de zapatos.
La vuelta al cole va de rutinas. Y son esos pequeños actos que hacemos diariamente durante el curso escolar son los que tienen un impacto directo sobre el medio ambiente. Una fiambrera sustituye 200 envoltorios de papel de aluminio; un trayecto a pie, son decenas de kilos menos de dióxido de carbono a la atmósfera.
No importa hacer todo de golpe, con empezar con una cosa basta, ¿con cuál te quedas tú?