Los hechos valen más que las palabras. Y muchos de los hechos se basan en hábitos, como el de la conducción. Todos tenemos un estilo de conducción que nos caracteriza y que, de una manera y otra, queda reflejada en nuestro motor y en los neumáticos. Porque los neumáticos hablan de ti.

Y ahora veremos cómo:
El buen conductor
Neumático desgastado de manera uniforme. El desgaste homogéneo del neumático muestra que su conductor cumple con las normas de circulación y del cuidado de vehículo. Un desgaste igualitario en toda la superficie permite concluir que revisa periódicamente la presión de los neumáticos (evitando desgastes innecesarios), no frena ni acelera a los pocos segundos ni somete el vehículo a esfuerzos innecesarios y que dejan, en los neumáticos, la prueba. ¿El premio? Ahorro en combustible, alargar la vida útil del neumático y una reducción de la tasa de accidentes.

El descuidado por sobrepresión
Neumático más gastado en su parte central. Es indicativo que los neumáticos han circulado a una presión superior a la recomendada, por lo que solo una parte de la banda de rodadura está en contacto con el firme. Esta sobrepresión supone un aumento innecesario del consumo de combustible, así como un mayor riesgo de accidentes. El estado del neumático no tiene porque estar relacionado con el estilo de conducción, aunque puede agravarse por ella.

El descuidado por depresión
Neumático más gastado en los laterales que en su zona central. Es indicativo de que el neumático tiene menor presión de la recomendada para poder circular. Es, sin duda, lo más habitual: pasar meses sin revisar la presión de los neumáticos. Más consumo de combustible, más probabilidades de tener un accidente, un reventón o menor vida útil del neumático son solo algunas de las consecuencias.

El brusco
A veces, aparecen dientes de sierra que es un desgaste irregular en diferentes bloques de la cubierta del neumático. A medida que va pasando el tiempo, el efecto empieza a ser perceptible en el neumático, especialmente por el ruido y vibraciones que generan estas desigualdades en la cubierta. La aparición de estos dientes puede tener diferentes orígenes: un mal estado de la suspensión, mal estado del pavimento o, lo que es más frecuente, una conducción caracterizada por acelerones y frenazos continuos.
El conquistador de bordillos
A la hora de aparcar o de circular es fácil impactar contra un bordillo. Si es una práctica habitual, los neumáticos empezarán a acusar las consecuencias: rozaduras que se pueden convertir en cortes si el impacto es contra un bordillo con canto vio, deformaciones o, en caso de impactos más contundentes, daños en la llanta. Este maltrato tiene consecuencias en la vida útil del neumático, que se recorta, así como en las prestaciones del mismo.

Si te has sentido identificado por alguno de estos perfiles que sepas que hay cura. Solo hay que aplicar conducción consciente para poder mejorar. De todas maneras, seas el conductor que seas debes tener presente que revisar los neumáticos periódicamente es esencial para una conducción segura y para un ahorro de combustible. ¡Solo son unos minutos al mes!