Durante años, miles de campos de fútbol de césped artificial en España han compartido un elemento casi invisible para los jugadores, pero fundamental para el sector del reciclaje, el granulado de caucho obtenido de neumáticos al final de su vida útil. Un material muy circular empleado como relleno para aportar elasticidad, amortiguación y durabilidad a las superficies deportivas, pero que tiene fecha de caducidad.
La razón principal es la consideración de estas partículas como microplásticos. Entran dentro de su definición, por el tamaño de las mismas. Ya que se considera que estas partículas pueden acabar más allá del campo de juego por el uso, por causa de la lluvia o un mal mantenimiento, acabando en suelos y aguas cercanas. La Comisión Europea considera que esa dispersión podría llegar a ser persistente y prácticamente imposible de retirar una vez liberada. Por ello aprobó en 2023 una modificación del Reglamento REACH que prohíbe su comercialización. Una medida que entró en vigor con un periodo transitorio de ocho años para los campos deportivos, por lo que dejará de aplicarse definitivamente en octubre de 2031.

Esta nueva normativa no pretende acabar con los campos de césped artificial ni obliga a desinstalar los ya existentes. Lo que se restringe es la venta y el uso futuro de este tipo de rellenos, mientras se fomenta su sustitución por alternativas como corcho u otros materiales más sostenibles que no están dando los resultados esperados. También hay que destacar que sigue permitiéndose su uso como bases elásticas para este tipo de superficies deportivas, un uso que está en crecimiento ya que sigue siendo necesario un material que evite las lesiones.
Una prohibición ambiental, no sanitaria
El sector insiste en que la restricción europea no responde a problemas demostrados para la salud de los usuarios de los campos deportivos. Tanto SIGNUS como Tyre Europe recuerdan que los estudios realizados hasta la fecha no han encontrado evidencias científicas que relacionen el uso de granulado procedente de neumáticos reciclados con riesgos sanitarios significativos.
Las organizaciones sostienen que existen gran número de publicaciones científicas y técnicas concluyen que no existe un riesgo relevante asociado a la exposición dérmica o inhalatoria de estos materiales. Además, destacan que proyectos europeos como ERASTRI y diversos análisis promovidos por la propia ECHA no han detectado problemas directos para la salud de deportistas ni usuarios.

La razón de la prohibición es otra. El reglamento europeo aplica una definición técnica de microplástico basada exclusivamente en el tamaño de las partículas. Al tratarse de materiales poliméricos inferiores a cinco milímetros, quedan incluidos en la restricción del mismo modo que las microesferas utilizadas en cosméticos exfoliantes o determinados tipos de purpurina.
Del campo de fútbol al asfalto
¿Y qué hacemos ahora con todo ese material recuperado de los neumáticos viejos? Porque ahora mismo, la mitad de todo el granulado procedente de neumáticos al final de su vida útil que se produce cada año en España, unas 27.000 toneladas, terminaba dando elasticidad en la superficie a los campos de césped artificial.
Para SIGNUS, el principal sistema colectivo encargado de gestionar los neumáticos al final de su vida útil en España, la respuesta está clara, aunque seguirá fomentándose su uso en bases elásticas para los campos del césped artificial, el material reciclado tiene un potencial uso en plantas de reciclaje químico. O en las carreteras.
Las infraestructuras viarias representan la alternativa más eficaz para absorber las grandes cantidades de caucho reciclado que cada año se producen por la simple necesidad de cambio periódico de llantas. Se trataría de incorporar el polvo o granulado de neumático en las mezclas asfálticas de las carreteras para mejorar su resistencia al paso del tiempo y condiciones climáticas adversas, reduciendo al mismo tiempo el ruido del tráfico rodado.

Suena a modelo 2.0, pero no es una tecnología futurista. España acumula más de dos décadas de experiencia y alcanzan los 2.000 kilómetros de carreteras asfaltadas con materiales procedentes de neumáticos reciclados.
Las ventajas de esta nueva tecnología son múltiples. La primera es acústica. La elasticidad del caucho contribuye a absorber parte de las vibraciones generadas por el contacto entre neumáticos y pavimento. Los resultados más recientes del proyecto PERSEUS, desarrollado por un consorcio formado por Campezo, Asfaltia, Moeve, Tecnalia y Signus, muestran reducciones significativas del ruido de rodadura de entre dos y cinco decibelios respecto a mezclas convencionales. Según las referencias europeas utilizadas en el estudio, una disminución de cinco decibelios equivale aproximadamente al efecto que tendría reducir el tráfico de una vía en torno a un 75%.

La segunda ventaja es la durabilidad. El caucho mejora la flexibilidad del firme y aumenta su resistencia frente a las grietas, las deformaciones provocadas por el tráfico pesado y los cambios bruscos de temperatura. Esa mayor vida útil puede traducirse en menores costes de mantenimiento a largo plazo.
También existen beneficios ambientales. Incorporar caucho reciclado al asfalto permite valorizar un residuo complejo y evitar alternativas menos deseables desde el punto de vista ambiental, como la eliminación en vertederos o determinadas formas de valorización energética.
A todas estas ventajas se suma la seguridad vial. Diversos estudios técnicos atribuyen a las mezclas modificadas con caucho una mayor capacidad de adherencia y una mejor respuesta frente al desgaste, factores especialmente relevantes en condiciones de lluvia.
La AP-8 como laboratorio a escala real
La apuesta por esta tecnología ya se está probando sobre el terreno. Uno de los ejemplos más recientes es el proyecto PERSEUS, que ha desarrollado y validado nuevas mezclas asfálticas con granulado de neumático reciclado en un tramo experimental de la AP-8, la Variante Sur Metropolitana de Bizkaia. Allí se han ensayado formulaciones que incorporan porcentajes de caucho superiores a los habituales en carreteras, sustituyendo parte de los áridos tradicionales por granulado de neumáticos al final de su vida útil.
Los resultados preliminares apuntan a una mejora significativa del comportamiento acústico sin comprometer las prestaciones mecánicas del firme. El proyecto también ha explorado técnicas para reducir la temperatura de fabricación de las mezclas, con el consiguiente ahorro energético y reducción de emisiones de dióxido de carbono.