Los domingos, cuando el último coche cruza a toda velocidad la línea de meta, los neumáticos que han soportado frenadas imposibles a más de 300 km/h, cargas enormes en las curvas y temperaturas extremas parecen haber llegado al final de su historia. Ningún piloto de Fórmula 1 se arriesgaría a utilizar los mismos neumáticos en la siguiente competición, pero no por eso acabarán en la basura. Después de regalarnos tanta adrenalina, para ellos comienza una nueva etapa.

Pirelli, proveedor exclusivo de neumáticos del famoso campeonato, mantiene un control muy estrecho sobre las cubiertas que lleva a cada Gran Premio, y después controla su recogida, los analiza con detalle e incorpora a minuciosos procesos de recuperación y reciclaje. También se cuida su origen, pues en una clara apuesta por la sostenibilidad, todos los neumáticos suministrados a la F1 desde 2024 incorporan caucho natural certificado por el estándar forestal FSC, el más exigente del mundo.
Primero se desmontan y se inspeccionan
Cuando un monoplaza entra en boxes y cambia los neumáticos, la goma usada no va sin más al contenedor. Los ingenieros de Pirelli y de los propios equipos examinan su estado desde el punto de vista técnico y de rendimiento, comprobando el desgaste, temperaturas, presiones y comportamiento de los materiales. El análisis resulta fundamental porque un neumático ofrece una enorme cantidad de información sobre lo que ha sucedido entre el coche y el asfalto durante la carrera.
El desgaste no depende únicamente del número de vueltas que dé el vehículo. Influyen la temperatura de la pista, la carga aerodinámica, las presiones, el ángulo de la rueda respecto al asfalto, la configuración del coche, el tipo de asfalto y la forma de conducir. Los ingenieros de Pirelli presentes en los once equipos recopilan esos datos durante el Gran Premio y los utilizan para comprender el comportamiento de las diferentes construcciones y compuestos.

De hecho, el neumático puede revelar problemas que no son visibles a simple vista. Por ejemplo, en el Gran Premio de Qatar de 2023, el análisis de las cubiertas permitió detectar indicios de separación en el flanco y llevó a la FIA y a Pirelli a establecer un límite de vida máxima de 18 vueltas por juego por motivos de seguridad. Y eso que un sólo neumático de F1 puede costar unas cinco o seis veces más que un neumático convencional de buena calidad.
Un detalle curioso que muy pocos aficionados conocen es que los neumáticos no pertenecen a las escuderías como si fueran una pieza más del monoplaza. Ni lo compran ni se encargan de su gestión, algo exclusivo de Pirelli. Eso sí, los equipos pueden examinarlo primero para comprobar cómo se ha comportado durante la carrera, pero después la goma vuelve a manos del fabricante. Sólo hay una excepción: los neumáticos de lluvia y los que se utilizan cuando la pista está parcialmente mojada siguen un proceso diferente durante el Gran Premio, ya que pueden mantenerse disponibles para volver a utilizarse si las condiciones del circuito cambian.
¿Y qué pasa después del Gran Premio?
Una vez terminado el evento, los neumáticos que han llegado al final de su utilización en pista entran en el sistema de gestión de Pirelli. La compañía se responsabiliza de que todos los neumáticos que lleva a un fin de semana de Gran Premio —los de Fórmula 1, pero también los de Fórmula 2, Fórmula 3 y F1 Academy— se transforman después de su uso en materias primas secundarias destinadas a diferentes aplicaciones circulares.

El objetivo es recuperar la mayor parte del valor de los materiales que contienen. Un neumático es un producto complejo formado por cauchos, cargas, acero y otros componentes, por lo que existen diferentes vías para recuperar parte de esos materiales o aprovechar su contenido energético. Lo importante es que nada acabe en la basura, que todo se aproveche.
De neumático de carreras a materia prima
El neumático que ha dejado de servir para competir se transforma en nuevos materiales. La palabra clave es economía circular. Como bien saben los lectores de Neumáticos en verde, el caucho procedente de neumáticos al final de su vida útil puede emplearse, entre otras aplicaciones, en superficies deportivas, pavimentos, elementos de protección, materiales para construcción o asfaltos modificados con caucho. También se está avanzando hacia procesos en los que algunos de esos materiales recuperados puedan volver a entrar en la fabricación de nuevos neumáticos.
En este sentido, en julio de 2026 Pirelli anunció junto con Pyrum, Synthos y BASF un proyecto europeo denominado Tyre-to-Tyre, basado en neumáticos al final de su vida útil procedentes de actividades de automovilismo. Gracias a la pirólisis, un tratamiento térmico que descompone el material en ausencia de oxígeno, es posible obtener negro de carbono (rCB) recuperado y aceite de pirólisis. El primero puede volver a utilizarse en la fabricación de neumáticos y el segundo como materia prima en diversos procesos químicos.

Aunque se ha avanzado mucho en la circularidad, todos estos progresos no permiten todavía afirmar que cada neumático que acaba de desmontar Max Verstappen o Charles Leclerc se convierta directamente en otro neumático de Fórmula 1. La cadena de reciclaje trabaja con diferentes flujos de neumáticos y materiales y el destino concreto depende del proceso industrial utilizado, pero siempre con la intención de desarrollar un sistema destinado a recuperar materiales y evitar que terminen como residuos.
¿También se reciclan los neumáticos que nunca tocaron el asfalto?
En un fin de semana de Fórmula 1 se llevan al circuito muchas más cubiertas de las que finalmente completan una vuelta. Cada piloto dispone de un número limitado de juegos y existen reglas específicas que obligan a devolver determinadas unidades durante las sesiones. Por esta razón, Pirelli controla electrónicamente todos los neumáticos asignados a cada piloto y luego se encarga de su gestión específica.
Incluso una cubierta que no haya sufrido una carrera puede quedar fuera del circuito de reutilización dependiendo de cómo haya sido montada, desmontada, transportada o de las condiciones logísticas del evento. En el pasado, las diferencias entre las carreras europeas y las celebradas fuera de Europa llegaron a generar situaciones particularmente sorprendentes. Por ejemplo, Pirelli ha tenido muchas veces que desechar neumáticos que habían sido montados en llantas, pero no utilizados en pista cuando no era posible transportarlos de vuelta en las mismas condiciones en que llegaron.

El desafío ambiental de los neumáticos de competición no consiste únicamente en reciclar los cuatro que acabamos de ver cambiar durante la última parada en boxes. Hay que gestionar toda la cantidad de neumáticos que se producen, transportan, montan y utilizan a lo largo de una temporada. Un sistema mucho más complejo y delicado de lo que se podría pensar.
Una temporada deja miles de juegos detrás
La dimensión del problema se entiende mejor con cifras. En 2023, Pirelli contabilizó 6.847 juegos de neumáticos que fueron utilizados al menos una vuelta durante los 22 Grandes Premios de aquella temporada. En conjunto recorrieron 307.925,8 kilómetros, casi ocho vueltas completas a la circunferencia terrestre.
En 2025, ya con 24 Grandes Premios, los neumáticos de Fórmula 1 recorrieron 341.099 kilómetros.
Y no hay que olvidar que cada Gran Premio implica mucho más que los neumáticos que vemos durante la carrera: están los utilizados en los entrenamientos libres, la clasificación, las carreras Sprint y los juegos que se llevan al circuito pero que finalmente no llegan a utilizarse. La gestión de todo ese material es por tanto una parte importante de la extremadamente compleja logística que implica la organización de un Gran Premio de Fórmula 1.

Así que la próxima vez que veamos a un piloto entrar en boxes, desmontar ruedas a toda velocidad y dejar un juego de neumáticos prácticamente destrozado, la imagen seguramente tendrá una segunda lectura para nosotros. Esa goma que ha cumplido con honores su función deportiva, y quizá haya sido decisiva para ganar una carrera, comenzará una nueva vida útil en el maravilloso mundo de la circularidad.