Persona sujetando hoja seca Persona sujetando hoja seca

5 prendas para el otoño sin renovar el armario

Cinco básicos pueden resolver gran parte de tus looks de otoño. Descubre cómo elegirlos y cuidarlos para que duren muchos años.

Baja el termómetro de los 20 grados y a media humanidad le entra la misma necesidad: hay que renovar el armario. Sales a la calle, ves los escaparates teñidos de burdeos, mostaza y verde botella, con looks que no habías visto antes y notas cómo sientes que lo necesitas todo. Llevamos años dedicándonos a la moda sostenible y aun así nos pasa también. Lo que cambia es lo que hacemos después.

Porque la tentación tiene números detrás. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, cada ciudadano de la UE compró de media 19 kilos de textiles en 2022 (ropa, calzado y textiles del hogar), frente a los 17 de 2019, y se generaron unos 16 kilos de residuos textiles por persona. Solo la ropa suma unos 8 de esos 19 kilos. En España, se calcula que tiramos alrededor de un millón de toneladas de textiles al año. Es mucho más de lo que ningún planeta es capaz de digerir.

Ropa de otoño en perchero

La buena noticia es que el margen de maniobra existe y no exige heroicidades. Un estudio de la OCU sobre el impacto ambiental de los textiles calcula que, si en lugar de los 4 años de uso de referencia una prenda se lleva 6, su impacto baja un 16%. Y desde la Universitat Politècnica de Catalunya estiman que duplicar la vida útil de la ropa recortaría un 44% las emisiones de gases de efecto invernadero del sector.

Para llegar ahí, te recomendamos hacerte con un armario cápsula: cinco piezas de verdad, que se combinan entre sí durante meses. Vamos con ellas:

1. La gabardina heredada

La gabardina corta el viento, aguanta la tormenta aleatoria de octubre y, admitámoslo, te la pones encima de un chándal y de repente pareces un influencer un look athleisure.

Chicas posando con gabardina

En sostenibilidad es de lo mejor que puedes comprar de segunda mano. Según la propia OCU, entre el 63% y el 65% del impacto ambiental de una prenda se concentra en su fabricación: la extracción de materiales, el hilado, el teñido. Cuando heredas la gabardina de tu abuelo o la rescatas de una tienda vintage, ese impacto ya está «pagado». Y las de hace tres o cuatro décadas suelen tener un algodón más denso y una caída que hoy te costaría bastante caro en una tienda convencional. Con traje, con sudadera, para ir a por el pan: funciona igual.

2. El jersey de punto grueso (de calidad)

No concebimos el otoño sin un jersey en el que apetezca esconderse. Ahora bien, aquí nos ponemos pesados con las etiquetas. Entra en cualquier tienda de moda rápida y comprueba cuántos de los jerséis son de acrílico, poliéster o poliamida. Plástico, vaya. Se nota en cómo sudas, en el olor que cogen a las pocas horas y en lo que sueltan en cada lavado: la Agencia Europea de Medio Ambiente señala los microplásticos de los textiles sintéticos como una de las grandes preocupaciones de este sector.

Persona con jersey de punto

Nuestro consejo es gastar en uno solo, pero bueno: lana merina, alpaca o algodón orgánico grueso. Cuesta más al principio, sí, pero el coste por uso baja mucho cuando lo llevas diez inviernos. Y la lana tiene una ventaja práctica poco conocida: ventila muy bien, retiene menos olores y muchas veces basta con dejarla un rato al aire en vez de meterla en la lavadora. Cuando toque,utiliza un quitapelusas, y guárdalo siempre doblado. En percha se deforma.

No obstante hay que tener en cuenta el estudio de la OCU que sitúa a la lana, junto al cuero y la seda, entre los tejidos con más impacto ambiental a lo largo de su ciclo de vida. Por eso la lana se justifica cuando de verdad vas a usarla años, o cuando la compras de segunda mano. Un jersey de lana que se queda en el fondo del armario no es sostenible por muy natural que sea.

3. El pantalón de sastre recto

Qué pereza lo de las tendencias en pantalones. Un año solo vemos pitillos y al siguiente tropezamos con bajos anchos. Para bajarte de esa noria, el pantalón de sastre de corte recto, con pinzas o sin ellas, es la apuesta segura.

Señor sentado en la ciudad

Elige tonos fáciles: azul marino, gris marengo, camel o negro. Al ser tan sobrio abajo, te deja margen para jugar con texturas en la parte de arriba. Y aquí va el truco que más me gusta: cómpralo de segunda mano y llévalo a la modista o al sastre de tu barrio para que te lo ajuste. Arreglar un bajo o entallar una cintura cuesta poco y te cambia la silueta por completo. Es una pequeña rebeldía contra la talla única de la ropa en serie, y te sentará mejor que cualquier talla estándar de tienda.

4. La camisa blanca

El otoño se viste en capas, el famoso efecto cebolla, y pocas prendas dan tanto juego como una camisa blanca clásica. Te asoma el cuello bajo el jersey, funciona como chaqueta ligera abierta en el veranillo de San Miguel y queda impecable debajo de la gabardina.

Camisa blanca

Si vas a comprar una nueva, busca el sello GOTS. Este certificado se creó en 2006 para garantizar que la prenda lleva fibras orgánicas, sin pesticidas ni sustancias tóxicas, y que se respetan los derechos laborales. Para llevarlo, el producto debe contener como mínimo un 70% de fibras orgánicas certificadas (y un 95% si lleva la etiqueta «organic»). Eso sí, el sello no mide la calidad del tejido ni lo que dura una camisa, así que fíjate también en la costura y en el gramaje.

5. Calzado que aguante la lluvia

Con el asfalto mojado y las hojas resbaladizas, el calzado importa. Y es un quebradero de cabeza ecológico: pegamentos, plásticos y cueros mezclados hacen que reciclar un zapato sea casi imposible. De hecho, la UPC apunta que dos de cada tres prendas llevan mezcla de fibras, y eso dificulta mucho su reciclado; con el calzado pasa algo parecido.

Aquí aparece una idea de economía circular que nos parece de las más sensatas: usar para caminar un material pensado para aguantar asfalto, agua y miles de kilómetros. Hablamos del caucho de los neumáticos al final de su vida útil (NFVU). En otros artículos en el blog de SIGNUS, ya comentamos lo útil que resulta el caucho reciclado para producir suelas, y hay numerosas marcas de calzado que lo emplean en las suelas de sus zapatillas.

Zapatilla generada con IA de alto rendimiento

Pero conviene leer la letra pequeña. Como explicaba el Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja en otro artículo, también del blog de SIGNUS, a veces el caucho reciclado no procede de neumáticos al final de su vida útil propiamente dichos, sino de sobrantes industriales de la automoción. También limita el diseño, porque las suelas salen siempre negras.

Cuidar lo que tienes: pequeños gestos que suman años

De poco sirve elegir bien si luego la ropa dura dos temporadas. Estos hábitos son los que realmente consiguen que las prendas duren varios años:

  • Lavar menos y a baja temperatura: muchas prendas no necesitan ir a la lavadora tras cada uso. Si es de lana, ventílala; si lleva una mancha, trátala solo en esa zona.
  • Secar al aire: la secadora desgasta las fibras y gasta energía ya que, precisamente en nuestro país, las prendas al aire se secan relativamente rápido.
  • Remendar a tiempo: un botón, un descosido o un roto pequeño se arreglan en cinco minutos. La OCU lo recomienda expresamente: coser un roto o poner unas coderas alarga la vida de ropa que de otro modo acabaría en la basura.
  • Hacer inventario antes de comprar: abre el armario, saca todo y mira qué tienes. Casi siempre aparece algo olvidado que encaja con lo que buscabas.
  • Probar la segunda mano primero. Tiendas vintage, Vinted, mercadillos, el armario de tu madre o de tu padre.

Tener estilo en otoño no consiste en perseguir las rebajas de media temporada. Consiste en conocerte, comprar menos y con más criterio, y mimar lo que ya tienes. Como regla general, que repetimos hasta la saciedad: la prenda más ecológica es la que ya está en tu armario.

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