Quién nos iba a decir hace tan sólo una década que íbamos a estar hablando de refugios climáticos en las grandes ciudades como si tal cosa… Y aquí están. Ya lo hemos asumido con más o menos naturalidad. Para conocerlos, hoy en nuestra serie ‘Artistas en Verde’ hacemos un alto en el camino para tomar un respiro ante tanta ola de calor y detenernos en ‘Espacios en Verde’. Os proponemos un recorrido por cuatro refugios climáticos culturales de Madrid. Gratuitos, fresquitos y llenos de ideas.

Las familias acosadas por la pobreza energética –principales víctimas de esta crisis climática– venían optando últimamente por refugiarse en los grandes centros comerciales, dotados de potentes aires acondicionados. Pero, claro, el acecho del capitalismo en forma constante de invitación al consumo no es plato de gusto. Por eso, algunas ciudades ya han aceptado lo que se nos viene encima y han montado estos refugios climáticos de entrada gratuita, cuidados, con mucho verde y con actividades culturales.
Hemos llegado al punto de que hasta Greenpeace ha elaborado un reciente informe sobre este asunto: “El calor es el evento meteorológico extremo que más muertes provoca. En lo que va de verano, España ha registrado 6.375 muertes atribuibles al calor. A pesar de esta situación, España suspende un año más con una red de refugios climáticos insuficiente: solo 1 de cada 3 capitales de provincia cuenta con esta medida”. Destaca Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de esta ONG: “El verano que conocíamos ya no existe. El calor es un problema de salud pública que cada año mata en España a miles de personas y no estamos respondiendo a la velocidad que el cambio climático nos impone, ni para frenarlo ni para adaptarnos a sus impactos. Los refugios climáticos son una medida efectiva a corto plazo para proteger a las personas del calor extremo y, sin embargo, el balance respecto a 2025 es desolador: casi el 70% de las capitales de provincia volverán a dejar a las personas más vulnerables sin protección ante un verano al rojo vivo”.

Sigue con datos el informe de Greenpeace: frente a las 16 capitales con refugios detectados el año pasado, actualmente son 19 las que cuentan con este servicio, lo que vuelve a dejar a una gran parte de la población sin acceso a estos espacios, a la vez que aumenta la vulnerabilidad de toda la población, sobre todo de la infancia, las personas mayores y quienes viven con enfermedades crónicas. Oviedo, Santander, Lugo y Santiago no cuentan con ningún refugio climático. En el caso de Euskadi, aunque todas sus capitales ofrecen red de refugios, muestran limitaciones de horarios o espacios inadecuados; Bilbao incluye como refugios espacios bajo puentes o vestíbulos de pequeñas estaciones de transporte. Los refugios de interior en Logroño abren sólo en su horario habitual e incluyen espacios de pago como cafeterías municipales, lo que incumple una característica básica de los refugios climáticos: su gratuidad. Respecto a Navarra, ha comenzado a impulsar una red foral de refugios climáticos en la que Pamplona por ahora sólo cuenta con espacios de exterior. En el interior del país, Extremadura y Castilla-La Mancha destacan por la ausencia total de refugios en sus principales ciudades. En Castilla y León, únicamente Valladolid cuenta con alguno. Y en Aragón, sólo Zaragoza. Cataluña cuenta con una red extensa de refugios en todas las capitales, especialmente en Barcelona, donde el Ayuntamiento asegura un refugio para todas las personas a menos de 10 minutos. Sin embargo, las restricciones de horario disminuyen su efectividad. En la Comunidad Valenciana, Valencia es la única capital con refugios climáticos. La ciudad de Murcia mantiene algunos espacios de exterior, cuestionables por su sombra insuficiente. En Andalucía, tres de sus capitales (Cádiz, Granada y Huelva) no disponen de ninguno; en el resto, las medidas son deficientes. En ninguno de los archipiélagos es posible encontrar refugios climáticos.
Nosotros, para no perder el carácter cultural de la serie, hemos visitado los cuatro de Madrid que ofrecen algo más que temperaturas más bajas (10/12 grados menos que en el exterior); aportan un ambiente cuidado, verde y con programación cultural. Vamos allá:
Como pionero (ya es su tercer año), y todo un referente para el país, amplio, elaborado y cuidado, el refugio climático del Círculo de Bellas Artes. Abierto del 9 de julio al 6 de septiembre, de 11h a 21h, en la segunda planta, en el espectacular Salón de Baile. Allí hemos estado y comprobado que es un espacio alegre y muy habitado, y que cumple con todo lo que dice en su web: “Desde 2024, el histórico Salón de Baile se transforma cada verano en una plaza pública interior fresca, acogedora y abierta a todas las personas. Un lugar donde leer, trabajar, conversar, jugar o simplemente estar. Este año, el Refugio se convierte además en un gran territorio para la exploración y el juego compartido gracias a una instalación concebida por Recetas Urbanas, el colectivo liderado por el arquitecto Santiago Cirugeda, referente internacional en arquitectura social y participación ciudadana. Durante todo el verano, el Refugio se activará con talleres, juegos, encuentros, propuestas musicales, conversaciones y actividades abiertas a todos los públicos, consolidándose como un espacio de bienestar, aprendizaje y construcción de comunidad en pleno centro de Madrid”.

Efectivamente, hay espacios de trabajo, rincones de lectura, guardería de plantas (donde vecinos y vecinas que salen de la ciudad por vacaciones dejan sus plantas para que alguien las atienda y riegue), muchos juegos de mesa, hamacas, colchonetas… Así lo abrieron el 9 de julio: “Inauguramos el Refugio Climático con una siesta colectiva que reivindica el descanso como una práctica compartida. Guiada por Las Lindas Pobres, la sesión propone un paisaje sonoro que transita entre la música ambient, la electrónica, el jazz fragmentado y las resonancias del dub, invitando a detener el ritmo y habitar el tiempo de otra manera”. Y hay talleres de reparación de objetos, torneos de ajedrez, talleres de reciclaje textil…
Muy cerca, este año el Ayuntamiento de Madrid ha querido apuntarse –aunque de forma meliflua, sin decisión, como si no se lo creyeran del todo– abriendo un espacio en su sede central: en Cibeles, en Centro Centro. Del 3 de julio al 30 de agosto, de martes a domingo, de 10 a 20 h. Ni siquiera se han atrevido a llamarlo refugio climático; lo han bautizado Espacio Cultural Vegetal. A pesar de estar en la sala de Gloria Fuertes, es un espacio bastante triste y desangelado, escondido, al fondo de un pasillo, como si no quisieran darle protagonismo. Ofrece mesas y sillas ergonómicas con ruedas. Y sí que aporta estanterías con libros, sobre todo catálogos de arquitectura y arte contemporáneo, así como lecturas tan apropiadas para una tarde de calor como la poesía completa de Giannuzzi (640 páginas) y los dos tomos de Fortunata y Jacinta, en total, 900 páginas. Esperamos que en 2027 le den una vuelta con más frescura e imaginación.

Mucho más se lo creen en Matadero, también dependiente del Ayuntamiento de Madrid. Lo llaman Un cuarto de estar para la ciudad. En un enorme espacio industrial, abierto de martes a domingo, de 12h a 21h. Ideal para relajarse, con tenues luces de colores y decenas de hamacas y grandes cojines y alfombras para tumbarse y dejarse llevar por un ambiente de tranquilidad. Un gran problema: solo abre en julio. Es su segundo año; en 2025 lo disfrutaron 11.000 personas. Lo explican así, con ese lenguaje pomposo que caracteriza últimamente a algunas propuestas culturales colaborativas: “Intermediae propone la apertura de la Nave Una en un horario extendido. Urgida por la crisis climática y los efectos vinculados a las elevadas temperaturas, la Nave Una volverá a convertirse en un lugar donde estar, protegerse y descansar, además de presentar una variada programación cultural. En este cuarto de estar, la cultura se vivirá como un refugio físico, creativo e intelectual frente a la intemperie”. “Un cuarto de estar, un lugar para la hospitalidad y el encuentro, también donde se desarrollan prácticas culturales artísticas y domésticas, que van desde estar juntas y compartir, el cine, la escritura, la conversación, la escucha… Una propuesta que explora la pregunta por ese lugar entre lo íntimo/privado y lo público, para llevarnos a un espacio de lo común articulado desde lo cultural”.

No me resisto a seguir reproduciendo parte de la explicación: “En esta edición de Un cuarto de estar para la ciudad, toma fuerza la perspectiva de la comunidad y del habitar. ¿Qué comunidades habitan Intermediae y cómo se producen nuevas maneras de habitar y entrelazarse en (un) Cuarto de estar? ¿Qué comunidad es la que habita y se forma en un espacio vegetal cultural? ¿Qué comunidades se forman en torno a situaciones como la escucha, la escritura, el cine o la lectura? ¿Qué ideas de amabilidad y cuidado permiten la hospitalidad y el anfitrionaje en un lugar? ¿Quiénes hacen de anfitrionas, quienes acogen y son acogidas, en una comunidad temporal, en movimiento, rotación y construcción? ¿Qué momentos y situaciones nos unen como colectivo? La búsqueda de un espacio común entre lo público y lo privado, el sonido y la performatividad, la creación y el observar, la acción y el estar, conforman un contexto afectivo que desborda lo espacial. La necesidad de buscar cobijo ante el calor se resignifica como dispositivo cultural capaz de detonar la construcción de comunidades afectivas, temporales y en movimiento (más que estables o autorreferenciales). Esta intuición nos lleva a poner en el centro una espacialidad y temporalidad para que la quietud, el juego, la filosofía, la poesía, el arte, lo imprevisto, lo urbano, la literatura, la oralidad, la música, la narración, los cuentos y el encuentro transformen nuestro yo en ‘nosotros’. Como comunidad que evoluciona dentro de un entramado más-que-humano, entrelazado con el mundo vegetal que habita también el cuarto de estar y forma parte de la comunidad”.
Y este verano ’26 también se ha sumado a la idea el equipo de Infinito Delicias, ese espacio en Arganzuela puesto en marcha el pasado otoño por la Fundación Carasso: en una línea con muchas convergencias de concepto y lenguaje con Matadero: “Infinito Delicias ha sido concebido como un punto de encuentro para la ciudadanía, artistas, fundaciones, asociaciones, empresas, instituciones públicas y startups. Un espacio abierto de pensamiento, debate, experimentación y creación. Un laboratorio para conectar mundos y ensayar nuevas formas de convivir y cooperar. Parte de la convicción de que los grandes retos contemporáneos, ecológicos, sociales y culturales, no pueden abordarse desde una única solución, sino que requieren una pluralidad de iniciativas, prácticas y enfoques complementarios. Por ello, se apuesta por la colaboración, la escucha, la pluralidad y el optimismo como ingredientes esenciales para construir, de forma colectiva, un futuro creativo, regenerativo e ilusionante”.

Han montado su refugio climático y guardería de plantas con ganas y buen gusto, con una estética cuidada y natural, con un punto familiar y acogedor. Durante julio y agosto (de lunes a sábado, de 10h a 20 h; domingos de 10h a 16 h) han convertido su auditorio en refugio climático con hamacas, juegos de mesa, estructuras de madera (seña de identidad del edificio, premiado por su sostenibilidad), y el hall en guardería de plantas, con gran éxito desde la primera semana, todo un luminoso vergel, que da idea de la rápida conexión que ha logrado este centro con el vecindario.