Muchos viajeros buscan algo más que sol y playa para sus vacaciones. Cada vez más, eligen espacios naturales bien conservados, actividades al aire libre, pueblos con identidad y experiencias con menor impacto en el territorio. Este tipo de turismo sostenible está ganando peso en un contexto global de masificación de algunos destinos cada vez menos recomendables. En ese escenario, España ofrece algunos de los mejores ejemplos de ecoturismo de Europa, lugares donde es posible sumergirse en la naturaleza sin renunciar a la cultura, la gastronomía o el descanso. Un modelo cuidadoso que no solo evita la degradación del entorno, sino que contribuye a su conservación.

La lista de lugares a donde ir a descansar disfrutando de verdad del campito es inmensa en un país que cuenta con más de 1.800 espacios naturales protegidos. A continuación, te descubro mis diez eco destinos favoritos, especialmente recomendables para este verano. Son espacios del alma por donde viajar tranquilo con la satisfacción de contribuir a mantener vivos esos paisajes, especies y comunidades rurales que forman parte de nuestro patrimonio natural más querido.
1. Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas
Es el mayor espacio natural protegido de España, con más de 200.000 hectáreas de montañas, bosques y ríos, prácticamente el tamaño de toda la provincia de Vizcaya, pero con 15 veces menos de población. Además, está reconocido como Reserva de la Biosfera por la UNESCO desde 1983. Aquí nacen dos grandes ríos peninsulares, el Guadalquivir y el Segura, y es posible observar cabras montesas, ciervos o rapaces en un entorno de enorme biodiversidad.
El verano es una época ideal para recorrer senderos entre extensos pinares que abrazan preciosos cursos de agua. Descubrir aldeas serranas como Segura de la Sierra, Cazorla, Hornos de Segura, Santiago-Pontones o Siles. También hay refrescantes pozas naturales y embalses como el del Tranco. A diferencia de otros destinos de montaña más conocidos, todavía conserva mucha tranquilidad incluso en temporada alta.

2. Las Merindades
El norte de Burgos es uno de los grandes secretos del turismo de naturaleza español. Las Merindades reúnen infinidad de cascadas, desfiladeros, bosques y espacios naturales de gran valor geológico que harán las delicias del amante de los paseos.
Entre sus principales atractivos destacan el Monumento Natural de Ojo Guareña, uno de los mayores complejos kársticos de Europa, el espectacular salto de agua del Nervión o los enriscados cañones del Ebro. Es un destino especialmente recomendable para quienes buscan temperaturas suaves durante el verano, tranquilidad y buenos alimentos.
3. La Gomera
La segunda isla más pequeña de Canarias es también una de las más sostenibles. Su gran joya es el Parque Nacional de Garajonay, Patrimonio Mundial de la UNESCO, que protege uno de los bosques de laurisilva mejor conservados del planeta.
Su red de senderos supera los 600 kilómetros y permite descubrir barrancos, miradores de infarto y pequeños pueblos donde todavía perviven tradiciones tan sorprendentes como el silbo gomero o la extracción de miel de palma. Su clima suave durante todo el año la convierte en una apuesta segura para escapar del calor extremo. Y después de un pateo por esos bosques de niebla, nada mejor que darse un buen chapuzón en las soleadas playas de Valle Gran Rey.

4. Parque Natural de Arribes del Duero
A lo largo de la frontera entre España y Portugal, el río Duero ha excavado profundos cañones que crean uno de los paisajes más espectaculares y pintorescos de la Península Ibérica.
Los cruceros fluviales permiten contemplar paredes rocosas de más de 300 metros de altura donde nidifican buitres leonados, alimoches y águilas reales. Los numerosos miradores repartidos por la zona ofrecen vistas excepcionales, especialmente al amanecer y al atardecer. Sus injustamente poco conocidos vinos, grandes quesos y fabulosas carnes son otros importantes alicientes a tener en cuenta.
5. Parque Nacional de Cabañeros
Conocido como el «Serengeti español», Cabañeros protege uno de los mejores ejemplos de bosque y monte mediterráneo de Europa.
Las extensas llanuras cubiertas de pastizales (rañas) facilitan la observación de ciervos, jabalíes, águilas imperiales, buitres negros y los siempre inquietos cernícalos primilla. Aunque el otoño coincide con la famosa berrea, el verano ofrece excelentes oportunidades para realizar rutas guiadas y safaris fotográficos con menor afluencia de visitantes. Especialmente interesantes, por lo refrescantes, son las rutas del Chorro, Chorrera Chica y Rocigalgo, agua y naturaleza en estado puro.
6. Parque Nacional de Monfragüe
Pocos lugares concentran tantas aves rapaces en tan poco espacio. Monfragüe es uno de los mejores destinos europeos para la observación de fauna salvaje.
Desde el Salto del Gitano pueden contemplarse buitres leonados, cigüeñas negras y águilas imperiales prácticamente a simple vista, aunque mucho mejor si llevas unos prismáticos. Sus carreteras panorámicas, senderos accesibles y observatorios hacen posible disfrutar de la naturaleza sin necesidad de realizar grandes esfuerzos físicos. Cuenta además con excelentes guías que nos ayudarán a disfrutar con los cinco sentidos de tan serranos espacios, con el aliciente de su cercanía a ciudades patrimonio como Trujillo o Cáceres.

7. Parque Natural del Delta del Ebro
El mayor humedal de Cataluña es un paraíso para los aficionados a las aves y la fotografía de naturaleza.
Flamencos, garzas, charranes y cientos de especies migratorias utilizan este mosaico de lagunas, marismas, arrozales y arenales como zona de descanso o reproducción. Las rutas en bicicleta son una de las mejores formas de recorrer un territorio prácticamente llano y muy bien acondicionado para el ecoturismo. Sus inmensas playas abiertas al Mediterráneo no son un atractivo menor, como tampoco lo es una extraordinaria oferta gastronómica donde el arroz es el rey.
8. Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Es puro Pirineo. Sus profundos valles glaciares, cascadas y bosques convierten a Ordesa en una referencia internacional del senderismo. Además de los itinerarios más populares como la senda de la Cola de Caballo, el parque esconde rincones mucho menos frecuentados. El valle de Bujaruelo, los cañones de Añisclo y Escuaín, el valle de Pineta o los ibones de Marboré invitan a descubrir la vertiente más salvaje y menos masificada de uno de los parques nacionales más emblemáticos de España.
El verano permite acceder a la mayoría de las rutas de montaña, con praderas cuajadas de flores, y disfrutar de temperaturas agradables incluso durante las olas de calor que afectan a otras regiones españolas.
9. Ribeira Sacra
Entre las provincias de Lugo y Ourense, la Ribeira Sacra se extiende por los profundos cañones excavados por los ríos Sil y Miño. Sus laderas albergan viñedos cultivados desde hace siglos en terrazas imposibles, un paisaje conocido como viticultura heroica que aspira a ser reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los miradores de Cabezoas, Vilouxe o Balcones de Madrid ofrecen algunas de las vistas más espectaculares del noroeste ibérico, mientras que los paseos en barca ayudan a descubrir los cañones desde el agua, navegando entre sus paredes verticales.
Más allá de los lugares famosos, merece la pena recorrer pequeños monasterios medievales escondidos entre bosques de castaños y robles, como Santo Estevo de Ribas de Sil o Santa Cristina de Ribas de Sil, y explorar senderos poco transitados que conectan aldeas tradicionales en un territorio donde naturaleza, patrimonio y gastronomía forman un conjunto difícil de encontrar en otros destinos europeos.

10. Parque Natural de Somiedo
Reserva de la Biosfera desde el año 2000, Somiedo representa una de las mejores expresiones de la montaña cantábrica, cuyos bien conservados bosques de hayas y robles ofrecen un paisaje verde, muy fresquito, incluso en pleno verano.
Destacan sus lagos de origen glaciar, como el del Valle o el conjunto de Saliencia, accesibles a pie por rutas bien señalizadas que atraviesan praderas de altura adornadas de flores y mariposas. También son muy características las brañas somedanas, antiguos conjuntos de cabañas de teito de escoba o piedra donde se practicaba la ganadería estacional y que hoy forman uno de los paisajes etnográficos mejor conservados de la cordillera. Además, es uno de los territorios donde todavía vive el oso pardo cantábrico, aunque observarlo requiere de paciencia y mucha suerte.